Entrevistas

"México es mucho más que sus élites autoritarias"

2017-02-24

En el mejor de los casos confunden la prudencia con la sumisión, en el peor, ya se decidieron por...

Cecilia Ballesteros, El País

"En el mejor de los casos, el Gobierno de Peña Nieto confunde la prudencia
con la sumisión, en el peor, ya se decidieron por el colaboracionismo"


Lleva un tiempo enseñando en Estados Unidos, ahora en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans), por lo que Yuri Herrera (Actopan, México, 1970) tiene una posición privilegiada para observar lo que está pasando a ambos lados de la frontera. Autor, entre otras novelas, de Trabajos del reino ((Fondo Editorial Tierra Adentro), Señales que precederán al fin del mundo o La transmigración de los cuerpos (ambas en Editorial Periférica), acaba de publicar una recopilación de cuentos Talud (Literal Publishing) y ha encontrado tiempo entre clase y clase para reflexionar en esta entrevista, realizada por correo electrónico, sobre México en la era Trump.

Pregunta. ¿Cómo está viviendo como mexicano en EE UU el primer mes de la presidencia de Donald Trump?

Respuesta. Con horror, pero sin sorpresa. La situación de los migrantes en Estados Unidos ya era mala, y hay que repetirlo a las hordas de gente que sigue celebrando a Obama por sus intenciones, en lugar de evaluarlo por sus acciones concretas, como haber legado a Trump una maquinaria de deportación masiva bien aceitada, pero ahora la comunidad hispana debe enfrentar los odios y la persecución institucional que se han legitimado con el ascenso de Trump. Redadas ilegales, acoso en las garitas, invasión de domicilios. Es una ofensiva fascista, pero que ha comenzado ya a ser respondida, los migrantes no se asustan con facilidad, y creo que veremos más acciones similares a la de Un día sin migrantes.

P. ¿Cómo valora la posición del Gobierno de Peña Nieto y de la clase política mexicana ante el reto que supone Trump?

R. En el mejor de los casos confunden la prudencia con la sumisión, en el peor, ya se decidieron por el colaboracionismo. Esta actitud nadie la encarna mejor que el canciller Videgaray, que estaba en Washington reuniéndose con el equipo de Trump, mientras este reafirmaba sus declaraciones racistas y su intención de construir un muro que pague México. Quizás es que Videgaray está aterrorizado, o quizá siente genuina admiración por Trump y por su manera de lidiar con la oposición.

P. ¿Cree que esta actitud de Estados Unidos conllevará cambios en el panorama político y social de México en los próximos años?

R. Ya hay cambios sucediendo desde hace rato, no solo como reacción a Trump, sino como alternativa a las políticas y discursos que posibilitaron su ascenso. Pero para advertirlos hay que mirar más allá de los partidos políticos. Por ejemplo: los activistas de Mexicali Resiste que han impedido la privatización del agua; la gente que no se resigna a ser víctima ni a normalizar la impunidad, como Rompiendo el Silencio, que documenta y denuncia casos de tortura, en especial tortura sexual; los municipios autónomos que han logrado expulsar al crimen organizado, como ha sucedido en Cherán; la defensa de su comunidad y del medio ambiente que han hecho los pobladores de San Francisco Xochicuautla; entre muchos otros. Son acciones que van más allá de la resistencia, muestran a grupos sociales que están imaginando otras formas de intervención en la vida pública, otras formas de relacionarse entre sí y con el Estado.

