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El mito de las dos iglesias

2016-11-21

El mito de las dos iglesias Según este mito Iglesia Católica no es la Iglesia fundada por Jesús,...

Por: Christian

El mito de las dos iglesias Según este mito Iglesia Católica no es la Iglesia fundada por Jesús, sino una iglesia impostora y nueva, creada como maniobra para suplantar a la verdadera Iglesia

En este artículo desmontaremos la teoría de las dos iglesias: la idea de que el protestantismo en general o alguna de sus ramas en particular pueda ser en realidad la salida a la luz de una Iglesia oculta que se ha mantenido viva y pura desde Jesús hasta la actualidad, paralela a la Iglesia oficial.

QUÉ ES LA TEORÍA DE LAS DOS IGLESIAS

Las denominaciones protestantes consideran en general que la Iglesia Católica fue fundada por Jesús, pero que con el tiempo (bien en un momento concreto como puede ser el concilio de Nicea o bien en un proceso lento y gradual) fue apartándose de la verdadera doctrina. Entonces el protestantismo sería como un acto de reforma que pretendió separar el grano de la paja y devolver la Iglesia a su pureza original, por eso ellos consideran que la Ruptura encabezada por Lutero fue en realidad no una Ruptura, sino una Reforma Protestante (terminología que acabó imponiéndose también, extrañamente, en los países católicos).

Sin embargo esa actitud fue cambiando en muchos sectores hacia una visión más radical, según la cual la Iglesia Católica no es la Iglesia fundada por Jesús, sino una iglesia impostora y nueva, creada posteriormente como maniobra para suplantar a la verdadera Iglesia cristiana. Algunos, los más osados, no dudan en situar a Satanás como el verdadero artífice de la Iglesia Católica. Según esto, tendríamos por un lado a la Iglesia Cristiana (fundada por Jesús, de 2000 años de antigüedad) y por otro lado a la impostora Iglesia Católica (en sus versiones romana y ortodoxa) que a decir de muchos de ellos fue fundada por el emperador Constantino allá por el siglo cuarto, en lo que llaman la Gran Apostasía. De este modo, desde el siglo IV o antes tendríamos ya dos iglesias con existencias paralelas, una verdadera y otra falsa. La que se corrompió y accedió al poder, y la que se mantuvo firme en la fe verdadera y fue perseguida y clandestina.

Por eso hoy tenemos iglesias protestantes y paraprotestantes que afirman que ellos no son una nueva fundación, sino los verdaderos herederos de esa Iglesia fundada por Jesús y predicada por los apóstoles, los únicos que no acabaron pervirtiéndose a lo largo de la historia. Con esto afirman que su iglesia tiene 2000 años de antigüedad, aunque durante la mayor parte de la historia no funcionaron como una iglesia organizada sino como “grupos individuales de verdaderos cristianos”, vemos lo que esos grupos afirman:

El emperador romano Constantino se erigió a sí mismo como cabeza de la iglesia en torno al año 313 d.C. […] Este sistema impío acabó trayendo el período más oscuro de la historia conocido por la humanidad, apropiadamente llamado “La Época de Oscuridad” (500-1500 A.D.). A través de obispos y sacerdotes, Satanás gobernó Europa y el cristianismo bíblico quedó ilegalizado. Durante todos estos años, sin embargo, quedaron grupos individuales de verdaderos cristianos, como por ejemplo los valdenses y los anabaptistas, que se negaron a someterse al sistema romano.

FALACIA DE LA PAGANIZACIÓN DE CONSTANTINO

Los que acusan a la Iglesia de haberse paganizado suelen situar esa apostasía en el concilio de Nicea a manos de Constantino. Haremos aquí un breve resumen para desmontar este mito (El lector puede profundizar sobre este tema leyendo los 4 artículos titulados La Iglesia surgida del Concilio de Nicea, [el enlace te llevará al primero de ellos]):

Cuando se convoca el Concilio de Nicea (325 d.C.), los cristianos sobrevivientes y los obispos participantes habían sufrido todos en sus mismas carnes las persecuciones. Tan solo 12 años antes había terminado la peor de las persecuciones, la de Diocleciano (303-313 d.C.), donde murieron miles de cristianos por negarse a rendir culto al emperador. Esta persecución abarcó a todo el imperio; desde Gran Bretaña hasta el oriente muchos cristianos fueron echados a las fieras, quemados vivos, torturados, exterminados en masa, en varios casos ciudades enteras de mayoría cristiana fueron rodeadas por los soldados imperiales e incendiadas con todos sus habitantes dentro. Podríamos decir que en el 325, año de Nicea, casi no había cristiano adulto que no hubiera sufrido el terror de la persecución o que no tuviese alguien a quien llorar.

