Internacional - Población

Aumenta la preocupación en Libia por el reagrupamiento del Estado Islámico

2017-03-23

El general Thomas D. Waldhauser, encargado del Comando Africano del Departamento de Defensa, expuso...

Eric Schmitt, The New York Times

YAMENA, Chad — En enero, funcionarios estadounidenses se regocijaron en privado después de que bombarderos B-2 atacaran un campamento de entrenamiento del Estado Islámico en Libia y mataran a más de 80 militantes. Tras haber perdido su bastión costero en Sirte el mes pasado, parecía que el Estado Islámico se estaba tambaleando.

Sin embargo, ahora los funcionarios africanos y de Occidente dedicados a labores de contraterrorismo afirman que, aunque los dos ataques idénticos significaron un revés para la rama del grupo terrorista en Libia —la que alguna vez se temió que fuera la más letal al exterior de Irak y Siria—, sus líderes ya están reagrupándose y están aprovechando el caos y el vacío político que someten al país.

Este mes, el general Thomas D. Waldhauser, encargado del Comando Africano del Departamento de Defensa, expuso ante un pánel del senado que muchos militantes del Estado Islámico se estaban movilizando hacia el sur de Libia después de su expulsión de Sirte.

“La inestabilidad en Libia y el norte de África podría ser la amenaza a corto plazo más significativa para los intereses de Estados Unidos y sus aliados en el continente”, afirmó Waldhauser. “A pesar del éxito en Sirte, la rama del Estado Islámico en Libia sigue siendo una amenaza regional cuyos objetivos son personas e intereses estadounidenses”.

Libia sigue siendo un país violento y dividido, plagado de milicias independientes y de armas, que carece de un gobierno legítimo y unidad política. Trípoli, la capital, está bajo el control de diversos grupos armados que han construido feudos y que compiten por el poder desde el levantamiento que sacudió al país en 2011. En días recientes, se han dado varios enfrentamientos armados en Trípoli.

“Libia está cayendo en un caos”, señaló el general brigadier Zakaria Ngobongue, un alto funcionario chadiano que la semana pasada dirigió un ejercicio de contraterrorismo en la capital de Chad, el cual involucró a 2000 tropas e instructores africanos y de Occidente. “Es un polvorín”.

Los países vecinos de Libia se han apresurado a repeler la amenaza de los combatientes islámicos que buscan refugio dentro de sus fronteras o intentan reclutar a jóvenes para robustecer sus filas mermadas.

Para prevenir que se infiltren los militantes, Túnez, país que en años recientes ha sufrido varios ataques terroristas devastadores, ya construyó un muro de arcilla de 200 kilómetros, casi la mitad de la distancia de su frontera con Libia.

El mes pasado, Argelia anunció que había abierto una nueva base aérea en el extremo sur del país con el objetivo de incrementar la seguridad de sus fronteras con Mali, Níger y Libia.

Y en enero, Chad cerró sus fronteras con Libia por temor a una potencial infiltración terrorista. Este mes, el país volvió a abrir uno de sus principales cruces fronterizos para que los ciudadanos de Chad regresaran de Libia y por la presión que ejercieron poblaciones aledañas a la frontera que estaban sufriendo la escasez de tráfico comercial.

“Siempre que perdure el caos en Libia, correrá peligro la seguridad en el Sahel y en el Sahara”, señaló el presidente de Chad, Idriss Déby, en una conferencia de seguridad regional que tuvo lugar este mes en Bamako, Mali. El Sahel es un área vasta ubicada en el flanco sur del Sahara, la cual se extiende desde el este de Senegal hasta Chad.

El año pasado, las agencias de inteligencia de Estados Unidos brindaron cálculos generales respecto al número máximo de combatientes del Estado Islámico en Libia —principalmente en Sirte, pero también en Bengasi y Trípoli— y algunos rondaban los 5000 militantes.

Tal vez cientos de estos combatientes sobrevivieron y huyeron en varias direcciones dentro del país, o incluso hacia Europa, afirman funcionarios militares y analistas de inteligencia.

“La gran cantidad de milicias y de relaciones fracturadas entre las facciones del este y el oeste de Libia agravan la situación de seguridad, la cual alcanza a Túnez, Egipto y a casi todo el Magreb. Esto permite la movilización de combatientes extranjeros y provoca un flujo fuera de Libia, hacia Europa o a cualquier otro sitio”, señaló Waldhauser.



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