Reportajes

Una represión silenciosa se ensaña con los egipcios gay y transgénero

2016-08-17

 Los últimos días del gobierno de Hosni Mubarak y la turbulenta revolución que les siguió fueron...

Por Liam Stack, The New York Times

EL CAIRO — Los últimos días del gobierno de Hosni Mubarak y la turbulenta revolución que les siguió fueron tensos, incluso revulsivos, para muchos en Egipto. Sin embargo, para los egipcios gay y transgénero también fue una época de una libertad inusual.

Socializaban en bares y cafeterías con terrazas en la calle; conocían gente en aplicaciones de citas con un mayor grado de apertura y comodidad del que habían conocido hasta entonces.

Esa era, sin embargo, tuvo un fin abrupto con el regreso del gobierno militar.

Desde la intervención militar de 2013 que llevó al general Abdulfatah el Sisi como gobernante, se ha arrestado a por lo menos 250 personas gay, lesbianas, bisexuales y transgénero en lo que constituye una represión silenciosa que ha hecho trizas lo que se convertía en una comunidad cada vez más vibrante y visible. Mediante una campaña de vigilancia y trampas en línea, arrestos y la clausura de negocios que aceptaban a homosexuales, la policía los ha forzado a regresar a la sombra y, en muchos casos, a dejar el país.

Antes de estas medidas represivas, “no había una campaña deliberada de arresto y vigilancia”, dijo Dalia Abdel Hameed, una investigadora de la Iniciativa Egipcia por los Derechos de las Personas. “Pero ahora los policías se desvían de sus obligaciones para arrestar a hombres gay y mujeres trans”.

Entre la caída del gobierno de Mubarak y el derrocamiento del primer presidente egipcio elegido democráticamente, Mohamed Morsi, la policía no representaba una amenaza para las personas gay, lesbianas, bisexuales y transgénero, pues se concentraba en otros asuntos y en gran medida pasaba por alto lo que sucedía en fiestas dentro de casas y bares del centro bohemio y derruido de El Cairo.

La represión comenzó rápidamente cuando se impuso el toque de queda militar después de que el derrocamiento de Morsi concluyó en el otoño de 2013, dijo Scott Long, un activista que defiende los derechos humanos que vivió en Egipto durante muchos años y escribió un informe emblemático para Human Rights Watch sobre la última oleada de represión.

En ese momento, el control de las calles de Egipto estaba pasando de manos del Ejército —una institución en la que había una confianza relativa— a la policía, un odiado símbolo del gobierno de Mubarak.

“Alguien en el Ministerio del Interior se dio cuenta de que esa era una manera de hacer buena publicidad para la policía”, dijo Long.

Los arrestos fueron una señal del regreso de un enfoque agresivo por parte de la división de la policía encargada de la moral, que ha participado en una represión mayor en la que se han encarcelado a decenas de miles de personas desde 2013. Al usar herramientas que se habían empleado por última vez hace diez años en una campaña contra lesbianas, gay, bisexuales y transgénero, la división ha reafirmado la autoridad que la policía había perdido antes de la revolución y durante ella.

Otras ramas de las fuerzas de seguridad también han hecho gala de su poder desde el regreso del gobierno militar con el arresto a manifestantes o al ponerse estrictas con los vendedores ambulantes, de acuerdo con los activistas.

“La policía quiere demostrar que tiene el control sobre la sociedad”, dijo Abdel Hameed. “Así que esta es la policía de la moral llevando a cabo su propia campaña para arrestar a la comunidad LGBT”.

No hay una ley en Egipto que prohíba específicamente los actos homosexuales, así que los cargos contra las personas gay y transgénero son de “libertinaje habitual”, según una ley de 1961 que se usa para procesar a los hombres por homosexualidad y a las mujeres por prostitución, señaló Abdel Hameed. Hasta ahora, las sentencias han ido de dos a 12 años.

