Calamidades

Los nuevos cárteles

2015-05-19

Los cárteles adolescentes que juegan al negocio nacional han abrevado en la diaria contemplación y...

Julio Hernández López, La Jornada

Es una vertiente joven, un retoño del horror nacional. Un compendio estremecedor de la realidad cotidiana de un país que ha llegado a graves extremos de descomposición. La reproducción en las nuevas generaciones (y, por tanto, con larga garantía de continuidad, la cultura criminal ya triunfante, venidera desde décadas atrás, perdurable cuando menos otras tantas) de las peores conductas promovidas y permitidas en el México del desastre ya institucionalizado. Adolescentes que juegan al secuestro, a la tortura, a la ejecución y a la inhumación clandestina. Un pequeño de seis años asesinado por una niña del doble de edad, con la participación de otros cuatro de edades cuyo tope son los 15. Jugar a la realidad. Reproducir lo que se ve. Los mexicanos que enseñamos a nuestros hijos y jóvenes con el ejemplo. Fue en Chihuahua, como lo podría ser, lo ha sido, lo seguirá siendo, en cualquier otra parte de México.

Los cárteles adolescentes que juegan al negocio nacional han abrevado en la diaria contemplación y exaltación del fraude (el electoral, el gubernamental, el empresarial, entre otros), la transgresión de la legalidad (el que no transa, no avanza), la impunidad (legiones de políticos y funcionarios –y sus familias– robando a manos llenas y luego pronunciando discursos cínicos de autoexculpación o yéndose tranquilos a sus casas cuando son descubiertos, previo pago de multas ínfimas), el influyentismo y la pillería en todos los niveles.

El “futuro del país” educado en las narcofosas, la violación abierta y sin castigo de los derechos humanos, el cobro de piso, la tortura tan hipócritamente negada por los gobernantes, la fosa común, la estética del destazamiento o los colgados, la glorificación cantada de la delincuencia (el Komander y similares recorriendo el país como juglares de la bazuca en la nuca, con fuerzas federales en abierta protección de sus “conciertos” y gobernadores y presidentes municipales promoviéndolos alegremente), la “mierdita” de los partidos (como lo dijo Elena Poniatowska) dedicada a gastar el dinero público y a convertir la política en negocio de bandas delincuenciales...

Los cárteles políticos de los adultos también juegan. La pedagogía de apropiaciones inmobiliarias exitosas desde el poder ha pasado por casas blancas, residencias campestres, contratistas agradecidos, subordinados de Bucareli también avecindados en mansiones de Lomas de Chapultepec, procuradores cansados que ahora despachan en secretarías de desarrollo urbano desde donde se trama el asalto a cuanta tierra pueda ser alcanzada por voracidades energéticas y mexiquenses-hidalguenses (una nueva Reforma Agraria bajo el lema de “La tierra es del que la agandalla”).

Enseñar (a hacer transas) con el ejemplo. Así como David Korenfeld se fue tranquilo a casa después de haber sido fotografiado en tan sólo una de las ocasiones en que usó para fines personales o familiares un helicóptero de Conagua (como otros bienes, como otros tantos funcionarios públicos con capacidad de mando sobre esos recursos), apenas pagando cientos de miles de pesos, ahora ha tocado el turno a otro miembro distinguido de la Banda en el Poder (Banpoder, su banco de desconfianza), el secretario de Comunicaciones del tan señalado gobierno del estado de México, Apolinar Mena Vargas, exhibido en días pasados en conversaciones telefónicas en las que abiertamente buscaba y aceptaba favores hoteleros del consorcio OHL, la firma española constantemente involucrada en acusaciones de que se ha especializado en hacer negocios fraudulentos con políticos mexicanos deseosos no sólo de minucias casi microscópicas como un cuarto de lujo para vacaciones decembrinas.

En la liga federal, la otra Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), la encabezada por Gerardo Ruiz Esparza (por supuesto, miembro de la cúpula mexiquense que domina Banpoder), sobrelleva el tema del satélite mexicano que no pudo ser puesto en órbita a causa de una falla que en primera instancia pareciera haber sido del cohete ruso encargado de la faena. La contratación del lanzamiento fue hecha en el sexenio de Felipe Calderón. Ante la pifia (cuyos términos y responsabilidades habrán de precisarse semanas más delante), la SCT ha salido a precisar que no se perderá un centavo, pues la operación está protegida por un seguro de cobertura amplia. Es de desearse que así sea, aunque el escepticismo nacional está especializado en dudar de las contundentes declaraciones de funcionarios que una y otra vez aparecen a la hora de los desastres hablando de presuntas medidas preventivas, tan inteligentes, oportunas y eficaces que luego van diluyéndose en sus términos conforme la atención pública sobre el tema va disminuyendo.

Hoy habrá en la ciudad de México una reunión de candidatos independientes. Será interesante la valoración que de sus esfuerzos hagan los pocos ciudadanos que pudieron obtener registro como aspirantes a un cargo de representación popular, a pesar de los intencionales impedimentos que los partidos políticos han puesto a ese tipo de alternativas de participación política.

Jaime Rodríguez, conocido como El Bronco, es el caso de mayor relevancia en cuanto a peso político del puesto buscado, ya que ha podido colocarse a la cabeza o cuando menos en un lugar destacado (dependiendo de las encuestas de opinión, y sus intereses, a las que se atienda) de la batalla por el gobierno de Nuevo León. En el extremo, pues busca una diputación local en un distrito de Zapopan, Jalisco, está el joven Pedro Kumamoto, quien ha hecho una ejemplar campaña, económicamente austera y convocante de una gran energía social. Otro participante será Manuel J. Clouthier, quien ha construido un relevante capital político personal en Sinaloa y también busca una curul. Y el ex panista, crítico de lo que ahora es el que fue su partido, Arne aus den Ruthen, quien busca una delegación del DF, la Miguel Hidalgo. Y, mientras la violencia sube de nivel también en los estadios deportivos.



LAL