Internacional - Política

Obama trata de consolidar su legado antes de la toma de posesión de Trump

2017-01-04

Menos de tres semanas antes de que el gobierno de Obama pase a la historia y se inicie una nueva...

Michael D. Shear, The New York Times

WASHINGTON — Solo dos días después de la elección estadounidense, el presidente Barack Obama se reunió en el Despacho Oval con Donald Trump, el mandatario electo, y declaró que su prioridad número uno durante sus últimos días en la Casa Blanca sería asegurar una transición del poder tranquila.

Lo que Obama no dijo fue que también pretendía establecer tantas barricadas políticas e ideológicas como le fuera posible antes de que Trump preste su juramento al cargo, el 20 de enero.

Menos de tres semanas antes de que el gobierno de Obama pase a la historia y se inicie una nueva administración con prioridades distintas, el actual presidente está utilizando toda la autoridad a su disposición para consolidar su legado y establecer sus prioridades como leyes supremas del país.

Ha prohibido la extracción de petróleo en la costa del Atlántico, estableció nuevas medidas ambientales y protegió el financiamiento para las clínicas de Planned Parenthood; además, ordenó la transferencia de detenidos de la Bahía de Guantánamo, criticó los asentamientos israelíes y castigó a Rusia por interferir en las elecciones mediante ciberataques.

Puede que el próximo presidente pueda revertir algunas o incluso la mayoría de esas acciones, un punto que los asesores de Obama han tomado en cuenta. Pero cada medida que el presidente toma requiere que Trump supere otra carga legislativa o procesal en su búsqueda por cambiar el rumbo de Washington.

Obama sigue llenando las filas del gobierno con sus propios designados; desde el día de la elección ha asignado a 103 personas en empleos de administración pública, comisiones clave y páneles de supervisión, incluyendo el National Council on Disability, el consejo de directores del tren Amtrak, el Holocaust Memorial Council y las juntas de inspectores en academias militares.

También ejerce presión con el objetivo de liberar a muchos infractores por drogas de las cárceles federales. En las últimas semanas, conmutó las sentencias que considera injustas de 232 prisioneros federales e indultó a otros 78. Además, se reunirá con legisladores democráticos para discutir cómo hacer que su ley de atención médica quede protegida contra las iniciativas de Trump y los republicanos para desmantelarla.

Para muchos conservadores, Obama toma estas medidas por despecho y por convicción. “Está haciendo todo esto como su legado”, dijo Newt Gringrich, el antiguo presidente de la Cámara de Representantes, y comparó a Obama con el dios petulante de una ópera de Wagner. “Si hace esto durante tres semanas más, ¿a quién tacharán de extremista? ¿A Trump o a Obama?”.

Asesores en la Casa Blanca señalan que muchas de las medidas de último minuto tomadas por el presidente fueron iniciadas hace meses o incluso años antes de que se definiera el resultado de la elección. Además, ninguna se aparta del acercamiento ideológico que mantuvo Obama durante sus ocho años de gobierno.

Sin embargo, representan la determinación que tiene el presidente de aplicar cada logro antes de que Trump —quien prometió desmantelar esas medidas— tome el mando. Eso ha animado a algunos de los aliados de Obama, quienes desearían que pudiera hacer más.

“Los republicanos están poniéndose nerviosos porque, de pronto, Obama está tomando muchas medidas gubernamentales”, dijo Matt Bennett, vicepresidente de Third Way, un grupo de izquierda. “No les gusta. Eso lo entiendo. Pero tiene el derecho de hacerlo y debe hacerlo. ¿Acaso intenta acorralar a Trump? Desde luego… y debe hacerlo”.

Tanto Trump como quienes están trabajando frenéticamente para montar la nueva administración se han dado cuenta de las acciones de Obama. Un día después de que el presidente permitió la aprobación de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas mediante la que se critican los asentamientos israelíes, Trump escribió enojado en Twitter que la medida “haría mucho más difícil negociar un acuerdo de paz”. Y agregó de manera optimista: “¡Qué mal, pero lo lograremos de todos modos!”.

Dos días después, en lo que fue una señal de su frustración creciente con Obama, Trump escribió que estaba haciendo su mejor esfuerzo para “ignorar las declaraciones virulentas del presidente O y sus barricadas”.

Continuó: “Creí que sería una transición sin problemas… ¡NO LO ES!”.

Al parecer, ese mensaje de Twitter provocó una llamada por parte de Obama al día siguiente y ambos intentaron volver a enfatizar su cooperación. El portavoz de Obama emitió una declaración en la que hacía un llamado al diálogo positivo, diciendo que ambos prometieron “trabajar juntos para efectuar una transición del poder sin problemas el 20 de enero”.

Esa tarde, desde su propiedad en Mar-a-Lago, en Florida, Trump insistió en que la transición ocurriría “sin problemas” y dijo que su charla con Obama había sido una conversación “muy muy buena”.

“Nuestros equipos se están llevando muy bien y yo me estoy llevando bien con él a pesar de un par de declaraciones a las que respondí”, dijo Trump.

Los funcionarios de la Casa Blanca insisten en que Obama ordenó que todos los niveles de gobierno cooperen integralmente con Trump en las dinámicas de transición. Esa instrucción está vigente, dijeron, a pesar del océano ideológico que se interpone entre los dos hombres.

La acción de mayor permanencia de Obama podría ser su orden de prohibir la extracción de petróleo en la costa del Atlántico, una decisión basada en una ley de 1953 que, según expertos, será difícil que Trump revierta legalmente. Grupos ambientales y otras organizaciones de izquierda esperan que haya muchas más medidas por parte de Obama hasta sus últimos momentos al mando.

“La constitución dicta que el presidente es presidente hasta el 20 de enero al mediodía”, dijo Neera Tanden, presidenta del Center for American Progress, un grupo de expertos de izquierda en Washington.

Tanden dijo que las medidas de Obama se reforzaban con sus índices de aprobación significativamente más altos que los de Trump, una rareza histórica. En la historia reciente, la mayoría de los presidentes entrantes disfrutan de una buena imagen en las encuestas posteriores a la elección, mientras que los mandatarios que dejan la Casa Blanca ya no tienen una alta aceptación.

Obama “considera con justa razón que se trata de una luz verde”, dijo Tanden. “El presidente ve con certeza que los estadounidenses están apoyando las medidas que toma”.



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