Divagaciones de Merlín

Lo que México gana con Donald Trump

2017-01-27

México tiene muchos años enriqueciendo a fábricas e industrias extranjeras con nuestra mano de obra...

Víctor Manuel Peralta Martínez

"¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho?
Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol"

Eclesiastés

México y muchos otros países están preocupados por las acciones que puedan tomar el presidente de los Estados Unidos, sin embargo, no creo que nos pueda ir más mal, la política de Estados Unidos siempre ha sido tratarnos aparentemente como amigos, pero que en realidad no lo somos, la historia así lo registra, desde nuestra independencia hemos sido sus puerquitos y a veces su laboratorio de ensayo, con el nuevo presidente que toma posición, las cosas no cambiaran, solo que éste si dice como nos consideran, lo que va hacer, nos insulta y nos amenaza a diferencia de los anteriores presidentes, que solo lo hacían en privado entre ellos.

Entre 1820-1830 EE UU empezó a estimular revueltas a favor de la independencia de Texas para posteriormente solicitar su anexión. En 1936 la Convención de Texas proclamó la República. Aquel proceso marcó el denominado “Destino Manifiesto”, que comenzó a manifestarse como principio político de Estados Unidos, el que debía extenderse por leyes históricas ineluctables a todas aquellas tierras que parecían marcadas para entrar a formar parte de “la gran República”. La creencia en el “destino manifiesto” justificaba ante las más escrupulosas conciencias estas ambiciones de tierras ajenas.

En 1848 se firmó el ominoso Tratado Guadalupe-Hidalgo, en virtud del cual México fue despojado del 51% del territorio original, en una guerra de conquista y con humillantes condiciones de paz. En el territorio arrebatado estaban las grandes reservas de petróleo y gas. Algunos congresistas estadounidenses se opusieron a este tratado argumentando que: debían aprovechar la oportunidad de apoderarse de “todo México”. El “destino manifiesto” era muy elástico en la concepción de muchos.

Las agresiones continuaron y pretextos siempre encontraron, la última invasión fue en 1914 a Veracruz, para, según ellos, “salvaguardar la democracia” que había dañado el usurpador, Victoriano Huerta. Las agresiones militares ahí terminaron, más no las agresiones y amenazas a la soberanía, intrigas, injerencias hasta para designar candidatos a la presidencia, apoyos a otros gobiernos contra México, la lista es interminable, pero para muestra un botón. Lograron endeudar a México, gracias a las divisiones, primero entre liberales y conservadores, después de la Revolución entre Generales y en la actualidad entre Partidos Políticos y a la voracidad de los gobernantes en turno.

Ha tomado posesión Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, su discurso muy realista para buena parte de la población de su país, que no es América como él refiere. Dijo: “Nosotros, los ciudadanos de América, estamos juntos hoy en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restablecer su compromiso con todo nuestro pueblo. Juntos determinaremos el rumbo de América y el mundo durante los próximos años”. Esa ha sido su política, su injerencia en otros pueblos, despojo y su ambición desmedida desde que son independientes, empezaron con México, Centro América y actualmente con una buena parte de países de todo el mundo.

Pero mencionó otro aspecto que hace tiempo no se escucha en los mensaje político de ningún país; “Un pequeño grupo de personas en la capital de nuestra nación ha cosechado los frutos del gobierno mientras el pueblo soportaba los costes. Washington prosperaba, pero el pueblo no compartía su riqueza. Los políticos prosperaban, pero el empleo desaparecía, había poco que celebrar para las familias que sufrían penalidades. Lo que verdaderamente importa no es qué partido controla nuestro gobierno, sino si la gente controla o no el gobierno”.

Y esto es lo que representa un verdadero cambio, no solo en el país más democrático del mundo -según ellos- sino en la mayoría de los países en donde los políticos han dejado de ser servidores públicos, para convertirse en verdaderos delincuentes, con un cinismo en sus declaraciones y una impunidad en su actuar.

