Vox Populi

Arrinconado, Enrique Peña Nieto responde al golpe de Donald Trump

2017-01-27

Aunque sus índices de aprobación se acercan a un solo dígito —los peores de cualquier presidente...

Azam Ahmed, The New York Times

Dentro de la residencia oficial, Enrique Peña Nieto, el impopular líder de México, estaba asediado por dos frentes.

El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acababa de ordenar la construcción de un muro fronterizo entre los dos países y la indignación pública en México fue ensordecedora. Mientras tanto, los principales funcionarios del gabinete aconsejaron cautela y exhortaron a Peña Nieto a que no cancelara su reunión con Trump en la Casa Blanca la siguiente semana.

Aunque sus índices de aprobación se acercan a un solo dígito —los peores de cualquier presidente mexicano en la historia reciente—, Peña Nieto se resistió a la tentación de ponerse bravucón, argumentando que la relación con Estados Unidos simplemente era demasiado importante para enfrascarse en una guerra de palabras.

Quería darle a la diplomacia una última oportunidad. Para la mañana del jueves, ese esfuerzo había fracasado.

Con un bombardeo de mensajes en Twitter por parte de los dos presidentes, el cual se desató los últimos dos días, tomó forma el primer enfrentamiento de política a gran escala del gobierno de Trump.

El antagonismo público ocurrió después de meses de un aumento de las tensiones entre los dos hombres. Durante décadas, Estados Unidos y México han extendido su cooperación y entrelazaron sus destinos cada vez más. Ahora la relación entre Estados Unidos y uno de sus aliados y socios comerciales más importantes se está reescribiendo en Twitter, y culminó con un notable intercambio de dimes y diretes mientras el mundo observaba.

Todo comenzó con la proclamación de Trump de construir el muro. Después llegó la respuesta diplomática de Peña Nieto, en la que exhortaba a la unidad, mientras que sus asesores sugerían que la reunión podría cancelarse a causa de la ofensa.

Trump continuó el jueves por la mañana con una amenaza de cancelar la reunión él mismo. Poco después, Peña Nieto anunció oficialmente que no asistiría, anticipándose con éxito al ataque de Trump.

El intercambio ofreció un vistazo a la evolución del presidente de México, quien comenzó su mandato con grandes fanfarrias en 2012, pero que después se vio ensombrecido por el escándalo, la violencia que envuelve al país, un declive constante en las encuestas y, ahora, quizá el peor periodo de las relaciones entre México y Estados Unidos desde la presidencia de Calvin Coolidge (1923-1929).

Después de que Peña Nieto canceló la reunión mediante una publicación en Twitter, Trump respondió acusando a México de agobiar a Estados Unidos con inmigrantes ilegales, criminales y un déficit comercial.

“A menos que México trate a Estados Unidos de manera justa, con respeto, una reunión como esa sería inútil; quiero tomar una dirección distinta. No tenemos alternativa”, dijo Trump ante los líderes republicanos que se reunieron en Filadelfia el jueves.

“La mayor parte de la inmigración ilegal proviene de nuestra frontera sur”, dijo Trump en la reunión republicana. “He dicho muchas veces que el pueblo estadounidense no pagará el muro y se lo he dejado claro al gobierno de México”.

Ahora Peña Nieto debe encontrar una manera de preservar el interés económico de su país mientras confronta a un presidente estadounidense impredecible y, a veces, hostil.

En algunos aspectos, México se ha convertido en la prueba de que Trump cumplirá su promesa de dar prioridad a Estados Unidos en el escenario mundial.

Respecto a su relación con Trump, Peña Nieto se ha encontrado en un aprieto: atrapado entre su propia gente, que ha exigido una respuesta vehemente a las provocaciones de Trump contra México, y un líder extranjero que controla gran parte del destino de su país.

