Mensajería

Valor de un médico en la obra de Dios

2011-01-03

Amigos, Yo no sé que me depare la Vida, Yo no sé que me depare el destino, pero hasta que se apague...

Fuente: encuentra.com

Soy el Médico Miguel Palacios Celi y al igual que cientos de colegas, tal vez miles, hemos cruzado en algún momento la frontera y nos hemos convertido en pacientes de enfermedades mayúsculas, el destino, ha querido darme, en el nivel fortuito que me corresponde, el privilegio de compartir este testimonio, lo cual agradezco.

Esta historia empieza hace algunos años, cuando conducía mi auto, un domingo de junio, fui embestido por un coche conducido por jóvenes ebrios, que impactaron mi vehículo con tal violencia, que en el acto mataron a mi pequeña hija, que viajaba conmigo; inconsciente y poli traumatizado, fui auxiliado por generosos chóferes que me evacuaron al hospital, donde justamente, yo trabajaba como Ginecólogo Obstetra.

Cuando los cirujanos abrieron mi abdomen, encontraron 2 litros de sangre libre en cavidad, tenía 3 gr. de hemoglobina, había estallado el bazo, había múltiples laceraciones en hígado, Páncreas, Intestino, el epiplón y el mesenterio sangraban desgarrados, tenía fracturas conminutas sangrantes y con pérdida de sustancia en fémur y metacarpo; los colegas necesitaron para reconstruirme 3 laparotomías, una reducción cruenta, además de injertos óseos y placas de platino, me transfundieron 12 (doce) unidades de sangre.

Soporté muchas complicaciones, bronconeumonía por aspiración, sepsis, insuficiencia renal, agonicé y resucité en cada uno de los tres paros cardiacos que soporté, recibí los Santos Óleos, bajé a los infiernos y conocí al mismo diablo, sobreviví soñando que ya no podía haber, peor sufrimiento que el que habíamos pasado, el Presidente del Cuerpo Médico dijo ¡Solo un Milagro podía salvarlo y se salvó!

Me distinguieron como héroe, 45 días después salí de Alta, en una silla de ruedas, ante el aplauso de mis colegas, había perdido 15 kilos, 5 meses después, mi mujer me devolvió mi blanco guardapolvo de médico, me dio un beso y lleno de dolorosas cicatrices físicas y en el alma, me reintegré a seguir ejerciendo con éxito la medicina.

20 años después, mientras conversábamos en casa, tocaron a la puerta, cuando abrí, estaba parado frente a nosotros, con una amplia sonrisa un hepatocarcinoma con abundante desmoplasia. Vengo por ti, me dijo y se quedó con nosotros.

Durante todos estos 20 años, sin que me dé cuenta, millones de icosaedros virones ARN, habían echo leña al hígado, lo había llenado de fibrosis y cicatrices, los minúsculos seres, entraron a mi sangre con las Transfusiones sanguíneas que recibí durante el accidente... ¡Era un contagio!

No lo podíamos creer, devolví el guardapolvo blanco a mi esposa y dijimos... Señor, ¿de donde sacas tanta tristeza y tanto dolor?... el Señor no respondió.

Y durante los 2 años siguientes, con sus días y largas noches, llenas de dolor y sufrimiento, en medio del espanto y la ansiedad, recorrimos los pasadizos de clínicas y hospitales, al final me dijeron Colega ¡Sólo un Trasplante, puede salvarte!... ¿Un trasplante?, bueno, casi nada - dijimos-, hicimos la cola en la Lista de Espera de Trasplante Hepático del Hospital, poco a poco entre consulta y consulta, entre exámenes y exámenes, se agravaban las molestias, soporté biopsias, radio ablación, endoscopías, ligadura de várices esofágicas, dietas, restricciones, hematemesis y melena.

Perdí 15 kilos de peso, la piel se tornó ictérica las mucosas también, insomnios, cansancio y fatiga me consumían, uno, dos y hasta tres intentos fallidos de trasplante, el valor y el coraje ya no daban para tanto, hasta que las transaminasas se cansaron de esperar, las albúminas también, la bilirrubina elevó sus niveles y la vena mesentérica agresiva, acosaba al encéfalo... el despertar vivo era ya, un milagro.

El 15 de Octubre del 2008, mi valiente esposa, llevó lo que quedaba de mí, al Hospital Almenara, un fallo hepático se estaba instalando, en emergencia me acostaron en una camilla, para que muera dignamente, rodeado solamente de mi mujer y mis hijos, mis colegas alrededor repetían... ¡Solo un trasplante! ¡Solo un trasplante!

Y a las 2 de la madrugada, mientras agonizaba, se acerca un hombre maduro, pelo entrecano y barba crecida, presuroso, casi corriendo, acompañado de otro hombre más joven que más parecía Sacerdote, lucían cansados, tensos, me miró, puso su mano en mi hombro y me dijo... "Te tocó Palacios, tenemos un Hígado"... y dirigiéndose al personal gritó ¡Súbanlo a Sala de Operaciones! Y me subieron...

¡Era el Dr. José Carlos Chaman Ortiz, Jefe del Departamento de Trasplantes, y el Hepatólogo Pedro Martín Padilla... esa noche al mando de una élite de cirujanos, osados y valientes, abrieron una larga incisión en mi abdomen, removieron y extirparon entre aplausos el hígado canceroso e implantaron el hígado sano, fuerte e impoluto de un joven de 28 años, muerto en accidente y que su familia tuvo la grandeza de aceptar la Donación Generosa y Gratuita de sus órganos, y tras 15 horas de operación volví a la Vida en las manos de cirujanos que se dejaron guiar por Dios para vencer a la muerte, en medio de tensiones y adrenalina.

A los 2 meses y medio, mi esposa, me devuelve mi viejo y querido guardapolvo blanco, me da un beso y me piropea diciendo "Bienvenido valiente luchador" y aquí estoy de vuelta a la Vida, en medio de mitos y leyendas, lleno de cicatrices y misterios, indefenso, inmuno suprimido, pero con el Corazón lleno aún, de flores rojas para compartir.

Colegas

Las experiencias vividas me han enseñado que los pacientes quieren que el Médico los salude, los escuche, le mire a los ojos, ponga su mano en el hombro, haga lo correcto, prescriba lo justo y los consuele, los pacientes quieren del Médico... ¡El Encanto de su Ciencia, la Magia de su Arte y el hechizo de su Verbo!

Amigos, Yo no sé que me depare la Vida, Yo no sé que me depare el destino, pero hasta que se apague mi voz, seré siempre un vivo testimonio de la Inmensidad de Dios y de la Grandeza de la Medicina y sus Médicos.

Envió: Eduardo Yuptón Carrasco.

REFLEXIÓN:

"Nunca es tarde cuando Dios Quiere".



EEM