Editorial

Trump y Comey, una historia llena de tensiones

2017-05-10

Algunos consejeros del gobierno federal dijeron que, desde la semana pasada, varios funcionarios de...

Julie Hirschfeld Davis, The New York Times

La decisión del presidente Donald Trump de despedir a James Comey, el director del FBI que lideraba una investigación sobre los posibles vínculos entre su campaña y Rusia, fue un anuncio que sacudió a Washington. Pero era de esperarse.

Cualesquiera que hayan sido las razones oficiales para el despido, la destitución de Comey fue el desenlace abrupto de sus relaciones con el mandatario, que durante los últimos meses se habían vuelto muy tóxicas.

La relación comenzó a afectarse durante la campaña presidencial después de que Comey indicó en julio que Hillary Clinton no sería acusada por el uso de un servidor de correo personal privado; eso contravenía el mensaje de los mítines de Trump acompañado de cánticos de “¡enciérrenla!”. Empeoró mucho más cuando Trump fue elegido presidente y Comey no respaldó su acusación de que el presidente Barack Obama había intervenido sus teléfonos.

Y alcanzó su punto más bajo después de que el ahora exdirector del FBI confirmó durante un testimonio juramentado ante el congreso que el buró sí investigaba posibles vínculos entre el equipo de campaña de Trump y Rusia.

Algunos consejeros del gobierno federal dijeron que, desde la semana pasada, varios funcionarios de alto rango de la Casa Blanca y del Departamento de Justicia tuvieron el encargo de armar un caso para justificar el despido de Comey y que se le pidió al fiscal general, Jeff Sessions formular razones para destituirlo.

El razonamiento –especificado en cartas emitidas por Sessions y el subprocurador Rod Rosenstein– terminó siendo que Comey había manejado de manera equivocada la investigación sobre los correos electrónicos de Clinton por, entre otras cosas, publicar “información derogatoria” al cerrar el caso y decir que no debía ser imputada.

“El director del FBI, Comey es lo mejor que le ha pasado a Hillary Clinton porque le dio un pase libre por muchas fechorías”, tuiteó Trump el 3 de mayo.

La destitución de Comey se produjo tras una campaña pública del presidente para socavar la investigación de sus asesores de campaña. “La historia de la colusión entre Rusia-Trump es un engaño total”, dijo en Twitter el lunes 8 de mayo. “¿Cuándo terminará esta farsa pagada por los contribuyentes?”.

La gota que derramó el vaso parece haber sido la audiencia de Comey ante el Capitolio la semana pasada, cuando testificó que estaba “ligeramente asqueado” al pensar que podría haber influenciado el resultado de la elección presidencial pero que no tenía ningún arrepentimiento sobre cómo gestionó la investigación a Clinton.

Durante la campaña, Trump llegó a declarar que el personal del FBI debería estar “extremadamente apenado” por no presentar cargos contra Clinton y “haberla salvado” de lo que tildó de “acciones ilegales y corruptas”. Sin embargo, Comey reapareció a una semana de la elección al enviar una carta al congreso en la que indicaba que se habían encontrado nuevos correos electrónicos que formarían parte de la investigación de Clinton. En ese momento, Trump declaró que había mejorado su opinión sobre el exdirector del FBI.

“Respeto que el director Comey haya regresado después de lo que hizo”, dijo Trump a finales de octubre en un mitin en Phoenix, Arizona. “No era su fan, pero les voy a decir: lo que hizo, recuperó su reputación. La recuperó”, agregó en otro evento de campaña en Michigan.

No obstante, Trump estaba iracundo después de que varios demócratas y la misma Clinton sugirieran que él no habría ganado si no fuera por las acciones de Comey. Un asesor dijo que tuvieron que convencerlo de dejarlo a cargo del FBI, pero desde ese momento el presidente indicó que podría cambiar de parecer en cualquier momento. En una entrevista con CBS en noviembre declaró que la suerte de Comey dependería de si lograba convencerlo de que tomó las acciones correctas respecto a la investigación de los correos de Clinton.

El desdeño hacia Comey se volvió más intenso a principios de marzo, cuando Trump acusó –en Twitter y sin proveer evidencia– que Obama había intervenido los teléfonos de la Trump Tower. La mañana siguiente se corrió la voz de que Comey quería que el Departamento de Justicia, bajo el cual opera el FBI, emitiera un comunicado declarando que no había evidencia alguna para respaldar las denuncias de Trump. Al final no fue emitida ninguna misiva.

Comey declaró durante un testimonio que no tenía información que pudiera confirmar las acusaciones del presidente; ese mismo día lo que sí confirmó fue que el buró investigaba a los integrantes del equipo de campaña de Trump.

Eso fue impactante porque mostró a un director del FBI contradiciendo de forma directa a un presidente en funciones, mientras investigaba si los asociados del mandatario habían estado coludidos con Moscú.

En abril, Trump indicó en Fox News que “no es demasiado tarde” para despedir a Comey. “Veremos qué sucede, será interesante”.



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