“Peña Nieto ha hecho un esfuerzo sobrehumano”, dijo Jesús Silva-Herzog, un profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey. “Ha hecho de todo para preservar la amistad con Estados Unidos, y ha hecho todo lo posible, mientras arriesga todo su prestigio y popularidad, para intentar encontrar un terreno común de confianza con Trump”.

A lo largo de la campaña y ahora como presidente, Trump se ha fijado como objetivo lo que quizá es la posesión más preciada de México: su imagen. Durante su presidencia, el líder mexicano ha intentado describir a su país como un lugar de oportunidad económica, una capital cultural y un país que está ascendiendo en el escenario mundial. Trump ha buscado demostrar lo opuesto, pues ha dicho que México es una fuente de criminales, inmigración ilegal y comercio injusto.

Peña Nieto ha tenido que elegir entre dos alternativas igual de importantes: defender el honor de México o defender sus intereses nacionales preservando las relaciones con Estados Unidos a toda costa.

Durante meses, Peña Nieto dejó clara su decisión. A pesar de la furia creciente de muchos mexicanos, evitó responder precipitadamente a Trump. Los llamados a la construcción de un muro, las promesas de deportar a millones y las amenazas de acabar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte fueron recibidos con respuestas mesuradas y moderadas. A sus puntos débiles se añaden los millones de ciudadanos mexicanos que viven en Estados Unidos, pues al parecer son el objetivo de las órdenes ejecutivas que Trump dio el miércoles.

Para Peña Nieto, la economía ha sido un asunto particularmente difícil. Después de comenzar su presidencia con un enfoque económico, la idea de cancelar el TLCAN o dejarle a México un lugar menos deseable para la inversión extranjera ha sido una crisis existencial latente.

El diálogo, dijo Peña Nieto, era la única manera de progresar. Eso coincidió plenamente con el comienzo de su gobierno, cuando negoció la aprobación de varias reformas económicas con dos partidos políticos rivales y abrió así camino para hacer cambios necesarios a los sistemas de telecomunicaciones, energía y educación del país.

Poco después, su gobierno comenzó a enfrentar situaciones desfavorables. La desaparición de 43 estudiantes normalistas, el escándalo de la compra de una casa por parte de su esposa y una economía moribunda comenzaron a afectar su popularidad, y la caída en los índices de aprobación continuó desde ahí.

Para cuando Peña Nieto invitó a Trump a México para una visita durante la campaña presidencial en Estados Unidos, su propia imagen estaba tan empañada como la que describía Trump de México. El líder mexicano estaba tratando de encontrar terreno común y comenzar un diálogo con el candidato, pero en su país se trató de un error de cálculo. Su reputación en México se hundió todavía más.

Sin embargo, una vez que Trump tomó el cargo e impulsó el cumplimiento de su promesa de campaña de construir un muro, la presión fue demasiada para Peña Nieto. En toda la clase política e intelectual mexicana, los llamados para que el presidente mexicano cancelara la reunión alcanzaron su punto culminante esta semana. Funcionarios y expertos dijeron que la publicación de Trump en Twitter del jueves por la mañana, en la que insinuaba que podría cancelar la reunión, hizo que la decisión fuera menos controvertida: no podía dejar que Trump fuera quien cancelara la reunión.

“Habría sido como si un primo nos invitara a cenar y después cancelara la invitación o, peor aún, dijera que solo podríamos ir si pagáramos la cena”, dijo Silva-Herzog acerca de las reiteradas promesas de hacer que México pague el muro.

Ahora, a pesar de las tensiones con Estados Unidos y los problemas que podrían causar, hay un lado positivo, en especial para la imagen de Peña Nieto en su país.

“Estos son tiempos difíciles y las cosas empeorarán. En realidad no veo una salida pero, en este contexto, nuestra gran ventaja será que los mexicanos estén unidos”, dijo Javier Solórzano, un prominente periodista, en un video que publicó en línea. El país, agregó, “ahora está unido en torno al presidente”.



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