En el año 313 surge en el norte de África una herejía nueva, el donatismo. Constantino quiso impedir una ruptura en la Iglesia así que rogó, presionó y finalmente usó la fuerza para que católicos y donatistas llegaran a un acuerdo, pero ni unos ni otros estuvieron dispuestos a cambiar sus posturas por estar convencidos de que ellos tenían la Verdad.

Cinco años más tarde, en el 325 Constantino decide convocar, a petición del obispo hispano Osio de Córdoba, el Concilio de Nicea para resolver otro conflicto doctrinal que había empezado a extenderse con rapidez por algunas zonas de oriente: la herejía arriana, y esta vez, escarmentado, deja que sean los obispos quienes afronten el problema. En ese concilio se trataron temas de organización y disciplina eclesial fundamentalmente, y solo un asunto doctrinal, que fue el motivo de su convocatoria: la condena de la doctrina arriana que afirmaba que Jesús no era Dios.

Aunque no tienen ninguna prueba histórica que lo demuestre, los defensores de “las 2 Iglesias” afirman que esos mismos obispos que doce años antes estaban temblando por su vida y aún así permanecieron firmes en la fe, ahora, ya fuera de peligro, están dispuestos a aceptar cualquier cambio de doctrina que les pida el emperador. Unos pocos años antes les decían que si no quemaban incienso en el altar del emperador les matarían y se negaron a hacerlo; ahora supuestamente les dicen que no solo tendrán que hacer cosas mucho peores, sino que además tendrán que abandonar sus creencias y aceptar todas las creencias paganas que el emperador quería incorporar, ¿y esos mismos obispos no solo lo aceptan sino que se llenan de gozo? No es creíble en absoluto.

Ni la presión ni la fuerza imperial había conseguido unos años antes que los obispos católicos flexibilizaran su doctrina frente a los donatistas. Pocos años después del concilio, Constantino cambió varias veces de bando, apoyando ora a católicos ora a los arrianos, lo que sería absurdo si el concilio hubiera fabricado una Iglesia a la medida de Constantino. Y más aún, 30 años después del concilio el emperador Constancio II, que era arriano, desató una nueva persecución a la Iglesia, esa misma Iglesia “salida de Nicea”, con la intención de obligar a los católicos a aceptar el arrianismo. Pero fue imposible, ningún emperador, ni Constantino ni sus predecesores ni sus sucesores, logró que los cristianos (católicos) cambiasen ni una coma de sus creencias; ni la cárcel, ni la tortura ni la muerte consiguió que apostataran de su fe. ¿Quién puede creerse que lo hicieran en Nicea tan alegremente?

Otro argumento que se oye a menudo, generalmente por parte de ateos, es que en la Iglesia primitiva había diferentes visiones, y en Nicea lo que vimos fue el triunfo de una de ellas, la que defendía que Jesús era Dios. Ahora mismo, en el artículo de Wikipedia sobre el arrianismo se nos dice:

En algunos grupos de la Iglesia cristiana primitiva se enseñaba que Cristo había preexistido como Hijo de Dios ya antes de su encarnación en Jesús de Nazaret, y que había descendido a la Tierra para redimir a los seres humanos. Esta concepción de la naturaleza de Cristo, que fue ganando adeptos con el paso del tiempo hasta convertirse en la creencia mayoritaria, trajo aparejados varios debates teológicos.

Esa idea de que muy pocos cristianos creían al principio que Jesús era Dios es muy fácil de refutar usando las fuentes bíblicas e históricas. La creencia de que Jesús era Dios no era una de las diferentes creencias que había, sino la claramente mayoritaria y la única bíblica. Las otras creencias eran minoritarias o incluso residuales y siempre locales y en su mayoría debidas a la influencia del gnosticismo, religión sincrética llegada de Persia. No se trata de una opinión venciendo a otra, sino de una Iglesia luchando por mantener su fe limpia impidiendo contaminaciones externas.

