Ciencia y Tecnología

Amazon, Apple, Facebook, Microsoft y Google nos tienen atrapados

2017-05-12

Amazon se ha convertido en más que solo una tienda para mi familia. Es mi confesor, el que guarda...

Farhad Manjoo, The New York Times


Hace algunas semanas compré un televisor nuevo. Cuando terminé todo el proceso, me di cuenta de que había sucedido algo increíble: para pasar por todos los detalles exasperantes que rodearon esta transacción comercial —decidir qué comprar, cuáles eran los accesorios que necesitaba, cómo y dónde instalarla, y a quién contrataría para hacerlo—, tuve que lidiar solo con una corporación que se encuentra en todas partes: Amazon.

No fue solo la televisión. Cuando empecé a repasar otras decisiones recientes que había tomado al momento de comprar artículos para el hogar, me di cuenta que en 2016 casi el 10 por ciento de mis transacciones comerciales relacionadas con el hogar habían sido por medio Amazon, una cantidad mucho mayor a cualquier otra empresa con la que mi familia hubiera lidiado.

Incluso con sus Echo, sus dispositivos de Fire TV, sus audiolibros, películas y programas de televisión, Amazon se ha convertido en más que solo una tienda para mi familia. Es mi confesor, el que guarda mis listas, mi proveedor de comida y cultura, una fuente de entretenimiento, un educador y una niñera para mis hijos.

Puedo sonar exagerado, pero, ¿qué me dicen ustedes? Sospecho que si examinan de cerca su vida, hay una gran posibilidad de que haya otra empresa tecnológica que está realizando para ustedes el mismo papel que Amazon desempeña conmigo: son los guardias de una cárcel corporativa muy cómoda.

He aquí el dato más deslumbrante y menos valorado del capitalismo en la era del internet: todos nosotros irremediablemente somos esclavos de un puñado de empresas tecnológicas de Estados Unidos que dominan gran parte de la economía global en la actualidad. Por supuesto que me refiero a mis viejos amigos, los Cinco Temibles: Amazon, Apple, Facebook, Microsoft y Alphabet, la empresa matriz de Google.

Las cinco están entre las empresas más valiosas del planeta, con un valor colectivo de billones de dólares (Apple alcanzó los 800,000 millones de dólares en su capitalización bursátil esta semana, la primera sociedad mercantil pública en lograrlo, y las otras podrían no estar tan lejos). Y a pesar de la imagen que se proyecta de Silicon Valley como un mar turbio y disruptivo, estas cinco empresas solo se han vuelto más fuertes y ricas con el tiempo.

Este crecimiento ha dado pie a que se pida mayor regulación e intervención antimonopólica. También ha aumentado la preocupación respecto de su influencia en la cultura y la información —por ejemplo, el temor de que Facebook pudiera afectar las democracias—, así como la amenaza implícita que significan para las jurisdicciones de los gobiernos del mundo.

Todos estos temas son importantes, pero también son fríos y abstractos. Por lo tanto, una mejor forma de apreciar el poderío de estas cinco empresas podría ser verlo a menor escala en vez de a una mayor: examinar el papel que tiene cada una de ellas en tus actividades diarias, y la manera particular en que se enganchan en tu psique.

La semana pasada se me ocurrió un juego divertido para esto: si un monarca malvado y con fobia a la tecnología los obligara a abandonar a cada uno de los Cinco Temibles , ¿en qué orden lo harían y qué tanto se deterioraría tu vida por hacerlo? Para poder responder estos cuestionamientos, por favor, tómense un momento para realizar la prueba empresarial de esta columna.

Cuando analicé esta cuestión teórica, encontré que dejar a los dos primeros gigantes de la tecnología era bastante sencillo, pero después el proceso se volvió cada vez más insoportable. Para mí, Facebook fue el primero en irse. Suelo socializar en línea con Twitter, el sistema de mensajería de Apple y Slack, la aplicación para chatear en la oficina, así que no fue tan complicado perderme del popular servicio de Mark Zuckerberg (y sus filiales: Instagram, WhatsApp y Messenger).

El siguiente fue Microsoft, al cual fue un poco más difícil renunciar. Normalmente no utilizo ninguno de los dispositivos de Windows, pero Word, el procesador de palabras, es una herramienta esencial para mí, y detestaría perderla.

