Internacional - Política

Los golpes bajos se imponen sobre las propuestas en una campaña tumultuosa

2017-04-18

El ganador de esa cita en noviembre, que contó con más de 4 millones de votantes, fue contra...

Luis Miguel Pascual

París, 18 abr (EFE).- Más golpes bajos que propuestas han caracterizado a la campaña de las presidenciales francesas, que ha basculado desde las investigaciones de corrupción de algunos candidatos a la proximidad de otros a posiciones polémicas en política internacional.

Por vez primera, los dos principales partidos del país, el Socialista y Los Republicanos, presentaban candidatos surgidos de unas primarias abiertas a todos los ciudadanos, una dinámica que parecía favorecer más a los conservadores.

El ganador de esa cita en noviembre, que contó con más de 4 millones de votantes, fue contra pronóstico el ex primer ministro François Fillon, que propulsado por ese impulso se situó al frente de las intenciones de voto, codo con codo con la ultraderechista Marine Le Pen.

Ese esquema saltó por los aires cuando el 25 de enero el semanario "Le Canard Enchaîné" sacó a la luz que el candidato conservador había dado a su esposa Penelope un empleo ficticio como asistenta parlamentaria.

Ese escándalo, que frenó sus expectativas electorales, le dificultó a la hora de hacer campaña, tanto a él como a sus fieles, muy criticados en el cara a cara con los ciudadanos.

Las caceroladas marcaron desde entonces sus mítines y muchos de los barones del partido, descontentos con la imposibilidad de hacer campaña, abandonaron al candidato.

Apoyado en sectores católicos tradicionalistas, Fillon organizó un gran mitin frente a la torre Eiffel el 7 de marzo que marcó el inicio de su mejoría en los sondeos.

A ello contribuyó también que los escándalos apenas estuvieron presentes en el primer debate televisado, que reunió a los cinco favoritos el 20 de marzo.

En el segundo, que reunió a los once postulantes el 4 de abril, estuvo marcado por los ataques del candidato de la extrema izquierda, Philippe Poutou, a Fillon y a Le Pen, los dos investigados por presuntos escándalos de corrupción.

"Fillon, cuanto más se busca, más se huele la corrupción y el engaño", lanzó Poutou, que reprochó a Le Pen esconderse tras la inmunidad parlamentaria para no testificar ante la policía pese a que se autoproclama como "antisistema".

"Nosotros no tenemos inmunidad obrera", dijo el candidato, trabajador de una fábrica de coches en Burdeos, en una frase que fue muy celebrada en las redes sociales.

La candidata ultraderechista, que tras las regionales de 2015 había reducido su presencia mediática, comenzó a aparecer de forma profusa y organizó varias "conferencias presidenciales" para presentar su programa electoral.

Sus mítines se vieron con frecuencia también perturbados por las manifestaciones de grupúsculos de la extrema izquierda, lo que acabó con enfrentamientos con las fuerzas del orden.

En cuestión de mítines, la palma se la ha llevado el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, avezado orador que ha reunido a miles de personas en ocasiones en varias ciudades de forma simultánea gracias a un sistema de hologramas.

El buen papel que hizo en los debates televisados y su éxito en mítines y en las redes sociales relanzaron su campaña hasta el punto de desbancar al socialista Benoît Hamon como principal baza de la izquierda.

Mélenchon ha privilegiado el contacto directo con los electores frente a las entrevistas televisadas, una estrategia que le ha permitido evitar los temas polémicos que le reprochan sus rivales, en particular su cercanía a líderes como el cubano Raúl Castro, el venezolano Nicolás Maduro, el ruso Vladimir Putin o el régimen iraní.

El socioliberal Emmanuel Macron, considerado favorito de los sondeos, comenzó su campaña con un intenso "puerta a puerta" para darse a conocer, puesto que nunca antes se había presentado a unos comicios de ninguna naturaleza.

A medida que se acercó la primera vuelta, Macron organizó grandes mítines con una clara estética estadounidense en los que se dedicó a desmentir la imagen de candidato tibio que le reprochaban sus rivales.

Pero el que fuera ministro de Economía entre 2014 y 2016, bajo la presidencia de François Hollande, se mueve mejor en la televisión y los sondeos le dieron como ganador de los dos debates televisados.



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