Detrás del Muro

Un olor a dignidad

2017-01-10

Miles de empleos que se preveían en México se esfumaron. Las ideas proteccionistas del nuevo...

Ariel Ávila, El País


Como en Los Perros de la Noche, cuando cae la oscuridad es cuando se deja ver mejor la valentía mexicana


De prosa increíble, parece algo excepcional, casi único, al menos para aquellos que no somos críticos literarios ni que alardeamos de conocer autores y géneros de aquí y de allá. Los perros de la noche es una novela que narra uno de los capítulos más dolorosos para México. Es una historia de dos vecinos, que en realidad son enemigos y fingen amistad para poder convivir. Al menos así lo escriben los autores en la mitad de sus trecientas páginas.

Es sin duda una novela policiaca, esa novela negra que tanto atrae, pero tiene las dosis necesarias del género de realidades paralelas y realismo mágico. Además, cuenta con una nítida investigación histórica y geográfica. Se desarrolla en los llanos de Coahuila. Allí, una legión de héroes, no más de 400, dan sorbos de victoria a una historia que se sabe cómo va a terminar. México, entre 1846 y 1848. perdió a manos de Estados Unidos cerca de la mitad de su territorio.

Un “huracanado” Joaquín Baluarte, hijo “ficticio” del Cura Hidalgo, lidera la legión de los Perros Negros, quienes ante la retirada del muchas veces derrotado general Santa Anna, en la batalla de La Angostura, asumen la defensa del norte de México. Al final se sabe cómo terminará la historia, los gringos invadirán Ciudad de México y se anexarán California, Nuevo México y oficializarán la anexión de Texas. Sin embargo, a medida que pasan las páginas, hay destellos de esperanza, historias de grandes batallas, de sacrificios, de esa realidad paralela que a veces nos gustaría que fuera aquella que estuviera en los libros de historia. Héroes que seguramente existieron pero que la historia de los victoriosos se dedica a mancillar y desaparecer. La legión de los Perros Negros, el Batallón de Santuario y la estrella de Uriel, toda una historia fascinante.

Mientras leía el libro, veía en las noticias cómo el nuevo flamante presidente estadounindese, Donald Trump, amenazó a Ford para que desistiera de la idea de construir una planta de ensamblaje de vehículos en México; cinco días después, hizo lo mismo con Toyora como lo había hecho con GM. Miles de empleos que se preveían en México se esfumaron. Las ideas proteccionistas del nuevo presidente comenzaban a impactar a su vecino del sur. Incluso, en la nueva realidad norteamericana hay quienes proponen que sean los presos los que construyan el muro que prometió Trump en campaña, es decir, regresar a la época de la esclavitud.

Alguna vez Carlos Marx escribió que a veces la historia pareciera que se repitiera dos veces, la primera se vive como tragedia y la segunda como comedia. Todo parece indicar que se comienza a vivir la “segunda vez”. Trump ha dicho que construirá un muro que separe a ambas naciones, además que los vehículos que se ensamblen en México y que se vendan en Estados Unidos deberán pagar un impuesto de 35% y que el muro lo pagarán los mexicanos, “así sea con impuestos”. Todo esto se le viene encima a México en un momento de crisis económica y protesta social, con una inflación en alza, precios del petróleo bajos y un Gobierno en entredicho.

170 años después de la batalla de La Angostura, tal vez el momento en que Santa Anna estuvo más cerca de vencer a los gringos, nuevamente México parece asediado por su vecino del norte. Serán cuatro o posiblemente ocho años bastante complicados. La nueva Administración norteamericana parece una caja de sorpresas, es totalmente impredecible, pero de todo lo que prometió algo tendrá que cumplir. Es hora que los mexicanos miren a sus vecinos del sur, pues en el norte habrá hostilidad.

Pero como en 'Los perros de la noche', cuando cae la oscuridad es cuando se deja ver mejor la dignidad y la valentía mexicana: No sé por qué, pero cada vez que voy a México se respira un aire que huele a dignidad. No sé si sea dignidad, pues en mi país, Colombia casi nunca la he respirado, pero tiendo a creer que es dignidad. Tal vez, también llegue el momento de izar el “Pendón de los Doce Campanarios”.



yoselin