En tercer lugar, con el dolor de mi corazón: Apple. No hay nada que use más que mi iPhone, y le siguen de cerca mi MacBook y mi iMac 5K, la cual podría ser la mejor computadora que haya tenido. Dejar Apple provocaría reajustes profundos y verdaderamente desagradables en mi vida, entre ellos tener que enfrentarme al pésimo software de Samsung. Sin embargo, lo podría hacer, a regañadientes.

Cuando me imagino deshaciéndome de los últimos dos, la vida se convierte en otra cosa. Aquí empiezo a afrontar de qué manera tan profunda estas empresas han penetrado nuestras, y qué tanto nos hemos vuelto dependientes de ellas.

El cuarto lugar, para mí, fue Google. Me es imposible concebir la vida sin ese navegador. Sin el mejor buscador del mundo, mi trabajo sería casi imposible. Sin YouTube, sería significativamente menos entretenido. Sin todo lo demás que hace Google —correo electrónico, mapas, calendario, software de traducción, almacenamiento de fotos y el sistema operativo móvil de Android que necesitaría si me deshago de Apple—, estaría relegado a tener la vida de un pobre diablo de la antigüedad (digamos 1992).

Finalmente, nos enfrentamos al amo de mis dominios. He comprado en Amazon casi desde el momento en que apareció en línea durante los noventa (era un universitario curioso y quería experimentar). Desde entonces, a medida que mi vida se ha vuelto más ocupada y me hecho más responsable, Amazon ha adquirido un papel cada vez más relevante en mi vida.

Cuando nacieron mis hijos, se convirtió en mi Costco doméstico, el proveedor de pañales y otros accesorios de bebé. Luego, comenzó a lanzar una serie de servicios diseñados para eliminar la toma decisiones al momento de comprar: mi papel de baño, las toallas de papel y otros artículos de consumo llegaban puntualmente a mi casa; no se requería pensar. Después, Amazon lanzó contenido y me volví más adicto: ya le consumía productos empaquetados, así que ¿por qué no comprar también películas y programas de televisión?

Hace algunos años habría pensado que ese era mi límite, pero entonces llegó Echo, el dispositivo de la empresa que puede hablar a través de una persona conocida como Alexa y ha infectado a mi familia como un virus feliz.

Echo encuentra el modo de integrarse a los momentos más mundanos de una persona. Renové la instalación eléctrica de mi casa para poder controlar las luces por medio de Alexa. Cambié el tipo de café que compraba para decirle a Alexa que lo volviera a pedir. Hace poco, cuando Amazon anunció que lanzará una nueva Echo con una pantalla que tendría la característica de que funcione como teléfono, experimenté otro escalofrío de posibilidades. Ya me di cuenta de que Amazon logró volverse el cerebro de mi casa, un tipo de mayordomo que hace las cosas por mí.

Lo cual me lleva de regreso a mi televisión nueva. ¿Sabían que en la actualidad Amazon no solo vende productos, sino también servicios a domicilio? Si compran una televisión, les ofrecerá un soporte para el muro, y si compran el soporte, les ofrecerá que vaya una persona a su casa a instalar el equipo por un precio sorprendentemente razonable. Lo que en el pasado habría significado hacer un viaje por varias tiendas, buscar un camión, encontrar herramientas, llamar a algunos amigos y muchas horas, ahora es una realidad con tan solo unos clics.

Tres días después de comprar la televisión, los hombres de Amazon llegaron de noche e instalaron todo mientras preparaba la cena.

Si ese futuro los hace palidecer, es una reacción apropiada. Me he convertido en víctima de la trampa de la conveniencia —tienen razones para reírse de mí— y también de inventar visiones distópicas a partir de mi comportamiento: un futuro en el que muchos más hacen lo mismo que yo, en el cual vastas porciones de la actividad comercial fluyen solo a través de esta tienda en línea. Por supuesto, pueden decidir no participar; pueden tomar el auto para ir a Target: su vida no terminará si no son clientes de Amazon.

Pero si Amazon no es para ustedes, seguramente alguno de los otros cinco si lo será. O lo más probable es que ya lo sea. Es demasiado tarde para escapar.



arturo