Policrato Philodemos

El enemigo necesario

2017-01-24

El fabricar enemigos para utilizarlos como “chivos expiatorios” a los que se debe castigar...

Almte. Manuel Rodríguez Gordillo

Miente, Difama, Confunde.

Algo de lo que siempre queda...
es la estrategia de los viles para justificar sus tropelías.

"Las argucias hegemónicas de Mr. Trump"

Hoy 20 de Enero de 2017 he sido testigo del uso perverso de la palabra al escuchar el discurso del señor (así con minúsculas por ser esa su dimensión como estadista), Donald Trump, durante la ceremonia inaugural como el 45 presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, ante la multitud que acudió a presenciarla y ante los países del mundo que siguieron el desarrollo de la misma a través de los medios electrónicos de difusión.

El mensaje de Trump fue de carácter aislacionista, con tintes de fascismo de supremacía norteamericana, estuvo plagado de inexactitudes (o mentiras deliberadas), y amenazas descarnadas para México e implícitas para los demás países, parecía una calca de Adolfo Hitler como canciller de la Alemania nazi cuando arengaba a las multitudes < Deutschland über alles > (Alemania sobre todos), durante los ominosos tiempos que precedieron al estallido de la Segunda Guerra Mundial, que Trump tradujo y retomó como <America first and over all > (Estados Unidos primero y sobre todos), en una visión supremacista y cuasi-religiosa, derivada del destino manifiesto otorgado a los EU por una divinidad, mito que algunos fanáticos delirantes le suponen.

Aquí cabe recordar que lo anterior ha sido la estrategia que históricamente han utilizado muchos imperios para  justificar sus atropellos (guerras e invasiones, y dominios coloniales), así como la previa descalificación de sus víctimas, para convertirlas en enemigos, ya fuera con acusaciones rocambolescas, “agresiones inventadas y puestas en escena”, o bien alterando el equilibrio de los poderes regionales para enseguida acudir a restituirlo, “llevando la paz a la región”, “civilizar a pueblos”, táctica que en los últimos años se cambió a “defender la democracia”, “salvar de la amenaza comunista”, “llevar la libertad” o “defender los derechos humanos”, que recientemente se ha transformado en “combatir el terrorismo”, el caso era, y sigue siendo,  fabricar a un enemigo cuando este no existe, para no aparecer ante los contribuyentes domésticos y en el ámbito internacional, como agresores, sino como libertadores (disfrazando al lobo con piel de oveja), como fue el caso de la Alemania nazi cuando arteramente decretó como enemigos a los judíos, a quienes acusó de ser los culpables de todos los males del Reich Alemán, para justificar el haber tratado de desaparecerlos en una criminal masacre, que actualmente se recuerda como “el holocausto”.

El fabricar enemigos para utilizarlos como “chivos expiatorios” a los que se debe castigar endilgándoles culpas y responsabilidades propias, ambiciones territoriales, y/o para establecer políticas de odio, sigue teniendo vigencia. México lo conoce muy bien por haberlo sufrido en carne propia desde el Siglo XIX, cuando se inicia la expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de nuestro país; algo que Tremp ingratamente olvida y que falto de vergüenza histórica, retoma ya como presidente de los EU cuando las cicatrices de la mutilación y los viejos atropellos a México ya se habían suavizado entre nuestros países, endilgándole nuevamente la culpabilidad de un supuesto e inexistente  subdesarrollo norteamericano, que maquiavélicamente está inventando para justificar una futura política y proceder supremacista contra México.

Dada la importancia y el peso que tienen los Estados Unidos en el quehacer económico mundial así como en el equilibrio del poder  militar, es preocupante que las decisiones y conducta internacional o doméstica que siga, esté en manos de un fanático supremacista e irresponsable, dado el débil equilibrio existente para la paz mundial desde la aparición de las armas nucleares y los misiles transcontinentales, en el que cualquier conflicto bélico entre grandes  potencias atómicas, constituirían un fatal (y quizá final para la especie humana), error estratégico donde todos (beligerantes y neutrales), perderíamos arrastrando también hacia la extinción a los demás seres vivos que pueblan el planeta.

Lo anterior no constituye una exageración catastrofista nacida de una visión paranoide, sino que se sustenta en la irresponsabilidad e ignorancia estratégica militar de Trump (cuando alude al posible uso del arma nuclear), y también ecológica, ya que a pesar de las evidencias se niega a reconocer la realidad del calentamiento global, y a su proyecto  de abandonar toda política para evitar el avance y control del mismo.