P. La relación de México y EE UU siempre ha sido de amor o admiración y odio, ¿cree que algo se ha roto ahora?

R. Creo que hay que diferenciar a la población de un país de las oligarquías que lo gobiernan. Y recordar que la mayoría de los votantes de Estados Unidos no votó por Trump. Yo creo que la mayoría de los estadounidenses no comparte las visiones racistas de sus actuales gobernantes. Ya hemos visto una muestra en las manifestaciones espontáneas en pro de los migrantes, en la marcha de las mujeres en Washington, en la negativa de autoridades a lo largo de todo el país a que sus oficinas sean utilizadas como agencias de deportaciones, en los científicos que se están organizando para resistir el culto a la ignorancia de los republicanos y sus cómplices en la devastación del medio ambiente, en las universidades que se han declarado santuario de migrantes. Es una lucha difícil, pero no son pocos los que la están dando también dentro de Estados Unidos.

P. ¿Cuál cree que debe ser la actitud de México a partir de ahora? ¿Cuáles son sus armas?

R. Para empezar, dejar de ser complaciente con alguien que no respeta acuerdos y que ha decidido sólo aceptar la versión de la realidad que le preparan sus asesores o que mejor conviene a sus negocios. Frente a la agresión y los caprichos, valdría la pena mostrar algo de congruencia entre lo que se hace y lo que se critica: darle a los migrantes que pasan por México el mismo trato que se pide para los mexicanos en Estados Unidos, garantizar los derechos de las mujeres, detener el acoso a la prensa. Poner el ejemplo serviría como contraste mejor que cualquier comunicado de la cancillería.

P. ¿Cómo ve la situación política en México? ¿Es optimista o pesimista?

R. Si la situación política se refiere solo a las élites, pesimista, por supuesto. A pesar de que el fundamentalismo neoliberal ya es un fracaso evidente, siguen aferrándose a sus dogmas y culpando a la oposición del desastre que han instrumentado. Pero el país es mucho más que las élites autoritarias.

P. ¿Hay algo que el mundo de la cultura mexicana pueda hacer ante la actitud de la Casa Blanca hacia lo hispano y el español?

R. Quizá habría que comenzar por lo más obvio: defender el diálogo y la diversidad lingüística. No se puede pedir que cese el acoso a los hispanohablantes cuando en México se ponen tantas dificultades, por ejemplo, a las radios comunitarias en lenguas originarias. Si Trump y los suyos han llegado al poder promoviendo la ficción de un país monolítico, hay que insistir en el respeto a la diferencia. También, es urgente reactivar las relaciones con América Latina, que desde los años de Salinas de Gortari los sucesivos presidentes las han tratado como algo opcional. Es increíble que, justo en medio, de esta crisis Peña Nieto haya decidido cancelar su asistencia a la Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Pareciera que le incomoda más hacer alianzas en América Latina que el vasallaje frente a los Estados Unidos.

Hay que hablar sin miedo. Ser ciudadano es más que ir a votar cada que se lo indican, implica participar en la esfera pública. Quien dice “yo no me meto en política” no solo está asumiendo una posición política conservadora y conformista, sino que está asumiendo sin más un privilegio, el de esperar que otros le resuelvan sus problemas, defiendan el medio ambiente, la libertad de expresión, el Estado de Derecho. No se trata de afiliarse a nada, sino de comenzar por reconocer a los que sí están luchando.

P. ¿Cree que habrá una primavera mexicana? ¿Qué le parecieron las marchas de Vibra México contra Trump?

R. Ha habido muchas marchas importantes en los últimos años, es curioso que solo me pregunte por la que fue convocada por los sectores más conservadores del calderonismo, por el PRI, y por un grupo de intelectuales que, después de años de descalificar la protesta social, súbitamente esperaban que la gente se sumara a su convocatoria para marchar por la “unidad nacional”. “Unidad nacional” definida por unos políticos y unos intelectuales que desprecian los movimientos sociales, “unidad nacional” en torno a un gobernante que, como su antecesor Felipe Calderón, ha puesto en práctica políticas migratorias inhumanas y no ha protegido el derecho a la información. Súbitamente están asustados por lo que podría hacer el fascista neoyorquino como si los gobiernos que una y otra vez han apoyado no fueran ejemplos de intolerancia hacia la prensa y desprecio por los derechos humanos de los migrantes.



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