Migración

Trump revive el miedo de las redadas migratorias y las deportaciones masivas en Estados Unidos

2017-01-10

Obama inició un drástico aumento de las “redadas en papel”, o investigaciones a los empleadores que...

Amy Chozick, The New York Times


NEW HAVEN, Estados Unidos — Anthony Barroso tenía 13 años y se alistaba para ir a la escuela cuando llegaron por su papá.

Tan pronto como abrió la puerta, supo que la media docena de hombres que estaban afuera de su casa no eran policías locales. Llevaban armas de grueso calibre y sus chalecos antibalas tenían la sigla “ICE”, de Immigration and Customs Enforcement (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos).

Ellos arrestaron y deportaron al padre de Anthony, un ecuatoriano que durante más de una década había estado trabajando ilegalmente como contratista en New Haven.

Un oficial le advirtió, mientras su hermanita lloraba, que pronto regresarían por su madre.

“Todo se vino abajo ese día”, dijo Anthony, cuya madre se hundió en la pobreza tras la deportación de su padre. Ahora el joven estudia en un colegio técnico profesional. Pudo quedarse en Estados Unidos gracias al programa de acción diferida de deportaciones que firmó el presidente Barack Obama.

La redada de 2007 fue uno de los cientos de operativos federales que tenían en la mira a inmigrantes con trabajos ilegales y que se realizaron durante el segundo mandato de George W. Bush.

Las redadas de trabajadores ilegales disminuyeron durante el gobierno de Obama, aunque este ha deportado la cifra récord de 2,5 millones de inmigrantes desde 2009, principalmente al concentrarse en personas que acababan de cruzar la frontera, empleadores que contrataban trabajadores ilegales e inmigrantes con condenas penales.

No obstante, mientras el presidente electo Donald Trump se prepara para tomar posesión y cumplir su promesa de deportar entre dos y tres millones de inmigrantes indocumentados que hayan cometido delitos, los expertos dicen que esperan el regreso de las redadas que atraparon a miles de trabajadores en autolavados, plantas empacadoras de carne, proveedoras de frutas y hasta en sus hogares, como en la época de Bush.

“Trump dice que no le gustamos aunque tengamos papeles”, se lamentó Teresa Vara González, oriunda de Morelos, México, y quien ganó una demanda contra el ICE tras ser detenida en 2007 con la intención de ser expulsada. Logró quedarse en el país, pero la llegada de Trump ha vuelto a despertar sus temores ante una posible deportación.

“Si Trump de verdad quiere aumentar drásticamente el número de arrestos, detenciones y deportaciones, creo que tiene que hacer redadas en oficinas”, comentó Michael J. Wishnie, profesor de Derecho de Yale que aboga por los detenidos en causas de derechos civiles.

Desde su elección, Trump ha sugerido que planea concentrarse en la deportación de delincuentes. Sin embargo, los asesores del presidente electo han dicho que para llegar rápido a la meta de deportaciones, sería necesario ampliar la definición de quién es un delincuente.

En julio de 2015, los expertos del Instituto de Políticas Migratorias calcularon que, de los cerca de 11 millones de inmigrantes que viven en Estados Unidos ilegalmente, 820,000 tienen antecedentes penales. Obama se apegó a esa definición durante su segundo mandato, al deportar a unos 530,000 inmigrantes condenados por delitos desde 2013.

Trump necesitaría expandir la definición para que incluyera a los que son sospechosos de formar parte de pandillas o de traficar drogas, además de los que viven en Estados Unidos de manera ilegal y han sido acusados de cometer delitos pero sin ser condenados, así como aquellos cuyas visas han expirado y quienes han cometido delitos menores como infracciones de tránsito.

“Esos serían los primeros en caer: inmigrantes indocumentados que no son peligrosos y tienen familia”, comentó John Sandweg, exdirector del ICE en la administración de Obama. “Esas personas no se ocultan. Los delincuentes, sí”.

Michael Chertoff, secretario de Seguridad Nacional durante el gobierno de Bush, defendió las redadas en el lugar de trabajo. Dijo que estos operativos habían probado ser una forma poderosa de aplacar el “ecosistema del contrabando” que envalentona a los migrantes a ingresar en el país sigilosamente y empodera a los empleadores para que puedan contratarlos ilegalmente, en condiciones que no cumplen con las regulaciones y que, a veces, son inhumanas.

“Hemos descubierto que es efectivo con objetivos bien establecidos”, dijo Chertoff en una entrevista. “No nos paramos al azar en una oficina para hacer una redada”.

Trump no ha especificado cómo planea deportar a varios millones de inmigrantes indocumentados, o si planea recurrir a estas redadas en los lugares de trabajo. En una entrevista con Fox News durante su campaña, dijo que usaría las estrategias de Bush y Obama, pero “de manera mucho más enérgica”.

Los activistas temen que las imágenes de agentes del ICE sacando a grupos de trabajadores de algún lugar podrían ser atractivas para Trump, quien fue una estrella de los reality shows.

“Si lo que quieres es aplicar la ley creando un imaginario, eso es lo que hay que hacer”, dijo Muzaffar Chisti, abogado y director de la oficina neoyorquina del Instituto de Políticas Migratorias.

La portavoz del ICE, Sarah Rodríguez, dijo que no podía especular sobre lo que la nueva administración haría.

Para 2011, las redadas en el lugar de trabajo habían disminuido un 70 por ciento desde 2008, el último año del gobierno de Bush, y los legisladores republicanos le suplicaron a Obama que regresara a la era de las detenciones masivas en oficinas.

En vez de eso, Obama inició un drástico aumento de las “redadas en papel”, o investigaciones a los empleadores que se sospechaba que estaban contratando trabajadores ilegales. Desde enero de 2009, el ICE ha auditado a más de 8900 empleadores e impuesto más de 100,3 millones de dólares en multas, según los datos gubernamentales.

Obama también implementó un aumento máximo de detenciones en cruces fronterizos, lo que contribuyó a la cantidad récord de deportaciones de su administración.

“Pensamos que Obama haría lo imposible y acabó por usarnos como chivos expiatorios”, manifestó Frank Sharry, fundador y director ejecutivo de America’s Voice, un grupo a favor de los migrantes.



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