Donald Trump ganó las elecciones, en buena parte por el hartazgo con los políticos, ya nadie cree en ellos y mucho menos confía, con políticas públicas para beneficio de ellos, gobiernan para beneficio de las grandes empresas trasnacionales y no para sus conciudadanos que los pusieron en el puesto. Esta debe ser una advertencia clara para nuestros gobernantes, las próximas elecciones en México, no las va a ganar un político, las va a ganar un representante ciudadano que sea nacionalista –como Trump en Estados Unidos- y realmente comprometido con el progreso del país.  

Hemos tenido hombres catastróficos que convirtieron a nuestra nación en una colonia de los Estados Unidos, primero Antonio López de Santa Anna, quien a cambio del madruguete de su vida, se obliga a gestionar la independencia de Texas, más tarde, como general al mando de las fuerzas mexicanas, es derrotado por el ejército de los Estados Unidos en acciones muy cuestionadas  y que contribuyeron a la perdida de la mitad del territorio.  El segundo Santa Anna, Carlos Salinas de Gortari, quien tomando como bandera el liberalismo remató todas las empresas públicas y dejo al país en una serie crisis financiera al término de su mandato (primer presidente hecho en Estados Unidos y controlado por éste). El tercer Santa Anna, Enrique Peña Nieto, quien se está encargando de vender toda la materia prima del país y que tendrá que “negociar” con Trump, algunos tratados, entre ellos su gobierno de “preeminencia” o “Indirecto”.

Pero también hay gente proba, con principios éticos y morales que pueden dirigir este gran país, que pueden disminuir la corrupción e impunidad, principales problemas y que no tienen más que realizar algunas de las acciones mencionadas por Trump, como: Buenas escuelas y barrios seguros sin criminalidad, sin bandas y sin drogas; buenos puestos de trabajo en fábricas y empresas nacionales, las cuales hay que incentivar y apoyar objetivamente, así como a la pequeña empresa.

México tiene muchos años enriqueciendo a fábricas e industrias extranjeras con nuestra mano de obra barata, dándoles excesivas concesiones y donándoles terrenos. La globalización ha sumergido a la industria nacional y ha florecido la extranjera (venta de paraestatales entre otros); Se pagan millones de dólares por participar en foro en donde no se toma en cuenta la voz de México, como ser miembro del consejo de seguridad de la ONU, El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico o Fondo monetario Internacional. Se financia ayudas, inclusive a Estados Unidos, en casos y zonas de desastre y se nos obliga a participar en operaciones conjuntas militares, actividades que se deben disminuir y en lo posible retirarse.

Continúa el Presidente Trump: ”A partir de este día, una nueva visión va a gobernar nuestro país. A partir de este momento, va a ser América primero. Cada decisión sobre temas de comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores, se tomará en beneficio de los trabajadores y las familias americanas”. Para el gobierno mexicano éste debería de ser su principal propuesta y por supuesto, cumplirla.

Prosigue: “Debemos proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, roban nuestras empresas y destruyen nuestros puestos de trabajo”. Sus fronteras terrestres están protegidas por ellos, no al 100%, es cierto, pero controlan el paso de la gente que necesitan para trabajos pesados, violan y vejan a indocumentados, permiten el paso de drogas y también acceden a permitir el flujo de armas hacía el sur. El beneficio de las maquiladoras es para ellos, dejando a los trabajadores unos sueldos miserables. Las fronteras marítimas están abiertas, cuando sus tropas a bordo de sus flotas navales regresan de la guerra o de maniobras militares, antes de arribar a Estados Unidos, les buscan un puerto turístico mexicano para desfogar sus ímpetus del largo cautiverio, dejándonos entre su concupiscencia, una larga fila de enfermedades de trasmisión sexual y desordenes, como también los hacen los “Spring Breakers”. Debe entonces haber una corresponsabilidad en el cuidado de las fronteras y no solo exigir lo que “afecta” a Estados Unidos.