Y aunque por alguna extraña razón los obispos hubieran claudicado ante el emperador, quedaba un segundo filtro aún más poderoso: el pueblo cristiano (por entonces muy involucrado) que también había arriesgado su vida por mantener su fe en las persecuciones. Si los obispos hubieran salido del concilio con un cristianismo paganizado, el pueblo cristiano no habría salido a las calles a celebrarlo con gozo, como cuentan las crónicas, sino que se habría echado a las calles a protestar, como hicieron en la época a menudo cuando sospechaban de la falta de ortodoxia de algún obispo. La idea de que Nicea transformó el cristianismo en una religión paganizada ni se puede demostrar históricamente ni es creíble en absoluto si conocemos el contexto del pueblo cristiano en ese momento.

LA REFORMA PROTESTANTE

En el siglo XVI, cuando Lutero rompe con la Iglesia Católica, él consideraba que la Iglesia se había alejado demasiado de la doctrina original y por tanto había que limpiarla de impurezas para devolverla a la verdad, había que reformarla, restaurarla. En ningún momento se considera miembro ni continuador de esa supuesta Iglesia oculta que ha permanecido escondida durante siglos, de hecho él era un monje agustino y miembro del clero católico. Lo que él pretende es pulir la doctrina de la Iglesia, no sacar a la luz pública la doctrina de una supuesta Iglesia verdadera que habría permanecido clandestina desde Constantino. Lutero no quiere sustituir una Iglesia por otra, quiere reformar la Iglesia que hay, la única que hay. Tras consumarse la ruptura los primeros protestantes sienten que es la Iglesia Católica la que les ha abandonado y expulsado de su seno, no que la verdadera Iglesia se ha alzado por fin en lucha contra la falsa Iglesia opresora, como ahora piensan algunos.

Lutero quiso iniciar una reforma de la Iglesia, pero los acontecimientos decidieron otra cosa. Como no consiguió cambiar la doctrina católica, enseguida se optó por el camino más fácil: la ruptura. La llamada Reforma protestante no fue tal, más exacto sería hablar de “la Ruptura protestante“, pues los seguidores de Lutero pronto abandonaron la Iglesia para crear una “Iglesia” nueva con doctrinas nuevas y, peor aún, con un mecanismo llamado “sola scriptura” que permitía, como sucedió desde el principio, la aparición de un número ilimitado de nuevas doctrinas y divisiones. La verdadera Reforma sería lo que hoy los historiadores llaman “la Contrarreforma“, que fue un movimiento dentro de la Iglesia que reformó la institución desde dentro en lugar de romper con ella. Y ahora sí, en el siglo XVI, verdaderamente tenemos dos “Iglesias” diferentes: la católica (en su versión romana y ortodoxa) y la protestante, de origen y mentalidad germánica.

EL RESTAURACIONISMO

Del tronco del protestantismo han surgido agrupaciones de fe que han ido más allá en este planteamiento. Su idea no es que la Iglesia se fue degenerando y hubo que reformarla, sino que directamente la Iglesia fundada por Cristo se pervirtió, apostató, bien en la época de Constantino o incluso mucho antes, ya en la misma época apostólica. Ellos no suelen hablar de una Iglesia verdadera que sobrevivió paralela a la Católica, sino que hablan de que el verdadero cristianismo desapareció, solo quedaron residuos nadando en el error.

Según estas agrupaciones surgidas del protestantismo anglosajón y todas muy recientes (del siglo XIX o el XX), la llamada Reforma protestante fue un esfuerzo humano por mejorar las cosas, pero por ser humano no fue suficiente. Para recuperar la verdadera doctrina cristiana, perdida desde hacía siglos, fue necesaria la intervención divina. Estas corrientes afirman que el mismo Dios le reveló a su fundador el verdadero cristianismo, o al menos le inspiró para poder descubrirlo. De esta forma el cristianismo auténtico, que había desaparecido, volvió a ser revelado, o sea, la auténtica Iglesia de Cristo, que había desaparecido, fue reinstaurada por segunda vez. Esto sería el Restauracionismo (que en realidad debería llamarse “Reinstauracionismo”), y sus principales ejemplos serían los testigos de Jehová y los mormones, aunque hay más. Para estos, el concilio de Nicea no supone ningún punto de inflexión porque la Iglesia de las persecuciones ya estaba corrompida, pues los apóstoles no habían conseguido transmitir la auténtica doctrina con fidelidad y en cuanto Jesús se marchó, sus discípulos (algunos incluyen a los apóstoles) comenzaron a corromper sus enseñanzas ya antes de Pentecostés.

