Curiosidades

Cómo los gatos se convirtieron en los amos del internet

2017-05-03

El glorioso ascenso de mi amiga peluda me causó impacto, y no soy la única consternada. Nadie tenía...

Abigail Tucker, The New York Times

Hace poco necesitaba una foto de un gato para mi página web personal. Usé a Lulu. Era gordita, de color naranja y pertenecía a la antigua compañera de cuarto de la novia de mi hermano. Poco después la dueña de Lulu decidió que su modelo gatuna necesitaba una cuenta de Instagram.

Eso fue hace seis meses y mientras el tráfico de mi página web ha disminuido, Lulu ya tiene casi 40,000 seguidores en Instagram. “Sé la lindura que deseas ver en este mundo”, reza una de sus publicaciones. En otra presume desde un cesto de ropa sucia.

El glorioso ascenso de mi amiga peluda me causó impacto, y no soy la única consternada. Nadie tenía la intención de que internet estuviera plagado de gatos (cuando al pionero digital Tim Berners-Lee le preguntaron qué era lo que más lo sorprendía de internet, contestó: “los gatitos”). Sin embargo aquí, están, modelando peluquines hechos de su mismo pelaje desechado como parte del movimiento “Trumpea a tu gato” o apareciendo para protestar contra el brexit.

Por supuesto que nadie tenía la intención de que el planeta estuviera plagado de gatos caseros. De muchas maneras, su dominio en línea es una extensión de sus conquistas terrestres. Un estudio reciente de ADN felino antiguo mostró cómo los gatos dejaron sus tierras nativas en el Oriente, escabulléndose con los navegantes humanos —incluyendo a los vikingos— y luego siguieron invadiendo una gran cantidad de hábitats.

Esto es muy parecido a lo que sucedió en internet. Se piensa que la comunidad en línea 4Chan introdujo el LOLcat (el gato muerto de la risa) a mediados de los años 2000 como una broma. Sin embargo, los gatos LOL escaparon, se propagaron y multiplicaron igual que los gatos vikingos o los gatos forajidos de la era colonial australiana, que se han convertido en casi 20 millones de gatos callejeros.

Los gatos no son las únicas criaturas que han crecido en línea, por supuesto, y de hecho los perros los eclipsan en el tráfico de búsquedas. No obstante, su éxito viral es único. Según datos de Buzzfeed, las publicaciones más populares de gatos obtienen casi el cuádruple del tráfico de los perros con más clics.

Las imágenes de gatos también tienen un poder de permanencia sin paralelo. Los memes de otras criaturas —el búho nevado “O Rly” [“¿En serio?”], el pingüino socialmente raro— tienden a ascender y luego caen rápidamente. Los gatos, en cambio, se quedan arriba, como predadores en la cima de los pixeles cuyos picos de atención en línea perduran durante meses o años.

Su éxito virtual se origina en su biología real. Los gatos son solitarios, hipercarnívoros asociales hechos para una sola cosa: comer carne. El famoso meme del gato I Can Haz Cheeseburger, en el que un gato gris con la boca abierta exige una hamburguesa grande, captó muy bien la idea. Cada fibra del ser felino ha evolucionado para cazar y emplean un acercamiento característico para vigilar y emboscar. Primero, se quedan muy quietos, esperan hasta que una presa pasa inocentemente por ahí y luego saltan desde la maleza para asesinarla.

Acechar y abalanzarse es perfecto para un Vine de seis segundos o un breve tuit. Piensa en tus videos favoritos de gatos en YouTube: un gato salta a una caja, o le da un coscorrón a un bebé sin aviso, o sale disparado de debajo de la cama. Lo que estás viendo es una emboscada.