Continúa el señor Trump: “Construiremos nuevas carreteras, y autopistas, y puentes, y aeropuertos, y túneles y ferrocarriles. Sacaremos a la gente de las ayudas sociales y la pondremos a trabajar”. Otra idea que no se les ha ocurrido a nuestros ilustres políticos o no han querido hacer, la infraestructura del país es indispensable para su progreso, pero no para lucrar de la manera en que se hace, cobrando peaje exorbitante en autopistas. Por otra parte, el Estado no puede, ni tiene porque mantener a gente ociosa, solo para ganar unos votos en las próximas elecciones.

La democracia no es mantener a un partido en el poder a costa del erario, la democracia es gobernar bien para que la ciudadanía quiera que ese partido continúe gobernando. Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos le propuso ayuda a Alemania a través del Plan Marshall, construyendo unidades habitacionales, carreteras, etc. (claro, por medio de sus constructoras), Alemania dijo que no, aceptaba la ayuda pero en efectivo para reactivar sus fábricas, -Estados Unidos pensó que era para rearmarse- Alemania le contesto, que no, era para darle trabajo a sus población, función principal del Estado; al individuo, su empleo le dará casa y sustento.   
      
Y continua: “Vamos a seguir dos reglas muy sencillas: compra estadounidense y contrata a estadounidenses”. Algo sencillo, pero difícil de hacer, pero tenemos que empezar a comprar y consumir lo hecho y producido en México, de lo contrario seguiremos dependiendo de ellos. “No queremos imponer nuestro modo de vida a nadie, sino dejar que sea un ejemplo reluciente para que todos lo sigan”. Es una desgracia que nuestra juventud busque valores en otras culturas, valores que los padres no hemos sabido dar, desgraciadamente las de Estados Unidos unidos no son las mejores, las drogas, el consumismo y el creerse superior a otros y, nuestra juventud, sobre todo, es lo que exporta de ellos.

Concluye: “No vamos a seguir aceptando a políticos que hablan mucho pero no hacen nada, que se quejan sin cesar pero nunca hacen nada al respecto. Ha llegado la hora de actuar. Que nadie os diga que no es posible”. Efectivamente, aquí si debemos seguir el ejemplo del señor Trump, ya es tiempo de actuar y poner un alto a los políticos mexicanos, quienes se han dedicado a enriquecerse a costa del pueblo y del saqueo de los bienes de la nación. Un país unido siempre consigue sus objetivos, ya lo están demostrando marchas y plantones, pero creo que se puede organizarse mejor, y con ello sacar a los políticos corruptos, embusteros y ladrones que saben que contarán con la complicidad que les dará la impunidad de sus actos.

Es cierto, Donald Trump no es una alma de la caridad, tan es así que ya está reorganizando a sus fuerzas armadas, ¿para qué? No sería descabellada una nueva escalada militar para quitarnos lo poco que nos queda, para entrenar a sus tropas o al menos para disuadir nuestros reclamos. Por lo mismo, es tiempo de dejar nuestras divisiones de lo contrario no vamos a sobrevivir como país, los partidos políticos divididos, las fuerzas armadas, las policías, los poderes de la unión, por nombrar a unos, divididos. Los gobernantes deben de pensar seriamente en los acontecimientos que están sucediendo, no se pueden dar el lujo de ignorar nuestra voz, nuestra esperanza y nuestros anhelos. Que no se sientan sorprendidos si creen que nada pasará.

Señor Presidente, debe pensar seriamente en dejar el poder y permitir que otro ciudadano haga un mejor papel, usted cree que va a poder negociar con el sr. Trump porque lo recibió antes que fuera presidente. ¡No! Lo va a presionar igual, si ha leído a Tucídides y el poder; vera que el poderoso hace lo que quiere, el débil hará lo que el poderoso quiere. Pero todavía le queda una salida “decorosa” antes de que su ocaso sea más deshonroso.

Dios bendiga a México.



JMRS