LO QUE NOS DICE JESÚS

Frente a estas teorías, tenemos ahora que recordar las promesas que hizo Jesús a su Iglesia antes de partir, en donde una y otra vez afirma que la mantendrá libre de error:

Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. (Mateo 16:18)

Jesús promete que cuando él se marche enviará al Espíritu Santo para proteger y guiar a su Iglesia de modo que comprenda bien su mensaje y no caiga en el error:

Mas el Consoldador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas la cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Jn. 14:26)

Y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Consolador para que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Vosotros, en cambio, lo conocéis, porque él permanece con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. (Juan 14:16-18)

Los restauracionistas consideran que esto es cierto, pero que ese “volveré a vosotros” se refiere a la reinstauración de la verdadera fe que se produjo en el siglo XIX o XX. Sin embargo esto significaría que durante casi 2000 años los cristianos sí quedaron huérfanos, y ciertamente quedaron huérfanos todos aquellos discípulos a quienes Jesús estaba hablando en ese momento. No hay duda, el Espíritu Santo evitará que la Iglesia caiga en el error doctrinal. Pero ¿cuándo se producirá esa venida del Espíritu Santo?

Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero vosotros no las podéis comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él os introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y os anunciará lo que irá sucediendo. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. (Juan 16:12-14)

Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito [=Espíritu Santo] no vendrá a vosotros. Pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. (Juan 16:7-8)

«El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí». Como dice la Escritura: “De su seno brotarán manantiales de agua viva”. El se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía, ya que Jesús aún no había sido glorificado. (Juan 7:38-39)

Pero es la misma Biblia la que nos relata exáctamente en qué momento se produjo esa venida del Espíritu Santo anunciada por Jesús. Fue el día de Pentecostés, cuando los apóstoles y María están reunidos:

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo. (Hechos 2:1-4)

Ese Espíritu no solo fue concedido a los discípulos de Pentecostés, sino que la promesa iba dirigida a toda la Iglesia de ayer y de hoy. Hablando del envío del Espíritu Pedro nos dice:

Porque la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame. (Hechos 2.39)

RESUMIENDO: En la Biblia vemos claramente cómo Jesús anuncia que cuando él se vaya enviará el Espíritu Santo a su Iglesia para que comprenda su mensaje y no caiga en el error, lo cual ocurrirá en Pentecostés. No se refiere solo a sus apóstoles, sino a la Iglesia en general, presente y futura. La Iglesia fundada por Cristo estará siempre protegida del error y él estará por siempre con nosotros, con su Iglesia, jamás nos dejará huérfanos y desamparados.

Estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos (Mateo 28:20)

PARADOJAS Y CONTRADICCIONES

Así que una vez recordado lo que Jesús nos dijo, si analizamos las ideas que el protestantismo tiene de la Iglesia surge un potente conflicto. Según la Biblia Jesús prometió que jamás abandonaría a su Iglesia y que el Espíritu Santo la iluminaría por siempre para que nunca cayera en el error. Lutero y sus seguidores, por el contrario, afirman que la Iglesia cayó en el error. Analicemos cómo se enfrentan a estas dos afirmaciones los protestantes reformistas y los restauracionistas.

RESTAURACIONISTAS

Joseph Smith recibe en 1820 la visión de dos dioses: el Padre y Jesús

Tomemos como ejemplo lo que creen los mormones. Según ellos la doctrina cristiana se pervirtió al poco de ascender Jesús al cielo, o sea, ni los mismos apóstoles lograron transmitir la verdad con fidelidad, hasta que en 1887 Dios le revela al americano Joseph Smith la verdad e incluso le entrega un nuevo libro para completar las enseñanzas de la Biblia. Pero en ese caso chocamos con el problema de que la predicación de Jesús fue un fracaso, y se necesitó un Joseph Smith o equivalente para poder por fin hacer una predicación que sí diera frutos. ¿Es J. Smith mayor que Jesús? Los mormones dirán que no, pero tal como cuentan los hechos pareciera que en parte sí, pues donde Jesús fracasó, Joseph Smith supo triunfar.

Eso puede llamarse de cualquier forma menos cristianismo, y cualquier denominación que defienda algún tipo de restauracionismo se encontrará con la misma dificultad, pues Jesús dejó bien claro que el Espíritu Santo se encargaría de que su Iglesia fuera por siempre preservada del error, así que la idea de que la Iglesia fundada por Jesús fracasó nada más empezar y cayó en la apostasía contradice lo que la Biblia nos dice. Por eso a los restauracionistas solo les queda un camino: decir que la Biblia ha sufrido con el tiempo muchas corrupciones y cambios por errores de copia o por mala intención de la Iglesia Católica. De este modo cuando chocan con la Biblia intentan cambiar una palabra o una frase, a veces un simple matiz en la traducción, para resolver sus incoherencias. Al menos parte de los restauracionistas actúan así. Esto no es resolver una contradicción, es hacer trampas.

