Testimonios

Brille sobre él la Luz Perpetua

2009-12-07

Cuando Juan Pablo II empezó a escribir Redemptor hominis, no concebía su primera encíclica como...

Autor: P. Jesús Martí Ballester

Un resumen de la vida del Papa Juan Pablo II.

El 1 de abril, viernes, nos decía la radio, la prensa y la televisión, que ayer, jueves a las 7 de la tarde, habían administrado la Santa Unción al Papa. El día entero estamos pendientes de él. Ese día, viernes, concelebrada la misa a las 6, pidió más tarde que le leyeran las catorce estaciones del Vía-Crucis, según su costumbre piadosa. Se santigua al final de cada estación. Después, que le lean pasajes de la Sagrada Escritura. Siguen los partes médicos, cada vez más emocionados, de Navarro Valls. Pienso: la Virgen se llevará al Papa mañana sábado primero de mes, como lo ha prometido por partida doble, la Virgen, en su advocación del Carmen y el Inmaculado Corazón de María en los primeros sábados de mes.

La Virgen del Carmen promete llevar al cielo a sus devotos que mueran con su escapulario y la misma promesa la hace en Fátima a Sor Lucía, a quienes practiquen los primeros sábados de mes. Juan Pablo II lleva el escapulario del Carmen desde adolescente, como Terciario Carmelita. Y su devoción a la Virgen de Fátima es notoria, pues tras el atentado, confesó que una mano disparó la bala y otra mano desvió el trayecto. Allí dejó, incrustada en la corona, la bala del milagro. Además, él es “Totus tuus”.

DIVINA MISERICORDIA

Al comenzar a escribir la homilía del Segundo Domingo de Pascua y recitar las primeras vísperas de la Divina Misericordia, en la tarde amarga del sábado, y prolongarse la agonía, con la angustia con que vivimos estas largas horas atentos a las noticias, pienso que va a prevalecer la Misericordia a la promesa de la Virgen. Pero, ¡maravillas de la Virgen con su hijo fiel y querido, “Totus tuus”, Dios anuda en caricia maternal y signo de predestinación, la promesa de la Virgen del Carmen y la fiesta de la Misericordia, instaurada por Juan Pablo II, que de joven conoció, trató y comprendió a Faustina Kowadska, hoy Santa Faustina, canonizada por él, cuando, no sólo era incomprendida, sino aislada, perseguida y humillada.

Las revelaciones a Santa Faustina sobre la Divina Misericordia, marcaron tanto como San Juan de la Cruz y Santa Teresa al jovencísimo Karol Wojtyla. Según el Papa no se puede comprender al hombre sino desde Cristo, “Cristo revela el hombre al hombre”. Sor Faustina había escrito en su diario, en mayo de 1938: “Cuando estuve rezando por Polonia, yo oí estas palabras: ‘He amado a Polonia de modo especial y si obedece mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad. De ella saldrá una chispa que preparará el mundo para mi última venida’. Ni Faustina ni Karol comprendían que esas palabras misteriosas le profetizaban como Papa. El joven Wojtyla comprendió a Faustina porque se esforzaba por aprender y conocer a Cristo. Los que no comprenden a Juan Pablo ahí pueden encontrar la razón de su incomprensión. En una rueda de prensa televisada donde alguien confiesa negar que el sufrimiento y el dolor sean cristianos, se quedó sin palabras cuando uno de los contertulios le citó el capítulo 52 de Isaías. Lo que había sido el Padre De la Colombiere para Santa Margarita en Paray –le-Monial, será el Cardenal y Papa Wojtyla para Sor Faustina.

SOR FAUSTINA

Entre los años 1959 y 1978, las revelaciones de Sor Faustina, que habían sido mal traducidas, permanecieron prohibidas por el Santo Oficio y la Congregación de la Fe. Nombrado Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla, ordenó el estudio teológico de los documentos originales del diario de Sor Faustina, estudio que duró diez años, al padre Ignacy Rózycki, antiguo profesor de Karol Wojtyla, y director de su tesis sobre Max Scheler. Resultado del estudio fue que el 15 de abril de 1978, la Santa Sede autorizó las revelaciones. Había sido fruto de la intervención del entonces Cardenal de Cracovia, Karol Wojtyla, tan sólo seis meses antes de ser elegido Papa Juan Pablo II. Tres años después, el 22 de septiembre de 1981, el Papa Juan Pablo II dijo en el Santuario del Amor Misericordioso, en Collevalenza, Italia: “Desde el principio de mi Pontificado he considerado este mensaje como mi cometido especial. La Providencia me lo ha asignado".

