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La unidad mexicana busca líder

2017-02-09

Peña Nieto apeló a la unidad desde las elecciones de noviembre en Estados Unidos, pero intensificó...

Luis Pablo Beauregard, El País

Los políticos comenzaron a invocar una unidad nacional que ha tenido recientes muestras espontáneas. Algunos mexicanos eligieron banderas como imagen de sus perfiles de redes sociales. Decenas de miles de voces entonaron Cielito Lindo en la final de la Serie del Caribe de béisbol, donde México perdió contra Puerto Rico.

Peña Nieto apeló a la unidad desde las elecciones de noviembre en Estados Unidos, pero intensificó su llamado en 2017. Primero en su mensaje de año nuevo y de forma más asidua desde el 20 de enero, cuando Trump llegó a la Casa Blanca. Este sábado, el presidente dijo: “México exige de nosotros unidad. Unidad no alrededor de una persona o un Gobierno, si no unidad en torno a los valores de la Constitución…: soberanía, libertad y justicia, democracia e igualdad”.

El presidente cuenta con una baja aprobación, que varía entre el 12% y el 19%. Su Gobierno no ha podido reducir la violencia en el país. Las reformas económicas impulsadas no han dado los frutos prometidos y su mandato ha sido salpicado por escándalos de corrupción de gobernadores del PRI. Las agresiones de Trump han hecho que la opinión pública deje de hablar momentáneamente de estos temas, que habían dejado a la Administración en una débil posición por el descontento y la insatisfacción social. “El presidente tiene poca legitimidad. La sociedad ha tratado de organizarse, pero sin un liderazgo”, señala Roy Campos, presidente de Consulta Mitofsky.

“Se ha creado una solidaridad, no hacia el Gobierno sino hacia la gente afectada por Trump”, agrega Campos. Los políticos han tratado de aprovecharse de esta solidaridad. Los líderes de los grandes partidos han convocado a un diálogo nacional para dar una respuesta unida frente a la amenaza del presidente de Estados Unidos. La mano se quedó extendida en el aire. Ninguna fuerza mostró una genuina disposición en negociar con las otras partes. Los presidentes de los partidos eligieron rutas paralelas que en realidad son la misma. Las cabezas de PRI, PAN y Morena inician esta semana sendos viajes a Estados Unidos a apoyar a los mexicanos en peligro de ser repatriados.

“Todas las instituciones se han venido abajo en términos de confianza, incluidos los empresarios”, señala Campos. “No veo a una persona que pueda unir. Ni Carlos Slim, como se ha dicho, ni Andrés Manuel López Obrador, que va en cabeza rumbo a las presidenciales de 2018”. En las últimas semanas, solo estos personajes han puesto sobre la mesa y con claridad sus visiones sobre el futuro de México. El líder de Morena presentó un gobierno en la sombra e hizo más pronunciado su viraje al centro político para intentar desactivar la polarización que causa. El magnate mexicano, en cambio, ofreció una inédita conferencia de prensa en la que expuso parte del pensamiento empresarial de Trump e hizo un llamado a los políticos para impulsar el mercado interno.
 
El calendario electoral también hace difícil que los partidos encuentren puntos en común en el corto plazo. Este año se disputan las gobernaturas de Estado de México, la entidad más poblada del país; Coahuila y Nayarit. Los primeros dos bastiones importantes rumbo a las elecciones de 2018.

El momento de unidad ha dejado claro la distancia abismal que la sociedad mexicana tiene con sus políticos. “En lugar de construir se emplazan y se neutralizan unos a otros. Todo se vuelve un show de toma de posiciones”, considera Emilio Álvarez Icaza, exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de 2012

Álvarez Icaza cree que la sociedad mexicana debe tomar la iniciativa desaprovechada por el Gobierno. “La relación México-Estados Unidos se está convirtiendo en un campo de batalla de las políticas de Trump. Y el Gobierno mexicano no se ha dado cuenta de eso porque su respuesta a las agresiones ha sido desconcertante”. En su opinión, México dejó una oportunidad de convertirse en líder de la región al desairar la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) del 27 de enero. “Peña Nieto pudo liderar un bloque regional e ir con una resolución surgida de ese encuentro a la Organización de Estados Americanos (OEA). En su lugar, se quedó en su casa”.

El domingo, varias instituciones educativas y organizaciones de la sociedad civil saldrán a manifestarse en un movimiento llamado Vibra México. “Es un reclamo para tumbar los muros donde los haya. Pero no es un cheque en blanco al Gobierno de Peña Nieto”, agrega Álvarez Icaza. La marcha ha demostrado que la unidad no es monolítica. Otros quieren convertir el domingo en un acto de respaldo al Gobierno. Algunas organizaciones han llamado a concentrarse a la misma hora unos kilómetros más adelante. “Esa manifestación está convocada por grupos cercanos al Gobierno que han defendido sus acciones. Creo que tiene la intención de confundir”, agrega el exfuncionario de la CIDH.

Aunque los políticos no han podido capitalizar la unidad, sí son responsables de mantenerla. Un sondeo reciente de Consulta Mitofsky mostró el lastre que significó para el PRI el aumento del precio de los combustibles. El partido en el Gobierno es el más castigado y se ha convertido en el más repudiado al inicio de este año con una desaprobación de 51 por ciento. “Todos los priístas se han desplomado en la boleta de 2018. Ni uno solo se salva de este castigo”, dice Roy Campos. La frágil unidad nacional es una burbuja que puede romperse cuando México entre de lleno en la espinosa ruta de la sucesión presidencial.



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