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Frente a Trump, México busca fortalecer Pemex, una empresa en crisis

2016-11-30

La empresa petrolera de México ha cojeado por años, sumida en deudas y sufriendo para mantener la...

Elisabeth Malkin, The New York Times

CIUDAD DEL CARMEN, México — Esta ciudad, construida gracias al petróleo, se está quedando vacía.

Casas de bloques de cemento y chozas decoloradas por el sol lucen letreros de “Se vende”. Los trabajadores petroleros desocupados que solían reunirse  con la esperanza de conseguir algún trabajo se han ido.

Aquí en Ciudad del Carmen, en la costa del golfo de México, algunos trabajadores de las plataformas de la empresa paraestatal Pemex llevan meses sin trabajar y se percibe la ansiedad en su voz.

“¿Qué creen que vaya a pasar?”, preguntan algunos.

La empresa petrolera de México ha cojeado por años, sumida en deudas y sufriendo para mantener la producción mientras se secan sus gigantes campos petroleros del golfo. El próximo año extraerá menos de dos millones de barriles por día, la producción más baja desde 1980.

Mejorar Pemex era una prioridad de México, dentro de un largo debate acerca del destino de una de las instituciones nacionales más importantes, y una de las que tiene más problemas.

Ahora, esa enorme tarea se ha convertido en un asunto más crucial tras la victoria de Donald Trump.

Si Trump cumple sus promesas de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, deportar a los inmigrantes y gravar impuestos sobre las remesas para pagar el muro de la frontera, México enfrentará graves problemas económicos, en particular en la base manufacturera que sustituyó al petróleo como el principal artículo de exportación del país hace varios años.

El peso mexicano se mantiene a niveles bajos históricos. La semana pasada, el Banco de México aumentó las tasas de interés, argumentando que existe una “elevada incertidumbre” en el entorno.

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, dijo a una estación de radio local que comprender las políticas de la administración de Trump era “como tratar de armar un rompecabezas sin tener todas las piezas”.

Muchos se muestran pesimistas ante la posibilidad de que el gobierno lance un plan de apoyo. “México no cuenta con un Plan B creíble para contrarrestar la oleada de ataques al comercio”, advirtieron algunos analistas de Morgan Stanley.

El daño que Trump puede causar a las fábricas que envían automóviles y computadoras a Estados Unidos ha dado una urgencia total a las acciones de México por activar partes de la economía que no dependen del TLCAN, en particular su industria petrolera, que se desmorona.

El secretario de Hacienda, José Antonio Meade, señala con frecuencia las fortalezas de la economía mexicana, sobre todo la importancia de la nueva legislación del país en materia energética, que acabó con el monopolio que por 75 años tuvo Pemex.

La nueva legislación, que forma parte de un paquete de mejoras económicas que el presidente Enrique Peña Nieto presentó al congreso hace tres años, permite inversiones privadas en el sector petrolero por primera vez desde la expulsión de las empresas extranjeras en 1938.

Unos cuantos días antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el director general de Pemex, José Antonio González Anaya, presentó un calendario de proyectos que esperaba ofrecer a posibles socios y prometió dar los primeros pasos para que la empresa petrolera nacional volviera a ser solvente.

González Anaya y el secretario de Hacienda dijeron a inversionistas en Nueva York en Noviembre que “el sector petrolero seguirá siendo un motor del crecimiento económico nacional”, según una declaración conjunta de Pemex y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Peña Nieto ha impulsado otros cambios en educación, telecomunicaciones, impuestos, electricidad y finanzas, pero todavía no generan crecimiento económico significativo. La mayoría de los economistas esperan que la economía crezca apenas por encima del dos por ciento este año.

Sin embargo, la más radical de sus propuestas fue poner fin al monopolio de Pemex para permitirle obtener capital y tecnología de inversionistas privados. La medida golpeó al símbolo más duradero de soberanía nacional de México, y acabó con la convicción que se mantuvo durante mucho tiempo de que el país podía desarrollar su recurso natural más valioso por su cuenta.

“La única forma de recuperar la producción en los siguientes cinco o seis años es atraer mayor inversión a Pemex”, subrayó Juan Carlos Zepeda, presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, dependencia reguladora del petróleo en México. “No hay otra manera”.

Sin embargo, después de que se aprobaron las nuevas leyes en materia energética, la empresa se estancó, no se realizaron las coinversiones prometidas y se desplomaron los precios del petróleo.