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Ninguna ley en Egipto que prohíba específicamente los actos homosexuales, así que los cargos contra los gay y transgénero son de “desenfreno habitual”, según una ley de 1961. Credit Hassan Ammar/Associated Press

La represión se ha dirigido principalmente contra los hombres gay y las mujeres transgénero, algunos de los cuales han sido arrestados en redadas en casas privadas o mientras caminan por la calle si su apariencia levanta sospechas (en general, las mujeres transgénero se procesan como hombres, porque la policía, las cortes y los medios en Egipto, a diferencia de lo que sucede en Occidente, no hacen una distinción clara entre los hombres gay y las mujeres transgénero, explicaron los activistas).

Sin embargo, se ha arrestado a la mayoría de ellos después de que la policía les tiende trampas en aplicaciones de citas como Grindr, que ahora saluda a sus usuarios cuando ingresan con un mensaje de advertencia sobre la posible presencia de la policía en el sitio.

Abdel Hameed dijo que la policía usa las aplicaciones para coquetear con las personas, establecer conversaciones sexuales y pedir fotos sugerentes que puedan usarse como evidencia en un tribunal antes de invitarlas a una cita. Cuando las ingenuas víctimas de estos ataques llegan a la cita, las arrestan de inmediato.

No es la primera vez que se han usado estas tácticas contra las personas gay, lesbianas, bisexuales y transgénero en Egipto. Todavía se recuerda la represión que comenzó en 2001 por una redada en el Queen Boat, un centro nocturno donde la policía arrestó a docenas de hombres y los acusó de ser homosexuales. Sus juicios dominaron los titulares egipcios durante meses y sembraron una ola de terror entre los círculos gay.

“Sucedió lo del Queen Boat con sus repercusiones, luego regresamos a nuestra vida normal, y ahora esta es la mayor represión desde aquello”, dijo Abdel Hameed.

Tal vez la manifestación física más importante de la represión es la proliferación de retenes policiales en el centro de El Cairo y la clausura de cafeterías y otros negocios que eran puntos de reunión para activistas, intelectuales y personas homosexuales durante los vertiginosos días de la revuelta política.

Un joven gay de 24 años —que pidió que solo se le identificara mediante su nombre de pila, Ali, por miedo a ser arrestado— dijo que la campaña de la policía ha sido devastadora para su comunidad.

“Todo conduce a un arresto”, dijo Ali. “La gran amenaza es que te arresten o pierdas a tus amigos en la cárcel, porque después de la revolución fallida hubo una amplia represión en contra de la comunidad gay del centro de la ciudad, en particular. Esta es mi comunidad y la están destruyendo”.

Muchas personas gay y transgénero que pueden salir del país ya lo están haciendo o esperan poder hacerlo, contó Ali, y añadió que él quiere mudarse a Europa o a América del Norte. “Me estoy quedando sin amigos porque los están arrestando o están saliendo de Egipto”, dijo.

La policía también requisa los teléfonos de los detenidos y “los examinan para encontrar a otros”, dijo Abdel Hameed. Cuando los encuentran, a menudo los torturan para elaborar listas de amigos gay o antiguas parejas sexuales. A los detenidos también se les somete a revisiones anales forzadas, una forma de tortura que según la policía puede probar si una persona ha tenido una conducta homosexual, un argumento que los juristas egipcios han declarado falso.

Long dijo que las trampas en línea se han vuelto especialmente eficaces durante los últimos dos años, puesto que el cierre de espacios que acogían a las personas homosexuales ha dejado a muchos sin un lugar adónde ir.

“Ya no hay muchos lugares gay en el centro ni en el resto de la ciudad, por lo que la gente depende más de las aplicaciones y las redes sociales”, afirmó. “Las personas están solas; conocen a alguien que parece interesado y, pum, los arrestan”.

Ali acepta que, a pesar de los riesgos, internet es uno de los pocos espacios públicos que les quedan a las personas homosexuales y transgénero.

“No hay de otra”, dijo Ali. “Estamos en Egipto”.



JMRS