Pan y Circo

Cepillo providencial

2015-01-29

Fue un cierre hecho a tiempo, conforme a itinerario, un día después del desahogo por los cuatro...

Julio Hernández López, La Jornada

Iluminado de pronto por un providencial Cepillo (traído sugerentemente a escena apenas unos días atrás), cuyas declaraciones naturalmente bajo sospecha de llevar la marca Tehuacán fueron convertidas en argumento sustituto de los dictámenes de Innsbruck que en su primermundismo inadaptado nada pudieron esclarecer científicamente a partir de cenizas preparadas para ser inescrutables, el Fabulador General de la República (FGR, de iniciales JMK) cerró triunfal el ciclo narrativo que en su momento propuso lo que semanas de suspenso dosificado fueron "confirmando" programadamente: la tesis inicial de los malvados poderes solamente locales (el presidente municipal y su esposa, los directores policiacos pueblerinos, los jefecillos nativos del crimen organizado, pero sólo ellos, sin asomo alguno de factores federales, mucho menos militares), la sugerente infiltración de agentes del narcotráfico (Los Rojos, no alguna corporación oficial) entre los normalistas ingenuos o manipulables (o las dos cosas y más, conforme las acomodables averiguaciones previas luego lo indiquen), la elaborada faena homicida y pirotécnica de un cártel de presunta unidad guerrera usualmente desentendido e ignorante de las improbables exigencias doctorales de desaparecer a cielo abierto y en aguas cercanas no solamente cuerpos sino especialmente indicios y, al final, el resplandor indudable de la verdad, la justicia, la ley y otros alias incluidos en declaraciones, pruebas y dictámenes periciales que acabarían demostrando la tarde de ayer que el gobierno de la República (iniciales con mayúscula para demostrar gráficamente la grandeza de las instituciones, tan a salvo de cualquier suspicacia) ha hecho un esfuerzo extremo hasta llegar a la verdad calificable ahora sí de "histórica", procesalmente consignable, pero sólo por delitos que no afecten más que a los niveles igualtecos y cuando mucho coculenses.

Fue un cierre hecho a tiempo, conforme a itinerario, un día después del desahogo por los cuatro meses de la desaparición que los estrategas oficiales consideran que irá bajando de intensidad, justo entre las escaramuzas electorales que ayudarán a distraer la atención del respetable público y con signos puntuales de que el peñismo pretende "poner orden" a partir de que el caso Ayotzinapa ha sido declarado cerrado en cuanto a investigaciones (aunque el escrupuloso Murillo Karam advirtió que podrían faltar algunos ingredientes por indagar y algunas detenciones por realizar, luego que en primera respuesta hubiera aceptado que sí considera cerrada esta fase judicial).

A partir de la fecha, toda protesta (individual o social) deberá ser presentada por escrito, con suficientes copias, sellos y argumentos formales para solicitar su integración al expediente del caso, sometiéndose obviamente a ese largo y silencioso curso institucional, pues el tema ya no estará a discusión, precisados por las respetables autoridades los hechos, los autores y el móvil, en espera ya nada más de que la incorruptible justicia mexicana se abra paso con sentido ejemplar para demostrar que esos hechos son castigados y que no se volverán a repetir.

El nuevo manual para promover al Ciudadano Bien Portado fue incluso presentado en una cuidada edición videográfica, con modulada y comprensiva voz de locutor profesional, música coadyuvante (sin coreografías ni aplausos grabados, por respeto), escenarios simulados, espectaculares tomas del basurero tan hondo y sin casas en las cercanías que obviamente nadie podría ver columnas de humo ni percibir olores de muerte, suplementos científicos varios, breviarios de dictámenes y malabares forenses nacionales y una explicación muy detallada de la Verdad Histórica (declamada ayer por el fabulador Murillo y el jefe policiaco Tomás Zerón) que los mexicanos sabían pero temían no encontrar en video.

La consagración del guionista Murillo Karam tuvo como antecedente la reincidencia del lic. Enrique Peña Nieto en su gustada rutina del "Supérenlo ya". Compungido por los graves sucesos que se esmeró en precisar que correspondían a niveles meramente municipales, proclamó que este "instante", este "momento" de la historia nacional "no puede dejarnos atrapados, no podemos quedarnos ahí". Convencido de que su gobierno ha hecho "un esfuerzo sin precedente de búsqueda e investigación" (del cual Murillo Karam hablaría más adelante y en otro escenario), aceptó compungido que "tenemos que asumir el derrotero de seguir caminando para asegurar que México tenga un mejor porvenir". Pues sí. Ni modo. Ya qué.

El cierre de la investigación y su consecuente pretensión de rencauzar el tema hacia el ámbito procesal jurídico buscan dar sustento a la intención peñista de actuar con firmeza contra las múltiples expresiones de descontento contra su gobierno y específicamente contra la manera en que se ha tratado el caso Ayotzinapa. El ocupante de Los Pinos busca apoyos declarativos y mediáticos, con figuras que respalden la tesis de que ya es hora de meter orden y que no debe enfatizarse la tragedia de Iguala (siempre colaborador, el rector José Narro se permitió la solidaridad retórica de parafrasear a EPN, al decir, o repetir, que "no debemos quedar atrapados en este momento de la historia". Cualquier coincidencia es pura similitud). Horas antes de los discursos en un acto educativo, y de la conferencia de prensa de Murillo y Zerón, la Policía Federal había impedido, por primera vez desde hace cuatro meses, que encapuchados tomaran una caseta de peaje en Palo Blanco, Guerrero. Distintas voces entendieron los varios signos del martes del carpetazo como anuncio de que Peña Nieto al fin va a actuar contra quienes a su entender subvierten el orden público.

Y, mientras el PRI tiene desmemoria y descaro al proponer como candidata a gobernadora de Sonora a la beltronista Claudia Pavlovich, la actual senadora que apoyó abiertamente a los dueños de la guardería ABC de Hermosillo.



EEM