Vuelta al Mundo

Ante el fantasma de una Europa post-atlantista

2017-04-19

Todos los líderes de la Unión Europea se enfrentan a una elección: o permiten que Estados Unidos y...

JUDY DEMPSEY, Política Exterior

La nueva administración en Estados Unidos es la última oportunidad para la unidad de los europeos. La alternativa es la defunción de Europa tal como fue concebida en el Tratado de Roma hace 60 años.

Todos los líderes de la Unión Europea se enfrentan a una elección: o permiten que Estados Unidos y Rusia dividan el bloque –incluyendo su desestabilización– o asumen la necesidad de completar el proyecto que comenzaron 60 años atrás en Roma. Ese proyecto, apoyado por EU, consistía en poner fin a siglos de guerra, conflicto y desconfianza en el continente europeo. El proyecto no solo sobrevivió, sino que la UE floreció. Se convirtió en una increíble historia de éxito y capacidad de atracción para aquellos países que cayeron bajo el yugo del comunismo. Europa era un proyecto de libertad, prosperidad, seguridad y paz. Esos cuatro objetivos estaban anclados en la integración.

El fantasma al que hacen frente los europeos hoy es que, por primera vez desde 1945, el líder de EU ya no ve el valor de Europa. El presidente Donald Trump quiere desestabilizar la UE animando a sus miembros a seguir el ejemplo británico al abandonar el bloque.

“El cambio en Washington pone a la UE en una situación difícil: la nueva administración cuestiona la validez de los últimos 70 años de la política exterior estadounidense”, escribió el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en una carta dirigida a los líderes de la UE el 31 de enero antes de la cumbre de Malta. Merece la pena leer la carta, ya que Tusk señala abiertamente los mitos y engaños de varios dirigentes de la Unión y algunos líderes populistas cuando afirman que sus países estarían mejor si la UE se desintegrara. Ello “no conduciría a la restauración de una mítica soberanía plena de sus Estados miembros, sino a su dependencia real y fáctica de las grandes superpotencias: EU, Rusia y China”, afirma Tusk.

¿Es eso lo que en realidad quieren el presidente de Hungría, Víktor Orban, quien recibió a Vladimir Putin el 2 de febrero, o la líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, o la primera ministra británica, Theresa May?

¿Acaso no comprenden los dirigentes europeos que Europa se enfrentan a la inestabilidad si no resuelven los desafíos que Trump y Putin están lanzando al continente? Una inestabilidad demasiado peligrosa para tan siquiera contemplarla.

Los europeos pueden responder a este reto de cinco maneras sencillas.

En primer lugar, dejar de tratar la integración como un proyecto despreciable y elitista. La integración política y económica debe ser perseguida ahora de manera inmediata. Alemania, Francia y los otros países de la zona euro tienen la responsabilidad de empujar hacia delante. Con independencia de que todos los miembros de la UE apoyen una mayor integración o una Europa a dos velocidades, la integración debe ser una prioridad. En este sentido, es una buena noticia que diversos políticos moderados en Holanda, Francia y Alemania estén exaltando los valores de la UE en medio de las campañas o precampañas electorales en esos países. Aunque lentamente, algunos líderes proeuropeos están aprovechando el sentimiento presente en muchas asociaciones de la UE, dirigidas e impulsadas por voluntarios. Estos movimientos no quieren que las fuerzas populistas secuestren el discurso y rompan el futuro de la UE.

Estas tendencias son solo eso, tendencias. Pero es evidente que en Europa existe un apoyo a la Unión insuficientemente aprovechado. Brexit y Trump no tienen por qué ser profecías autocumplidas sobre la desaparición de la UE.

En segundo lugar, todos los países que se adhirieron a la UE se comprometieron con sus valores, en especial el Estado de Derecho y la separación de poderes. Estos valores están siendo hoy burlados por los gobiernos de Polonia, Hungría y Rumania. El nuevo gobierno de Bucarest introdujo a principios de año un decreto que detendría ciertas medidas contra la corrupción. Los rumanos han salido a las calles en masa para protestar. Pero esto no es suficiente: necesitan el apoyo de los líderes de la UE.

Las persistentes violaciones del Estado de Derecho pueden dar lugar a la suspensión de los derechos de voto de estos gobiernos en el Consejo Europeo, que representa a todos los Estados miembros. Los tratados de la UE permiten tal sanción. Por otra parte, ¿por qué los contribuyentes europeos querrían desembolsar decenas de miles de millones de euros para modernizar las infraestructuras de países cuyos gobiernos desprecian el compromiso de la UE con el imperio de la ley y sus valores?

En tercer lugar, se ha escrito mucho sobre la necesidad de una política de defensa y seguridad creíble en la UE. Las débiles fronteras exteriores de Europa, la amenaza terrorista y el cuestionamiento del compromiso de seguridad de EU con Europa son razones suficientes para que los dirigentes europeos tomen en serio su defensa. Incluso si Trump se comprometiese a continuar con el paraguas de seguridad que Washington ofrece a Europa, no es suficiente para hacer frente a las amenazas internas y externas a las que se enfrenta la UE.

En cuarto lugar, es preciso acelerar los acuerdos comerciales y no permitir que se conviertan en rehenes de los diversos grupos de presión estadounidenses. El comercio es prerrogativa de la Comisión Europea y no de los Estados miembros. El espectáculo del Parlamento regional de Valonia (Bélgica) tratando de secuestrar el reciente acuerdo comercial entre la UE y Canadá es una advertencia contra el proteccionismo. Tusk tiene razón cuando afirma que la Unión no debe abandonar su papel de superpotencia comercial abierta a otros. Pero se trata de algo más: como escribió en su carta, se trata de la defensa de un orden internacional basado en el imperio de la ley.

En quinto y último lugar, la UE necesita reforzar Ucrania. Y debe hacerlo rápido. Ucrania es el vecino estratégico de Europa; lo que ocurre allí afecta la seguridad y los valores del continente. La reciente oleada de combates en el Este del país iniciada por fuerzas respaldadas por Rusia podría interpretarse como la forma que tiene Putin de probar su relación con Trump. Los líderes europeos no deben vacilar o retrasar su respuesta ante lo que sucede en Ucrania. Las sanciones contra Rusia serían revertidas si los combates no se intensificaban. Por otra parte, la asistencia económica y política al gobierno de Kiev debe incrementarse al tiempo que se da un mayor apoyo a la lucha contra la corrupción en el país.

Las propuestas anteriores no son ingeniería aeroespacial. Lo que requieren es impulso político y comunicación. Las palabras en las cumbres y los discursos dignos han continuado sin que se produzca un cambio en la realidad. Si los líderes europeos no se dan cuenta de lo que está sucediendo al otro lado del Atlántico y en el Este de Europa, son ellos los que precipitarán el final del gran proyecto posterior a 1945.



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