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Neymar demostró estar listo para heredar la corona de Messi en el Barcelona

2017-03-13

Messi estaba al borde del área del Paris St. Germain, agarrándose las rodillas, como si estuviera...

Rory Smith, The New York Times

No hubo una discusión indecorosa ni un debate acalorado y desesperante. El Barcelona tenía cinco minutos de juego y alguien tenía que cobrar un tiro penal. Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, no había fallado desde los once pasos en toda la temporada; de hecho, casi media hora antes había anotado uno.

Sin embargo, en ese momento, Messi estaba al borde del área del Paris St. Germain, agarrándose las rodillas, como si estuviera recuperando el aliento. A la izquierda del argentino, Neymar estaba de pie, con las manos en la cintura, esperando la señal. Sin aspavientos, en el momento más crucial de la temporada del Barcelona, Messi tranquilamente se hizo a un lado.

Aún no tenemos una respuesta definitiva que explique la razón por la cual Neymar tiró el penalti en lugar del hombre bajito y dominante que ha definido la década dorada del Barcelona. Lo más probable es que fuera un intento para despistar a Kevin Trapp, el arquero del PSG. Aunque, por los fantasmas de años recientes, en los que erró una serie de penaltis importantes en momentos cruciales, tampoco es imposible pensar que Messi simplemente haya tenido miedo.

No importa la causa; la consecuencia es clara. Neymar metió su segundo gol en tres minutos, después de haber anotado un tiro libre. El Camp Nou rugió y el PSG se derritió. Cuatro minutos más tarde, Neymar tuvo el balón de nuevo —esta vez 27 metros a las afueras del área—, simuló que iba a disparar, pero en cambio se la pasó a Sergi Roberto… el resto es historia.

“Es el mejor partido que he jugado”, afirmó Neymar inmediatamente después de que culminara la victoria histórica del Barcelona. Para ser sinceros, probablemente no sea la manera más apropiada de decirlo. A pesar de haber sido el más sobresaliente de los atacantes catalanes —y opacar a Messi, Luis Suárez y Andrés Iniesta— el brasileño no fue tan fino ni elegantemente destructivo como puede ser.

No, hay otra descripción más adecuada: en esos siete minutos, cuando él solo orquestó el regreso más grandioso en los anales de la Liga de Campeones, Neymar tuvo su momento más decisivo, el más influyente, el más dominante. Tal vez no fue su mejor juego, pero es probable que sí haya sido el más significativo.

Desde que debutó en el Santos de su Brasil natal, hay opiniones divididas en torno a Neymar. Una —la que promociona Pelé, ni más ni menos— es que es el heredero evidente de Messi para ser el mejor futbolista del planeta, el que llevará la batuta en la siguiente generación.

La otra es menos halagadora: su reputación proviene tanto del barullo de la mercadotecnia como del resultado de su brillantez. Por supuesto que nadie duda que sea un jugador con atributos exquisitos y particulares, pero desde hace tiempo hay una sospecha de que Neymar es mucho ruido y pocas nueces.

Realmente, esa teoría nunca se ha expuesto al escrutinio. A lo largo de su carrera, Neymar ha cumplido bajo presión. Lo hizo para el Santos en 2011, cuando lideró al equipo durante todo el camino hasta coronarse con su primera Copa Libertadores en 40 años: marcó en los cuartos de final, en la semifinal y en el partido de vuelta de la final, fue un joven con los nervios de acero de un hombre.

Le cumplió a Brasil: en contra de Chile en el Mundial de 2014, cuando los ojos y los sueños de todo su país estaban sobre él, anotó el penalti decisivo que llevó al anfitrión a los cuartos de final; en los Juegos Olímpicos, dos años más tarde, no solo arrastró a Brasil hasta la final cuando la presión que tenía encima era “inhumana”, según su entrenador de la selección nacional, sino que también metió el tiro penal que significó la medalla de oro.

Neymar nunca ha sido un jugador que solo brilla en los grandes momentos; pero suele tenerlos. El papel central que tuvo el 8 de marzo —cuando Messi, Iniesta y Suárez parecían haber perdido su encanto— no representa su metamorfosis; simplemente fue el momento ideal para exponer una vieja mentira.

Tuvo las agallas para lanzar el tiro libre, la frialdad para convertir el penalti, la confianza no solo de pasarle el balón a Sergi Roberto, sino de decirle que lo iba a hacer. Neymar reveló después del encuentro que le dijo al joven mediocampista que iba a hacer caso omiso de la altura de Gerard Piqué y de los instintos depredadores de Suárez para buscarlo a él, y solo a él, para mandarle el pase final.

Ahora, surge la tentación de sugerir que le ha arrebatado la bandera del mejor del mundo a Messi. Pero no hay que pensar lo anterior. Messi aún no tiene 30 años; incluso un cálculo conservador señalaría que le quedan tres o cuatro de sus mejores años.

Que Messi se haya hecho a un lado para no tirar ese penalti no representa un cambio de guardia; estos asuntos no se dan a esa velocidad, con tanta prontitud. En cambio, lo que demuestra es que Neymar estará listo para cuando llegue el momento.



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