REFORMISTAS

Vimos que Lutero inicialmente no pretendía romper con la Iglesia, sino reformarla, pero ahora que se produjo la ruptura y tenemos dos “iglesias” diferentes, la católica y la protestante, se encontraba con la paradoja de que se acababa de crear una Iglesia que no era la Iglesia fundada por Jesús, sino fundada por hombres, y por tanto las promesas de Jesús sobre su Iglesia no se podrían referir a ellos, sino a la Iglesia por él fundada que era… la católica. Esto creaba una paradoja y también una fuerte contradicción con el Evangelio, pues Jesús prometió a su Iglesia que nunca la abandonaría y que la preservaría siempre del error, así que si la Iglesia Católica había sido fundada por Jesús, y por tanto era la verdadera Iglesia, ¿cómo pudo Jesús incumplir su promesa y dejar de protegerla?

RESOLUCIÓN DE LA PARADOJA

La reacción inicial de los “reformadores” ante esta paradoja y esta contradicción fue crear el concepto de que la Iglesia de Jesús no es una organización concreta y visible, sino espiritual, casi un mero concepto abstracto formado por todos los verdaderos cristianos, de ese modo, al difuminar el concepto de Iglesia, también se difumina la efectividad concreta de las promesas. Sin embargo no es eso lo que vemos en la Biblia. En nuestro artículo ¿Quiso Jesús fundar una Iglesia? vemos cómo desde el principio Jesús tenía en mente una organización física y visible, estructurada y centralizada, y él mismo creó el armazón de esa estructura que luego los apóstoles siguieron desarrollando y los primeros cristianos completaron. Jesús no hablaba de una comunidad solamente espiritual, sino también de una organización humana visible, la cual según nos cuenta Hechos comenzó poniendo su centro en Jerusalén, aunque tras la destrucción de la ciudad trasladó su base a Roma.

Una mejor salida para resolver la paradoja fue abrazar la teoría de las dos iglesias: la Iglesia Católica es un pastiche paganizado creado por Constantino en el siglo IV y la verdadera Iglesia, la que ahora llamaban “protestante”, se remonta al mismo Jesús, y nunca había desaparecido sino que siempre había sido perseguida (primero por los emperadores y luego, tras Nicea, por la Iglesia Católica) y por tanto había permanecido oculta. Ellos eran, simplemente, esa Iglesia oculta que ahora sale a la luz y desafía a la corrupta Roma y su religión inventada en un proceso que en vez de Reforma deberían llamar “Liberación”. Esta es hoy la teoría más extendida entre ellos.

EVIDENCIA HISTÓRICA

Pero si es cierto que la verdadera Iglesia de Jesús, esa a la que prometió proteger siempre y librar de todo error, ha existido durante 2000 años y ha permanecido oculta desde la época de Constantino (s. IV) hasta la llegada del protestantismo (s. XVI), ¿dónde está la evidencia histórica?

Cuanto más se ha profundizado en el conocimiento de la historia, más en evidencia quedaba esa supuesta Iglesia oculta de la que no tenemos ningún dato. Pero muchos protestantes usan ahora otra teoría que encajaría mejor con esa situación. Según ellos, esa verdadera Iglesia son los grupos de cristianos considerados herejes por la Iglesia oficial. De esta manera ya sí tenemos datos históricos de su existencia y de su persecución. En ese saco puede entrar casi cualquier grupo herético que fuera reprimido. De esta forma se aseguran una ascendencia continuada hasta el mismo Jesús, que sería su fundador, y al mismo tiempo pueden ofrecer multitud de testimonios históricos de esa Iglesia. En concreto, el texto que hemos citado al principio de este artículo mencionaba como ejemplo a dos de esos grupos disidentes: “los valdenses y los anabaptistas”.

