Migración

Las medidas de Trump devuelven el miedo a la rutina de los indocumentados

2017-04-27

Hacía años que Astrid Silva no tenía que mirar por encima del hombro para comprobar si le seguía la...

Beatriz Pascual Macías

Washington, 27 abr (EFE).- Hacía años que Astrid Silva no tenía que mirar por encima del hombro para comprobar si le seguía la policía. Pero ahora, casi cien días después de la llegada al poder de Donald Trump en EU, la joven indocumentada vive de nuevo con un miedo que se le había vuelto ajeno.

"Ha sido un despertar, ¿quién en este momento está sin peligro?", dice a Efe Silva, residente en el estado de Nevada.

La mujer ha tenido que recuperar las "viejas rutinas" de su adolescencia cuando, por ejemplo, tenía que desenvolverse sin ningún tipo de identificación porque los indocumentados no podían tener licencias de conducir, el carné de identidad más común en EU y al que tienen acceso los indocumentados de Nevada desde 2013.

El cambio no ha sido fácil para Silva, que llevaba cinco años viviendo de una "forma más calmada" porque pudo acogerse al plan de acción diferida (DACA), proclamado en 2012 por el expresidente Barack Obama para frenar la deportación de 750,000 indocumentados que llegaron a EU de niños y son conocidos como "soñadores".

Durante la campaña, Trump prometió que derogaría DACA y, en febrero, cambió su postura y aseguró que trataría a los jóvenes indocumentados con "corazón", aunque no ha dado más detalles.

"De lo que dice a lo que hace hay una gran diferencia", dice Silva, que tiene muy presentes los casos de "soñadores" deportados por Trump, como el mexicano Juan Manuel Montes, expulsado en febrero y que, según el Gobierno, había perdido la protección de DACA por incumplir algunos de los requisitos del programa.

Silva tiene miedo, sobre todo, por su familia y por su padre, que recibió una orden de deportación en 2001 y en 2011 fue detenido, aunque fue pospuesta su expulsión del país.

"Lo que existe ahora en la comunidad es pánico. Y hacía muchos años que no sentía eso. Recuerdo cuando era pequeña y oía hablar de las redadas en los aeropuertos y cosas así. Siempre me figuraba qué miedo, qué susto vivir así y creo que ahorita es así como está viviendo nuestra comunidad", argumenta Silva.

Nacida en Durango (México), Silva cruzó el río Bravo en una balsa de neumáticos y llegó a Estados Unidos agarrada a un muñeco, con solo cuatro años y con un vestido de volantes.

La joven, hija de un jardinero y una empleada del hogar, creció en un pequeño apartamento, compartió habitación con su hermano, se convirtió en una estudiante brillante y logró entrar en una escuela de tecnología a espaldas de sus padres, que temían que alguien descubriera que era indocumentada.

Su persistencia mereció una mención especial de Obama, quien contó su historia durante un discurso en noviembre de 2014 para ilustrar la situación de los 11 millones indocumentados en EU

En ese discurso, Obama proclamó una ampliación del programa DACA y una nueva medida destinada a frenar la deportación de indocumentados con hijos con residencia permanente o ciudadanía estadounidense.

Una de las personas que se habría beneficiado de esas nuevas medidas, que nunca llegaron a entrar en vigor, es Patty Serrano. Ella llegó a Estados Unidos hace casi 25 años, tiene un hijo estadounidense y vive en Escondido (California), uno de los municipios más hostiles a los inmigrantes indocumentados.

Escondido se ubica en una zona rural conservadora, a solo 45 minutos en coche de la frontera con México, y ha ganado mala fama entre los inmigrantes por la inusual colaboración que el Ayuntamiento mantiene desde hace años con el Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) para favorecer las deportaciones.

"He recibo muchas más llamadas de gente de Escondido o de otros lugares con gente pidiendo ayuda. Hubo un hombre, por ejemplo, que lo deportaron porque hace 20 años lo detuvieron conduciendo bajo la influencia del alcohol. ¡Hace 20 años!", cuenta a Efe Serrano, que participa en un grupo local para defender a los inmigrantes.

Entre las controvertidas medidas adoptadas por Escondido y que han sido denunciadas por organizaciones como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) destaca la instalación de puestos de control en las carreteras para interceptar a conductores sin licencia, normalmente inmigrantes indocumentados.

Serrano reconoce que siente "miedo", pero asegura que no va a dejar de conducir porque necesita el vehículo para desplazarse por los diferentes municipios de la región y dar, junto a su grupo, unas charlas destinadas a informar a los inmigrantes indocumentados de cuáles son sus derechos.

"Estoy en un punto de mi vida en el que digo, bueno, si me sacan, me sacan. Antes no podía permitírmelo porque tenía un hijo menor de edad, pero ya está", reconoce.

"La verdad es que pienso, ya dejé mis mejores años de trabajo aquí, no voy a poder tener un seguro social, ni un retiro para la vejez, mi mamá está muriéndose en México, así que tal vez eso es lo que mejor podría pasarme para poder estar los días que pueda con ella", reflexiona Serrano.

Sin embargo, a pesar del inevitable desaliento, Serrano se apresura a acabar la conversación porque solo en unos minutos comienza una reunión con su grupo de "guerreras".

Están tratando de crear una unidad de asistencia con psicólogos para ayudar los niños hispanos que tienen miedo a ir a las escuelas, así que no, Serrano no tiene ni un minuto que perder.



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