Diagnóstico Económico

"Las cosas no están tan mal, pero tampoco tan bien"

2013-10-06

“Lo que fue diferente esta vez es que no hubo crisis originada en la periferia, incluida América...

Por: Alejandro Rebossio, El País

El economista brasileño Franklin Serrano es uno de los referentes de la izquierda latinoamericana en su profesión. Discípulo de su colega italiano Piero Sraffa, doctor en Cambridge (Reino Unido) e investigador en la Universidad Federal de Río de Janeiro, Serrano expuso el mes pasado en el congreso anual de la Asociación de Economía para el Desarrollo de Argentina (AEDA), que se celebró en Buenos Aires. En una mesa redonda titulada América Latina: objetivos comunes, herramientas distintas, Serrano expuso su visión de la economía regional.
 
“No solo en América Latina sino en muchos países en desarrollo hubo un gran cambio en los años 2000, especialmente después de 2002 y 2003”, comentó Serrano. “Ese cambio tuvo muchas características específicas, pero el punto en común fue que hubo reacciones nacionales diferentes después del fracaso de media década perdida entre la crisis de México (1994) y la de Argentina (2001). Particularmente el efecto de la crisis de Asia fue muy fuerte porque las asiáticas eran unas economías que supuestamente estaban bien preparadas para lidiar con un mundo de libre circulación del capital y de globalización de la producción. Esos mismos países asiáticos tuvieron una crisis a finales de los 90. Eso y las políticas implementadas luego de esa crisis acabaron generando reacciones de la sociedad. Sin embargo, cuando a principios de los 2000 la economía china comenzó a crecer un poco más hacia su mercado interno y otros países asiáticos también, las importaciones de esas economías comenzaron a estimular bastante el crecimiento de la periferia, a mejorar los términos del intercambio de países exportadores de minerales, como muchos países de Sudamérica”, describió el profesor brasileño.

“Esto fue muy diferente a otras épocas posteriores a crisis”, advirtió Serrano. “En épocas anteriores llegaban gobiernos progresistas en Sudamérica, pero tenían que administrar la crisis. Fue distinto para estos gobiernos de los 2000. ¿Por qué los tipos de interés están muy bajos en EE UU? Por motivos puramente ligados a la economía norteamericana. ¿Por qué las economías asiáticas están creciendo mucho e importando muchas materias primas? Súbitamente es la primera vez que los gobiernos de izquierda pueden hacer mejoras inmediatas para la población, y no fijarse en los estragos dejados por la crisis anterior. Solo hay que comparar la difícil situación del Gobierno de (José) Sarney (1985-1990) en Brasil o de (Raúl) Alfonsín (1983-1989) en Argentina después de la crisis de la deuda externa (1982), que no fue generada por ellos sino que venía de antes, con los Gobierno de (Luiz Inácio) Lula (da Silva, 2003-2011) y (Néstor) Kirchner (2003-2007), que vivieron una situación mucho mejor. Tenían sus problemas, pero la situación externa era mejor. Entonces el elemento común es un ambiente externo relativamente favorable, pero los ambientes relativamente favorables llevaban en otras épocas a un ciclo rápido de crecimiento y mejoría de varios países que se seguían de crisis. Varias veces las cosas mejoraron, pero al final no pasó nada”, recordó Serrano, que expuso en el mismo panel que su colega Luis Bértola, de la Universidad de la República, de Uruguay, y el secretario de Ciencia de Ecuador, René Ramírez Gallegos.

“Lo que fue diferente esta vez es que no hubo crisis originada en la periferia, incluida América del Sur”, señaló Serrano. “Esto tiene que ver, no con elementos comunes externos, sino con una cierta semejanza de reacciones de políticas económicas. Casi todos los países, con matices diferentes, o pagaron anticipadamente su deuda externa o la renegociaron o no la pagaron, pero hicieron posible la no dependencia de los organismos financieros internacionales. Casi todos los países dirigieron algunas de esos ingresos fiscales de la apreciación de las materias primas hacia el gasto social y la mejora de la distribución de la renta. Casi todos estimularon más o menos el mercado interno. Muchos hicieron políticas de expansión del salario mínimo. Hubo en común un intento de los gobiernos de tomar responsabilidades por el propio crecimiento. Pero más importante han sido las mejores políticas de reacción, control y administración de la balanza de pagos. No acumularon muchas reservas, no se comprometieron con una tasa de cambio fija, hicieron varias intervenciones para evitar una salida brusca de capitales o una entrada muy descontrolada que desestabilice mucho el tipo de cambio. Fueron políticas no combinadas, sin una teoría, diferentes, pero tuvieron tanto éxito que el conjunto de los países hoy en día presentan indicadores de riesgo externo menores que los activos financieros más arriesgados de EE UU. Es la primera vez que esto acontece”, destacó Serrano.

“Hubo muchos elementos comunes externos e internos, pero lo que fue muy diferente fue el grado de radicalidad con el que fue posible hacer las políticas”, distinguió el economista brasileño. “Naturalmente, gobiernos más populares y de izquierda, como los Venezuela, Ecuador o Bolivia, tuvieron facilidades para un grado de intervencionismo y de control social de la política económica que no tuvieron Brasil y, en cierta forma, Argentina, que no tuvieron otra que ser más moderados. La dirección es la misma, se diferencian en la radicalidad. Lo que me preocupa mucho es que en estos países en los que las políticas fueron más moderadas las cosas fueron bien porque las condiciones externas eran muy buenas. Ahora no están tan malas como dicen, pero no están tan buenas. Desafortunadamente en Brasil y en Argentina también, aunque es un poco diferente, la tendencia de seguir meramente la onda favorable para no generar más conflictos internos está agotándose. El grado de conflictos en Brasil está aumentando mucho, como los conflictos distributivos. A la brevedad Brasil se parecerá más a Argentina tanto en lo bueno como en lo malo”, pronosticó Serrano.



EEM

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