El 30 de abril del año 2000, al canonizar a la beata Sor María Faustina Kowalska, el Papa Juan Pablo II concluyó un proceso que él mismo había iniciado en 1965, como joven Arzobispo de Kracovia. El fue, el que, en 1967, ya nombrado Cardenal, clausuró el proceso informativo diocesano, y en 1993, ya como Papa Juan Pablo II, la beatificó y la canonizó. Como Jesús debió soportar no sólo los ultrajes de los romanos sino también la traición y el abandono de los suyos, muchos profetas, santos y místicos de diversas épocas tuvieron que afrontar los ataques, persecuciones y el hostigamiento de amigos, compañeros, hermanos y superiores, aun dentro de la misma Iglesia. Dios reveló anticipadamente a Santa Faustina todo lo que tendría que sufrir como “Secretaria y Apóstol de la Divina Misericordia", por acusaciones falsas, pérdida de credibilidad y el sufrimiento físico por los dolores de la Pasión de Cristo que, durante la Cuaresma de 1933, experimentó invisiblemente, dato conocido únicamente por su confesor y relatado en sus escritos: “Un día durante la oración, vi una gran luz y de esta luz salían rayos que me envolvían completamente. De pronto sentí un dolor muy agudo en mis manos, en mis pies, y en mi costado, y sentí el dolor de la corona de espinas”.

Todo fue causa de desconfianza, burla y desprecio de su congregación y de algunas autoridades de la Iglesia: “Al darme cuenta de que no obtenía ninguna tranquilidad de las Superioras, decidí no hablar más de esas cosas interiores. “Durante mucho tiempo fui considerada como poseída por el espíritu maligno y me miraban con lástima, y la Superiora tomó precauciones respecto a mí. Llegaba a mis oídos que las hermanas me miraban como si yo fuera así". “Hasta aquí se pudo soportar todo. Pero cuando el Señor me pidió que pintara esta imagen, entonces, de verdad, empezaron a hablar y a mirarme como a una histérica y una exaltada, y eso empezó a propagarse aún más. Una de las hermanas vino para hablar conmigo en privado. Y se puso a compadecerme" (Diario 125).

“Un día, una de las Madres se enojó tanto conmigo y me humilló tanto, que pensé que no lo soportaría. Me dijo: Extravagante, histérica, visionaria, vete de mi habitación, no quiero conocerte. Todo lo que pudo cayó sobre mi cabeza" (Diario 129) “Una vez, me llamó una de las Madres de mayor edad y de un cielo sereno empezaron a caer truenos de fuego, de tal modo que ni siquiera sabía de qué se trataba. Me dijo: ‘Quítese de la cabeza, hermana, que el Señor Jesús trate con usted tan familiarmente, con una persona tan mísera, tan imperfecta. El Señor Jesús trata solamente con las almas santas, recuérdelo bien´ " (Diario133). Se la condenó a una especie de cautiverio, para mantener a la religiosa en constante vigilancia y observación.

“Veo que soy vigilada en todas partes como un ladrón: en la capilla, cuando hago mis deberes, en la celda. Ahora sé que además de la presencia de Dios tengo siempre la presencia humana; a veces esta presencia humana me molesta mucho. Hubo momentos en que reflexionaba si desvestirme o no para lavarme. De verdad, mi pobre cama también fue controlada muchas veces. Una hermana me dijo que cada noche me miraba en la celda." (Diario128).

REDEMPTOR HOMINIS

Cuando Juan Pablo II empezó a escribir Redemptor hominis, no concebía su primera encíclica como panel inicial de un tríptico trinitario, como una reflexión sobre el misterio de la Santísima Trinidad. Su gran impulso era que el humanismo centrado en Cristo fuera el tema conductor de su pontificado, y así quiso anunciarlo a la Iglesia y al mundo. La Reflexión sobre la dignidad de la persona humana redimida por Cristo le condujo a la meditación del Dios, Rico en Misericordia, que ha enviado a su Hijo como Redentor de los hombres; y al Espíritu Santo, enviado por el Padre y el Hijo para proseguir la obra redentora y santificadora de Cristo resucitado. Con lo que el crecimiento lógico de la Redemptor Hominis dio origen a dos encíclicas más, Dives in misericordia, sobre Dios Padre, y a la Dominum et vivificantem, sobre Dios Espíritu Santo. La Dives in misericordia, la encíclica de mayor intensidad teológica entre todas las de Juan Pablo, refleja dos dimensiones personales de su vida espiritual. Kracovia había sido elegida para renovar la teología católica sobre la misericordia de Dios, conducente a la renovación de la vida espiritual.

La Divina Misericordia del Padre, que envió al Redentor del hombre al mundo para renovarlo por el Espíritu Santo, Dominum et Vivificantem, y regaló a la Iglesia para la humanidad a un Papa grande y humilde, padre y misericordioso, le puso en los labios las conocidas frases con que abrió su servicio pontifical: ¡”No tengáis miedo”! ¡Abrid las puertas a Cristo de par en par”! Eran las mismas expresiones que dirigía a Santa Faustina Kowaska.