Los valdenses fueron un movimiento formado por Valdo en Lyon a finales del XII. Su doctrina no tiene casi nada en común con los movimientos heréticos de siglos anteriores y sí tienen ya por primera vez rasgos que anuncian la llegada del protestantismo. En cuanto a los anabaptistas también citados, no surgirán hasta después de iniciada la Ruptura Protestante en el s. XVI en Suiza. La única explicación de que citen a estos como ejemplo de esa Iglesia primitiva es que en griego “anabaptista” significa “vuelto a bautizar”, y tal término se usa ya en el siglo V para referirse a los herejes que estaban en contra del bautismo de niños, y por tanto volvían a bautizarse al llegar a la edad adulta, llamando así anabaptistas a los montanistas, donatistas y novicianos. Pero esos “vueltos a bautizar” primitivos no tienen en su doctrina absolutamente nada que ver con los anabaptistas protestantes excepto en su rechazo al bautismo de infantes. Imagino que no citarían como ejemplo de la verdadera Iglesia a los anabaptistas del siglo V si supieran que, tema del bautismo aparte, casi todas sus doctrinas eran católicas.

PUZLE DE HEREJÍAS

El problema de esta estrategia de inventarse una Iglesia paralela es precisamente ese, que tenemos multitud de testimonios históricos de esos movimientos heréticos de los que ellos se consideran herederos, y podemos decir de ellos cualquier cosa excepto que formasen parte de una única Iglesia con una única e inmutable doctrina, la verdadera, y menos aún que sus creencias pudiesen hoy definirse como protestantes o evangélicas o nada de lo que ellos defienden ahora. Cada movimiento defendía una cosa distinta, veamos unos cuantos ejemplos para evaluar su protestantismo:

Arrianos (s.II)- Cristo es un hombre con atributos divinos, creado al principio de todos los tiempos y luego encarnado en Jesús, pero no era el Dios eterno. Por tanto niegan la Trinidad.

Adopcionistas (s.II)- Jesús era un hombre que fue elevado a la categoría de Dios. Por tanto también niegan la Trinidad y tendríamos un dios creado y otro dios no creado.

Montanistas (s.II)- Este grupo anabaptista no rechazaba nada de la doctrina católica, solo ponían énfasis en el profetismo y afirmaban que el fin del mundo estaba a punto de llegar. Por lo tanto creían que Jesús era Dios, parte de la Trinidad.

Novacianos (s.III)- Otra grupo anabaptista que en casi nada más se diferencia de los católicos excepto en que, igual que harán luego los donatistas, considera que los cristianos que flaquearon durante las persecuciones no debían ser perdonados y readmitidos en la Iglesia. Sus seguidores eran llamados “cátaros”, pero en nada tienen que ver con los cátaros que aparecerán en el sur de Francia en la Edad Media. Su visión de Jesús es la católica.

Modalistas (s.III)- Dios es uno pero no trino.

Apolinaristas (s.IV)- Jesús era solo Dios, no hombre.

El Hijo se encarnó en Jesús, un cuerpo sin alma, y por tanto se puede considerar que Jesús era como una marioneta movida por Dios.

Donatistas (s.IV)-

Otro grupo anabaptista que seguía las doctrinas católicas pero consideraba que los pecadores y quienes no se mantuvieron firmes en las persecuciones debían abandonar la Iglesia, pues ella tenía lugar solo para los santos. Si un sacerdote pecaba, la eucaristía y los demás sacramentos que impartiera carecían ya de valor. Creían por tanto también que Jesús era Dios.

Monofisistas (s.V)-

En Jesús hay dos naturalezas, la humana y la divina, pero ambas quedan confundidas, de modo que la divina absorbe y anula la humana.

Nestorianos (s.V)-

En Jesús hay dos naturalezas, la humana y la divina, pero ambas están totalmente separadas, de modo que una cosa es el hombre y otra el Hijo divino. Dos personas distintas, una humana y otra divina, unidas en un solo cuerpo.

Monotelistas (s.VII)- Jesús tenía dos naturalezas, la humana y la divina, y una única voluntad.

Cátaros (s.X)-

Dios creó el mundo del espíritu y Satanás creó el mundo físico y la Iglesia Católica. Para purificarse y llegar a Dios había que rechazar el mundo físico y el cuerpo mediante férreo ascetismo y estricta castidad, aunque algunos preferían “castigar” al cuerpo dándose a todo tipo de excesos carnales, o sea, justo lo contrario. Consideraban que el mayor anatema propagado por la Iglesia Católica era enseñar la doctrina de la Encarnación, pues no hay mayor blasfemia que decir que Dios se encarnó en un cuerpo humano, obra de Satanás. Jesús simplemente se “apareció” bajo forma humana para enseñarnos el verdadero camino.

