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¿Huida hacia adelante o tropezón?

2017-05-05

Una muy poblada Constituyente (500 miembros) y, además, corporativa y de representación indirecta...

Diego García-Sayan, El País

 

“Huir hacia delante” no es otra cosa que seguir adelante sin tener en cuenta varias señales que normalmente deberían conducir a enmendar el rumbo. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando un individuo ante situaciones conflictivas prefiere escapar de ellas, no afrontándolas y resolviéndolas, sino persistiendo en su conducta. Cuando eso pasa a nivel de un país y con millones de personas de por medio, los efectos son muy serios.

La convocatoria a una Asamblea Constituyente anunciada el 1 de mayo por Nicolás Maduro en Venezuela ha sido, por eso, correctamente calificada por varios comentaristas como una “huida hacia delante”. Poca —o ninguna— posibilidad de que con ese paso se supere la crisis venezolana, sino que, por el contrario, se profundice la polarización interna, las contradicciones en el poder y el aislamiento internacional del país en medio de una situación en la que a millones se les ha privado de alimentos, medicinas y seguridad.
    
Sobre esta “huida hacia delante” —que, en realidad, parecería ser un gran tropezón— destacan tres componentes.

En primer lugar, la Constituyente anunciada no responde para nada a la explosión social que hoy recorre Venezuela relacionada al colapso del abastecimiento alimenticio y de medicinas, la inflación y la incontrolable inseguridad ciudadana. En un contexto en el que más de tres millones de venezolanos buscan su alimento en la basura y en el que faltan en los hospitales el 90% de las medicinas, el anuncio de la Constituyente no da respuesta a eso.

Una muy poblada Constituyente (500 miembros) y, además, corporativa y de representación indirecta poco tiene que ver con la angustia cotidiana que hoy lacera a millones de familias. Al revés, la ineficiencia multiplicada por 500 constituyentes podría acabar echándole más limón a la herida de la angustia e incertidumbre ciudadana.

En segundo lugar, porque la polarización existente, que es no sólo social sino política, no encuentra en esta medida gubernamental la más mínima señal hacia la apertura o el diálogo político; por el contrario, “más de lo mismo”. El régimen se aprovecha a cada rato de una oposición a veces dividida y en la que ciertos sectores son a veces un tanto reacios a una negociación o diálogo. Con esta medida gubernamental, distanciada de cualquier diálogo con la oposición, se podría acabar dando alas precisamente a quienes en la oposición tampoco ven viables espacios negociadores.

En tercer lugar, porque va a acentuar el aislamiento internacional del Gobierno. Aumentará la presión internacional y con ello, acaso, más “huidas hacia adelante” del régimen con su directa repercusión en mayor polarización interna y dentro del propio régimen. No creo que la comunidad internacional se compre la idea de que esta convocatoria es una salida electoral libre y democrática. Al revés. Mientras el Vaticano anuncia la posibilidad de participar en un proceso de diálogo o negociación, se da este paso unilateral muy distante de cualquier camino o solución negociada.

Con el nombre de “Constituyente”, pues, se está profundizando la ruptura de la constitucionalidad y, a la vez, persistiendo en una ruta de gestión gubernamental que ha dejado a este país exportador de petróleo en el colapso. Un cuadro de polarización acelerada y acentuada no se resuelve con más polarización, sino con rutas de entendimiento y negociación, aunque fuere sobre aspectos parciales. Veamos con qué grado de creatividad y unidad la oposición es capaz de manejar en las siguientes semanas el reto de su propia unidad y esa compleja —y necesaria— combinación de lucha en las calles con aperturas de espacios de negociación que hagan de la necesaria transición una ruta de salida real y no un taponeado callejón oscuro.



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