Pemex comenzó a tambalearse al aumentar sus deudas y caer la producción. Al reducirse las utilidades generadas por el petróleo, este ahora financia menos del 20 por ciento del presupuesto del gobierno, una cifra que alcanzó hasta el 40 por ciento cuando los precios del petróleo llegaron a su nivel más alto.

“El gobierno no estaba preparado para una situación de precios bajos sostenidos”, indicó John Padilla, director ejecutivo de IPD Latin America, una empresa consultora en materia energética. “Nunca previeron una implosión de Pemex como la que ocurrió”.

El presidente designó a González Anaya, economista formado en Harvard, para asumir el cargo en Pemex en febrero. No tardó en anunciar la primera propuesta de coinversión: un campo petrolero en aguas profundas apenas al sur de aguas estadounidenses.

Algunos expertos creen que los campos en aguas profundas que todavía no se han explotado constituyen el siguiente gran tesoro. No obstante, se trata de inversiones riesgosas y muy costosas, lo cual preocupa en un momento en que los precios bajos han forzado a las empresas petroleras internacionales a descartar muchas inversiones que tenían planeadas.

De cualquier forma, empresas importantes como BP, ExxonMobil, Chevron y Shell ya están autorizadas para participar en una licitación de aguas profundas en diciembre.

En una entrevista realizada en su oficina, en lo más alto de la torre de Pemex en la Ciudad de México, González Anaya advirtió que no hay que esperar demasiado.

“Me han dicho algunas gentes, ‘oye, Pemex no va a volver a producir 3 millones de barriles’. Pues, no”, contestó. “Que pena, pero no. Lo que puedo decir y demostrar es la solidez de la empresa”.

No todos están seguros de que haya empresas ansiosas por asociarse con Pemex.

“Hace dos años, todos querían trabajar con Pemex”, comentó Padilla. “La rondaban como a la reina del baile. Dos años después, ¿con qué cara puede presentarse ante el consejo y decir, ‘Pemex vale esa inversión?’”.

Otra pregunta es si el gobierno podrá acelerar la transformación como una defensa en contra de las políticas de Trump. Incluso si el gobierno atrae inversión privada, su efecto en la producción podría tardar algunos años en materializarse.

“No van a darle el giro a la economía por la reforma energética”, expresó Jeremy Martin, un experto en materia energética del Instituto de las Américas en San Diego.

Mientras tanto, México debe resolver los muchos problemas de la empresa.

Sus refinerías operan a cerca del 60 por ciento de su capacidad, lo que obliga al país a importar más de la mitad de su gasolina. Pemex pierde mil millones de dólares cada trimestre, tiene una deuda de casi 100 mil millones de dólares y debe otros 68 mil millones de dólares de pensiones. Los recortes al presupuesto significan que el próximo año la exploración estará detenida.

Una explosión en un buque ocurrida en septiembre fue el suceso más reciente de una serie de accidentes atroces y muchas veces fatales. Algunos miembros del crimen organizado ya tienen la costumbre de interceptar la tubería de Pemex para robar gasolina, alertados por personas que pertenecen a la organización.

El gobierno sigue gravando impuestos fuertes sobre Pemex, y el Sindicato de Trabajadores Petroleros, aliado del Partido Revolucionario Institucional de Peña Nieto, conserva su papel dominante.

La primera medida de González Anaya a su llegada a Pemex fue recortar el 22 por ciento del presupuesto de la empresa.

“No hemos terminado, seguimos, seguimos, seguimos”, dice.

Durante décadas, Pemex hizo ricos a muchos. La empresa otorgó contratos inflados a empresarios locales que cultivaban conexiones políticas, de acuerdo con entrevistas a contratistas de Ciudad del Carmen. Los alcaldes de estados petroleros exigían a Pemex efectivo para obras públicas.

“El presupuesto se convirtió en saqueo”, declaró Mariano Ruiz Funes, antiguo jefe de personal en Pemex.

Algunos analistas argumentan que Pemex quizá tenga que vender partes de la empresa.

“Vamos a ver a un Pemex más pequeño en los próximos años”, dice Ruiz Funes, como parte de su predicción de que ocurrirá un “largo y doloroso” ajuste. “Será difícil en términos políticos”.

González Anaya no está preparado para tomar esa decisión.

Pemex “no es cualquier empresa”, resaltó. “No puedes pedir a una empresa petrolera nacional que sea como Exxon”.

En Ciudad del Carmen, la riqueza de la empresa petrolera nacional ya se agotó hace mucho tiempo. La ciudad ha perdido unos 23,000 empleos desde finales de 2014.



JMRS