Los perros, en contraste, no son predadores sorpresivos. Sus parientes salvajes, los lobos, son cazadores de largas distancias, que rastrean a sus presas por kilómetros. Esas personalidades perrunas son mejores para los argumentos narrativos, razón por la cual los caninos superan numéricamente a los gatos en las películas y novelas. Sin embargo, el internet se parece más a la poesía: no es lineal, es fragmentado, espontáneo y explosivo, un lugar donde es posible esconderse y dar un golpe simultáneamente. Y, desde el Dr. Seuss hasta T. S. Eliot, la poesía es un raro medio en el que los gatos prevalecen sobre los perros.

Los hábitos sociales de los gatos —o, más bien, su falta de ellos— también los hacen mejores para la vida en línea. Los perros son animales muy sociables, cuyo comportamiento refleja nuestras propias emociones, por lo que si no hay personas cerca de ellos físicamente pueden verse como seres inacabados.

Los gatos, en cambio, son independientes. Como necesitan cantidades asombrosas de carne, son solitarios por necesidad, y patrullan solos largos tramos de territorio. Se desempeñan mejor cuando están totalmente aislados, y sentimos casi la misma satisfacción cuando admiramos a un gato en una pantalla de computadora que cuando vemos a uno echado en nuestra alfombra.

¿Qué hay sobre la quintaesencia del producto de internet, las fotos de gatos? Estos retratos no presentan ni socialización ni violencia, y sin embargo su atractivo sigue relacionado con la biología felina, a través de la maravillosa estructura del rostro felino.

Como cazadores que vigilan y esperan, los gatos tienen grandes ojos redondos justo en el centro de su cabeza, lo que les da una excelente profundidad de percepción cuando se agachan para matar. Tienen pequeñas narices respingonas, puesto que espían desde sus escondites en lugar de olfatear a sus presas por kilómetros, como los perros. Tienen caras redondas y “mejillas” regordetas, resultado de una mandíbula corta y poderosa, diseñada para dar mordidas asesinas.

Estas características faciales, una síntesis aterradora de la fatalidad felina, también conforman lo que los humanos consideramos como algo lindo. Nos recuerdan a nuestros propios rostros, en especial a los de nuestros bebés, ya que los humanos también tienen grandes ojos al centro de la cabeza, que usamos en gran parte para leer las expresiones faciales de los demás. A través de esta semejanza entre especies, asombrosa pero accidental, las caras de los gatos nos invitan a comunicarnos, ya sea a través de una publicación o un tuit.

En la naturaleza, los gatos no se comunican mucho. La mayoría interactúa con otros miembros de su misma especie solo cuando luchan o se aparean. A diferencia de los perros que viven en manadas y cuentan con un gran repertorio expresivo, los gatos tienen caras que son lienzos vacíos. Como sugiere John Bradshaw, el conductista de animales, sus rostros son sorprendentemente humanos pero también perpetuamente impávidos.

Es por eso que las fotos de gatos parecen exigir que les pongamos subtítulos: nos sentimos motivados a llenarlas de significado. Hello Kitty, cuya fama anticipó el éxito de los gatos en línea, exagera esta seductora inexpresividad al carecer de boca. Sin embargo, también nos cautivan los gatos cuya expresión ya parece predeterminada. Muchos felinos en la cima de internet, como el Grumpy Cat, o gato gruñón, tienen deformidades en la boca que hacen que parezca que sonríen o hacen muecas, como si fueran emoticonos peludos.

Aunque los gatos estaban predestinados para el dominio virtual, podrían haber quedado fuera del barco si internet hubiera comenzado un poco antes. Hasta hace medio siglo, más o menos, la mayoría de los gatos que eran mascotas vivían afuera de la casa y —precisamente porque son solitarios, enigmáticos y en gran medida nocturnos para iniciar sus actividades— raras veces los veíamos por periodos largos. Solo recientemente, con el advenimiento del “gato de interiores” hemos tenido acceso a verlos todo el tiempo y ahora tenemos la capacidad de inmortalizar cada uno de sus movimientos.

No obstante, como siempre pasa con los gatos, estas fotos y videos en el celular solo nos dan la ilusión de control. Varados en nuestras salas pero sueltos en línea, los gatos evitan que los atrapemos otra vez.



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