De la misma manera y ante las amenazas que ha venido haciendo contra México desde que era candidato y confirmadas en su discurso inaugural como presidente, estamos obligados al análisis de los posibles escenarios y conductas que pueda seguir, de modo que estemos preparados para evitar, proteger y/o responder, a las agresiones que puedan dañar los intereses de México, para continuar por el camino que nos conduzca hacia el desarrollo y el bienestar al que todo pueblo tiene derecho.... nadie respeta a los sumisos ni a los serviles.... los matones de cantina y los “farolones” solo respetan a quienes se respetan a sí mismos, se defienden y no doblan la cerviz

Dentro de este panorama múltiple de posibles agresiones económicas, políticas, diplomáticas o de otra naturaleza, el primer paso a seguir (indispensable antes de tomar cualquier tipo de medida), consiste en voltear la mirada hacia nosotros mismos para conocernos mejor y organizar las fortalezas que sí tenemos, así como planear la estrategia a seguir para anular las políticas agresivas de un vecino sin escrúpulos, que declara no tener amigos sino intereses, y que sus políticos (de la ralea de Trump),  insultan a los mexicanos gratuitamente, además de pretender tratarnos como país vasallo, o como el “Patio Trasero” (back yard), de los Estados Unidos.

No es óbice recordar que en el ámbito internacional no existe la filantropía ni la amistad, y que estos valores solo sirven para endulzar el lenguaje diplomático cuando el recurso de la fuerza económica y militar no es aconsejable, y conveniente esconder el cinismo descarnado de las “Razones de Estado”, ley del “Darwinismo sociopolítico”, que verdaderamente es la que rige las relaciones internacionales.

No se debe olvidar que el señor Trump esde el inicio de su campaña se ha referido con lenguaje despectivo y amenazando con fijarle gabelas de 35% a los productos elaborados en México por empresas norteamericanas  a su ingreso a territorio de los Estados Unidos violando flagrantemente el Tratado de Libre Comercio signado por ambas naciones, además de expulsar a los migrantes mexicanos que el considere unilateralmente como “¿Indocumentados?”, parece que Trump olvida convenientemente que (en rigor histórico), no son migrantes sino personas que están regresando a sus tierras originales, y que que los verdaderos inmigrantes indocumentados son ellos que llegaron desde otros lugares del mundo.

En caso de cumplir las amenazas estando investido como presidente de los Estados Unidos se trataría de un acto unilateral, que equivaldría de facto a una declaración de guerra económica y comercial contra México, lo que deja abierto el derecho de réplica  con una política espejo, como sería imponiendo altos impuestos de importación a los productos de capital y marcas norteamericanas (en reciprocidad al impuesto del 36% que Trump pronostica para los productos manufacturados en México por inversionistas de EE. UU, como podría ser la Coca Cola por citar al más conocido), independientemente de llevar el caso ante la ONU y ante las instancias internacionales como la OMC por las violaciones al TLC de Norteamérica, además de reforzar nuestro propio mercado interno y desarrollo industrial, ampliar los acuerdos comerciales con los miembros de la Comunidad Europea, China, Rusia, Canadá, India y los países de América Latina.

Por otro lado la crisis económica, que ya está provocando la política norteamericana anunciada por Trump impondrá la necesidad de ordenar nuestra casa en todos los renglones, empezando por fortalecer al Estado Mexicano en un bloque pueblo-gobierno, combatiendo seriamente la corrupción, dando certeza jurídica a los inversionistas nacionales y extrajeros, apostándole a una verdadera educación, de excelencia en investigación científico-tecnológica y valores, tomando en cuenta que cuando un poder gubernamental se desmorona, sucede generalmente por la ausencia de valores y por una corrupción generalizada, factores que debilitan a cualquier estado-nación.

Cuando se dan las condiciones citadas anteriormente, de inmediato aparecen en escena los poderes fácticos que se mantenían larvados, para substituir los poderes del estado y recoger los despojos que queden, son los demagogos estafadores, los oportunistas sociales, y el crimen organizado, así como las sectas mesiánicas , los dos primeros aprovechando el escenario de impunidad ante la carencia de ley para despojar más fácilmente a la ciudadanía indefensa, mientras que los segundos salen para explotar la incertidumbre creada por la pérdida de futuro que conlleva todo escenario de crisis, para manipular las conciencias hacia sus dogmas (y bolsillos), presentándose como redentores.

Además, la debilidad de la estructura del estado nación, ya sea de su estamento militar, naval, científico-tecnológico, cultural, económico, o simplemente de su estructura institucional o política, conlleva también a su indefensión, escenario que necesariamente despierta las ambiciones de otros pueblos, la historia y la realidad (aún presente en la actualidad), nos muestra muchos ejemplos de regiones sojuzgadas, como son las que actualmente llaman “Países en desarrollo”, que en realidad siguen siendo colonias tecnológicas, ya que importan del exterior la mayoría de la tecnología que requieren, con un altísimo valor agregado equivalente al tributo que antiguamente pagaban a las metrópolis de los imperios coloniales.

Como colofón de este análisis, llamando a cerrar filas alrededor de los intereses de México, quiero asentar en pocas palabras la clave que nos puede llevar a construir un México desarrollado y de excelencia para las nuevas generaciones, y descartar la inútil espera de que acuda la filantropía internacional (inexistente en el ámbito del poder), a rescatarnos del subdesarrollo, dado que: "el subdesarrollo más que una situación tecnológica, es un estado de ánimo en el que la voluntad de ser se halla sometida".



JMRS