El 2 de abril, sábado carmelitano y de Fátima, habrá abierto las puertas de su Corazón y el de María para dar el descanso y los consuelos del cielo, a su fiel apóstol, a su hijo Juan Pablo II, y le habrá limpiado el polvo de sus sandalias que llevaba de todos los caminos de la tierra, de donde no sólo recibió gratitud y consuelos, sino también contradicción de personas interesadas a veces, o incapaces de medir y calibrar la grandeza de un gigante. No le han podido comprender porque le han mirado con ojos de tierra y no con los de Cristo. Con esos ojos, sí, le ha mirado el pueblo sencillo, que le está tributando una apoteosis gloriosa y colosal y universal: Los infatuados recalcitrantes, los que morirán con su pecado de soberbia, los que se han erigido en maestros sin competencia, los que le quisieron bajar de la cruz, los que le aplicaron baremos que se rompen ante su magna talla, barbotan: - “¡Maestro, hazlos callar!”.- “¿No sabéis que de los labios de los pequeños brota la alabanza”?- “Si ellos callan, hablarán las piedras”. Y los jóvenes son los últimos que le han aclamado en la plaza de San Pedro, y en la de Colón… Los jóvenes, los que tienen una nata intuición para discernir entre los hipócritas y los auténticos y coherentes, ellos son los que más huérfanos se sienten. Y ellos han merecido las últimas palabras del coloso agonizante: “Os he buscado y habéis venido”. “Por eso os doy las gracias”.

El pueblo le aclama y llora, llega y reza y duerme en la calle. La colas para verle por última vez fugazmente unos minutos se prolongan kilómetros. Tardarán 13,14, 20 horas en llegar a San Pedro. Quieren ver al Papa yacente, después de un viaje en autobús o en tren de hasta veinte horas. Se asoma la noche desapacible; en el Puente de Sant’Angelo, las divisiones del Papa vivaquean y extienden sus sacos de dormir; miles de lámparas prenden su luz diminuta. En los corros de jóvenes ha empezado a brotar un murmullo rezando el rosario en un babel de lenguas y de cantos.

El párroco en Wadowice, pueblo de Karol Wojtyla, reparte botellas de agua y mantas, aunque el alma polaca no necesita abrigos para irradiar calidez. No faltan españoles entre la multitud desvelada. Un río humano pugna por romper las esclusas y desembocar en la Plaza de San Pedro. A través de pantallas gigantes de televisión, la multitud atisba las pancartas que se hinchan con el viento de la mañana repitiendo el mismo mensaje perentorio: “Santo subito”, que se convierte en el grito más coreado en las dos horas largas que dura la ceremonia, primero como un disparo seco, después aprovechando las pausas que el cardenal Ratzinger introduce en su homilía y antes de la bendición final, el grito se hace salmodia y letanía y marea insistente: “¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!”. El, tan empeñado en la santidad propia y de la toda la Iglesia, que le respondió a una señora,que inquieta por su esfuerzo y salud, le dijo compasiva y cariñosa: " Santo Padre, estoy muy preocupada por Su Santidad" - también yo estoy preocupado por mi santidad"...

El viento agita las páginas del Evangeliario sobre Juan Pablo dormido. 200 representaciones de Jefes de Estado y Mandatarios y las diversas religiones de la tierra se han hecho presentes en sus líderes. Sus esfuerzos por la unidad de los hombres se ven recompensados. Su siembra esforzada está mostrando los primeros racimos, las primeras espigas. ¡Cuántas lágrimas encerradas en ese odre! ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero de alegría que anuncia la paz! (Is 52, 7). En la austeridad de su féretro y en la sencillez de su testamento se refleja su rostro auténtico y evangélico, el resumen del mensaje de las bienaventuranzas que esparció por el mundo entero. Las pancartas difunden más y más el clamor: ¡Santo súbito! Las voces enronquecen: ¡Santo, Santo, Santo! Más de cien Cardenales ya han presentado un documento solicitando lo mismo, haciéndose cargo de la multitud que grita. “Vox populi, vox Dei”.

Las almas están ya experimentando su ayuda. ¡Juan Pablo, amigo, el mundo está contigo! ¿Disonancias? ¿No las encontró su Maestro? Si a Mí me han perseguido, a vosotros también os perseguirán. Cuanto más fielmente se refleja la imagen de Cristo más virulentas se alzan las voces; pero la mezquidad testimonia mejor la autenticidad y abona más cálidamente la oceánica siembra y augura la nueva primavera de los siglos que llegan, la futura cosecha, dónde tallos, cuántas yemas…”Donde no hay amor ponga amor y sacará amor”, sentenció su gran maestro, San Juan de la Cruz. “Los que siembran con lágrimas, cosechan entre cantares”, reza el salmo. Juan Pablo sembró amor a voleo cruzando montes y mares y fronteras y está recibiendo millones de espigas granadas; amó mucho y está recibiendo mucho amor.

Cansado llega, Señor, ¡déjalo ya descansar!.



EEM