Valdenses (s.XII)-

Este es el primer grupo herético que ya muestra un carácter protestante, rechazando la autoridad del papado y estableciendo la Biblia, interpretada a su modo, como única autoridad, pero rechazando también doctrinas protestantes como por ejemplo la sola fide al tiempo que recibían sin problemas la comunión de manos de los sacerdotes católicos. Ellos se consideran un remanente fiel de la verdadera Iglesia cristiana, así que tenemos aquí ya la semilla que dará origen a la teoría de las dos iglesias abrazada luego por muchos. Sus doctrinas influirán mucho en los reformadores protestantes y viceversa. Hasta la Reforma los valdenses practicaban de forma simplificada los 7 sacramentos católicos, pero posteriormente rechazarán todos menos dos: el bautismo y la comunión. Por lo tanto tienen poco o nada en común con las herejías previas. Su visión de Jesús sin embargo es la misma del catolicismo.

Y estos son sólo algunos ejemplos centrados principalmente en la visión que tenían de Jesús. Los grupos protestantes que consideran que esa supuesta verdadera Iglesia que permaneció oculta se manifestó a través de la historia en esos grupos perseguidos considerados heréticos, tendrían que explicar cómo puede ser que cada grupo esté en desacuerdo con los demás incluso en algo tan fundamental como es quién era Jesús. Los valdenses no tienen raíces en herejías anteriores sino que son fruto de unas revelaciones que su fundador supuestamente tuvo en el siglo XII. Los anabaptistas primitivos tienen mucho de católicos y nada de protestantes. La teoría hace aguas por todas partes.

Si esos grupos minoritarios disidentes fueran manifestaciones de una misma Iglesia verdadera, cada vez que reaparecieran en la historia tendríamos que ver la misma doctrina, preservada e intacta desde la era apostólica, siempre invariable una y otra vez, mostrando así claramente que las promesas de Jesús se estaban cumpliendo en ellos. Desgraciadamente para ellos, el panorama que nos dibuja la historia es el contrario. Ni siquiera los propios protestantes podrían identificarse con las ideas de uno solo de esos grupos de los primeros siglos, por no mencionar que muchos de esos grupos heréticos se desvían de la Iglesia Católica en uno o varios puntos doctrinales pero permanecen fieles a la doctrina católica en todo lo demás. No será hasta la llegada de los valdenses en el s.XII cuando encontremos por primera vez unas doctrinas ya bastante parecidas a los protestantes, aunque todavía lejos de ser idénticas.

Otro caso clave a menudo mencionado es el arrianismo. Los arrianos defendían la idea de que Jesús es un ser divino pero fue creado al principio de los tiempos, o sea, en el momento de la Creación, pero antes de ese momento no existía, por lo tanto no es parte de Dios mismo sino una criatura suya como nosotros, si bien la más importante y la primera. Pues bien, actualmente los mormones y los testigos de Jehová (dos denominaciones surgidas en el s. XIX) estarían de acuerdo con esa idea, así que podrían decir que los arrianos eran esa verdadera Iglesia fiel a la doctrina original que fue perseguida y sobrevivió en la clandestinidad. Pero el problema sería de nuevo que los arrianos solo divergían del catolicismo oficial en ese aspecto, en todo lo demás seguían la doctrina católica (transubstanciación, veneración a los santos y difuntos, jerarquía eclesial, liturgia, etc.), así que los arrianos son simplemente católicos con una idea de Jesús equivocada.

El mismo caso nos encontraríamos con cualquier otro grupo herético que analicemos en la historia antes de los valdeses, una denominación protestante podría encontrar en este o aquel grupo alguna doctrina suya y decir, “ahí estamos nosotros”, pero si analizas el resto de doctrinas de ese grupo siempre encontrarán que sus creencias en poco o nada se parecían a las suyas. Por lo tanto ninguna denominación protestante, ni el protestantismo en general, podrá encontrar en la historia antes de la Edad Media un grupo cristiano divergente no ya que se parezca, sino simplemente que pudiera considerarse muy genéricamente como de tipología protestante.

