Mujeres

Llevar a tu bebé al trabajo no es una locura 

2017-05-02

Con Uma, quise tener una experiencia distinta. Me ascendieron a directora general en una empresa...

Sarita James, The New York Times

Uma es mi tercera hija. Cuando sus hermanos nacieron, trabajaba en un banco grande y tuve la posibilidad de tomar trece semanas de incapacidad por maternidad con goce de sueldo. Estaba muy agradecida por estar en casa durante sus primeras sonrisas desdentadas, aunque extrañaba los problemas y a los compañeros del trabajo. Intenté trabajar en algunos proyectos desde casa cuando nació mi primer hijo, pero me di cuenta de que el trabajo remoto era solitario. La segunda vez bloquearon el acceso a mi correo electrónico, así que estaba totalmente fuera.

Con Uma, quise tener una experiencia distinta. Me ascendieron a directora general en una empresa que desarrolla software para programas de admisiones en universidades y, aunque la empresa ofrece periodo de maternidad con paga, decidí regresar a la oficina cuando Uma tenía seis semanas de nacida.

Pensé: “¿podré llevar a Uma conmigo a la oficina?”. Ya podía cargarla en un fular que me dejaba las manos libres. La bebé dormía más de quince horas al día y yo sabía que, a pesar de mis mejores esfuerzos, dormiría más durante el día que durante la noche.

“¿Suena muy descabellado?”, le pregunté a mi esposo. No quería que mi hija creara una distracción desagradable, y podía imaginar las miradas de terror e incredulidad de mis colegas. “Bueno, solo sabrás si es una locura hasta que lo pruebes”, contestó mi esposo.

La primera mañana que Uma pasó en mi oficina, mis compañeros de trabajo pasaron a admirarla. Pero para el mediodía, todo el mundo había regresado a sus actividades. Cuando Uma comenzó a quejarse, me sobrepuse a la vergüenza y la alimenté bajo una manta. Al final del día estaba exhausta, pero emocionada por la posibilidad de lograrlo.

Pude organizar mi horario para analizar mis hojas de cálculo cuando Uma dormía y para atender juntas cuando era más probable que estuviera despierta, pues la bebé disfrutaba mucho observar detenidamente las caras de mis colegas. Casi nunca lloraba, siempre y cuando la alimentara cuando tenía hambre, le cambiara el pañal cuando se mojaba y me levantara a darle un paseo si sentía que necesitaba un cambio de escenario. Me sentí afortunada; no recuerdo que mis niños fueran tan tranquilos. Aunque también creo que Uma disfrutaba estar en el fular: se ha comprobado que llevar a los bebés a canguro reduce su llanto y sus quejas.

¿Puedo decir que nunca me distrajo? Por supuesto que no. Mis colegas y yo muchas veces nos deteníamos a jugar con ella. Una de mis colegas presumía ante sus amigos que trabajan en oficinas a las que se puede llevar mascotas que nosotros teníamos a “una bebé de oficina”. Uma tuvo fiebre una o dos veces y la tuve que llevar a casa. Justo antes de su siesta vespertina, se ponía un poco molesta y tenía que pasearla alrededor de la sala de espera mientras lloriqueaba.

Uno de mis recuerdos favoritos sucedió un día en que el lloriqueo se convirtió en franco llanto. Me sentí avergonzada y Ben, nuestro jefe de soporte técnico, me preguntó si podía cargarla. Todo el mundo volteó a verlo, porque Ben es muy reservado y nunca la había cargado antes. Cuando la levantó hacia el techo, Uma sonrió inmediatamente. Los ingenieros comenzaron a cantar “El ciclo de la vida”, la canción en la que presentan al bebé Simba a los demás animales en la película El rey león.

El único aspecto que todavía me preocupaba eran las juntas con los clientes. Una de nuestros clientes más importantes y serios venía del Reino Unido para una sesión de trabajo de cuatro horas. Pensé que sería más fácil que una niñera cuidara a Uma, en caso de que la clienta pensara que no estábamos dándole la suficiente importancia a la junta. Sin embargo, cuando intenté darle una botella a Uma, se negó a tomarla. Intenté con cinco botellas distintas para ver si podía convencerla, pero ninguna funcionó.

Así que tuve que llevarla a la reunión. Se durmió en la carriola mientras la clienta nos bombardeaba con información sobre las necesidades de su organización. Durante un receso, miró a Uma y nos contó del gran cariño que sentía por su sobrinita. “Puedo decir que me sentí muy complacida con esta sesión. Además, tienes una hija hermosa y bien portada, así que disfrútala”, dijo.

Me dio confianza para llevar a Uma a juntas con clientes e inversionistas, así como a eventos para hacer contactos durante las tardes. Uma parecía ayudar a todos a olvidar sus problemas e inseguridades y a crear conexiones más profundas.

Sin embargo, cuando Uma cumplió cuatro meses y medio, comenzó a escaparse de su tapete. Era momento de que tuviera atención completa para que pudiera explorar el mundo libremente. Nuestro experimento llegaba a su fin y yo estaba muy agradecida por haber sido tan afortunada.

Si yo hubiera trabajado como, por ejemplo, cocinera, doctora, chofer o soldadora, jamás habría podido intentarlo. Sin embargo, es posible que muchos padres, y no solamente las mujeres profesionistas “perfectas” que podrías imaginar, puedan descubrir que este modelo les funciona, si logran que sus jefes estén de acuerdo.

Me enteré de que existe un movimiento en auge, liderado por el Parenting in the Workplace Institute, que anima a más padres y madres a llevar a sus hijos al trabajo. Durante la última década, el grupo ha registrado a más de 2100 bebés que han ido a más de 200 organizaciones estadounidenses, que incluyen compañías de consultoría, legales, de contabilidad, tiendas minoristas, escuelas de danza y oficinas de gobierno.

El mayor beneficio, según informa el instituto, es la retención del personal y su satisfacción, sin los riesgos o los costos asociados con tener una guardería dentro de las oficinas. Curiosamente, el instituto también ha recibido informes de padres que atienden negocios de ventas acompañados de sus bebés y que han descubierto que estos ayudan a aumentar las ganancias, pues los clientes van a comprar con más frecuencia.

Por supuesto, soy directora general, rindo informes solo al consejo y no tenía un jefe que me lo impidiera. Aun así, espero que otros puedan seguir mi ejemplo.

El concepto de llevar a los bebés al trabajo quizá nunca se vuelva muy popular. Sin embargo, más trabajadores y sus jefes deberían considerarlo.



arturo