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Y es que este argumento no es ni mucho menos nuevo, que un grupo se separe de la doctrina apostólica y luego diga que ellos son los verdaderos herederos de los apóstoles ya ocurrió en otras ocasiones. Las palabras de Tertuliano, apologeta cristiano del siglo II, podrían estar igualmente dirigidas a esos protestantes modernos, pues su mensaje tiene exactamente la misma vigencia:

Por lo demás, si algunas [herejías] se atreven a insertarse en la edad apostólica para parecer transmitidas por los Apóstoles por cuanto existieron en tiempo de los Apóstoles, nosotros podemos decir: publiquen, entonces, los orígenes sus iglesias, desplieguen la lista de sus obispos, de modo que, a través de la sucesión que discurre desde el principio, aquel primer obispo haya tenido como garante y antecesor a alguno de los Apóstoles o a alguno de los varones apostólicos, pero que haya perseverado con los Apóstoles… En efecto, de esa manera dan a conocer sus orígenes las iglesias apostólicas: como la iglesia de los esmiornitas cuenta que Policarpo fue puesto por Juan, como la de los romanos que Clemente fue ordenado por Pedro. De igual modo, ciertamente, también las otras iglesias muestran que vástagos de semilla apostólica poseen destinados al episcopado por los apóstoles. Inventen algo semejante los herejes. Pues, luego de tanta blasfemia ¿qué es ilícito para ellos?

Algunos dicen que si no tenemos evidencias históricas sobre esa supuesta Iglesia clandestina es porque la Iglesia oficial durante siglos quemó todos los escritos de los verdaderos cristianos para que no quedase constancia de sus creencias, pero esa teoría no es sostenible. La Iglesia Católica intentó hacer eso con los escritos herejes, eliminarlos, y sin embargo es tarea imposible, a través del tiempo han sobrevivido una gran cantidad de fragmentos y libros enteros escritos por grupos heréticos, además de los escritos católicos que atacan y describen sus doctrinas, dejando al mismo tiempo constancia de ellas. Y si además suponemos que ese grupo de cristianos se habría mantenido en existencia durante 20 siglos ininterrumpidamente, no solo habrían sobrevivido escritos y referencias, sino que ellos mismos habrían tenido mucho celo en conservar clandestinamente esos escritos para preservarlos. Pero no existe tal cosa. La idea fundamental de protestantes y derivados es la doctrina de la “sola scriptura”, y en ningún grupo herético con continuidad en el tiempo podemos ver esa creencia reflejada como pilar básico de su fe hasta bien entrada ya la Edad Media.

La idea de que los americanos tienen guardadas naves extraterrestres y cuerpos alienígenas pero silencian a todo el que habla de ello tiene la misma lógica de funcionamiento (no hay evidencias porque ellos las han borrado), y con esa misma lógica cualquier teoría es posible: los venecianos del siglo XV viajaron a marte, pero los florentinos, celosos, borraron toda evidencia y reescribieron la historia. No es por burlarse de los que creen en lo de las 2 iglesias, es solo para mostrar con más claridad la falacia de ese tipo de argumentos.

Otra cuestión importante en este asunto es la idea de las persecuciones perpetradas por la Iglesia Católica contra esa otra Iglesia verdadera e inocente. Es un asunto importante porque siendo la Iglesia Católica la agresora cruel y la otra Iglesia la víctima inocente, es más fácil pensar que el Espíritu Santo habitaba en los segundos y no en los primeros. En nuestro próximo artículo explicaremos que esa visión no es ni mucho menos tan blanco-y-negro como muchos pretenden y que ambas partes tienen mucho por lo que pedir perdón.

CONCLUSIÓN

La Biblia dice claramente que Jesús fundó una Iglesia (ver nuestro artículo ¿Quiso Jesús fundar una Iglesia?) y prometió que nunca la abandonaría y que enviaría el Espíritu Santo, al que también llama “Espíritu de la Verdad”, para evitar que jamás cayera en el error. Quienes afirman que esa misma Iglesia cayó en el error y apostató (restauracionistas) sencillamente contradicen a la Biblia. Quienes afirman que esa Iglesia protegida por el Espíritu no es la Iglesia Católica sino la suya, que supuestamente sobrevivió estos 2000 años clandestinamente desde Constantino hasta la Reforma (reformistas), no pueden mostrar ninguna evidencia histórica que demuestre su afirmación, así que carece de validez. La enorme diversidad de doctrinas diferentes que hay en el seno del protestantismo hoy, es prueba sobrada de que ahí no podemos encontrar preservada la Verdad de Jesús, pues ni ellos mismos se han puesto nunca de acuerdo en qué verdad es esa.

Sin embargo los católicos sí podemos demostrar que nuestra Iglesia es la misma que Jesús fundó en el siglo primero y que, tal como prometió Jesús, ha sido capaz de preservar la doctrina original libre de error. La Iglesia Católica es la verdadera Iglesia fundada por Jesús hace 2000 años, y la única que lo puede demostrar.



JMRS