Internacional - Política

Los escándalos que acorralan a Trump y sacuden a Washington 

2017-05-18

La idea de que Trump vaya a ser enjuiciado sigue siendo una fantasía para los demócratas y...

Peter Baker

WASHINGTON – Han transcurrido menos de 120 días del gobierno de Donald Trump, y ya se designó un fiscal especial para investigar a su equipo. En la cámara baja del congreso estadounidense se comienza a hablar de “juicio político”. Y el presidente analiza cómo encarar los 1300 días que le faltan.

La idea de que Trump vaya a ser enjuiciado sigue siendo una fantasía para los demócratas y detractores pero el nombramiento de un fiscal especial es una amenaza seria y Washington está enardecida por los escándalos. Los legisladores estadounidenses exigieron examinar diversos documentos y la bolsa registró bajas. Expertos en el caso Watergate reaparecieron en los programas de televisión.

La cantidad de fallas que Trump ha cometido, un presidente que según las encuestas no tiene un apoyo mayoritario, son todo un reto para el personal de la Casa Blanca. Pero este es el momento más álgido de los inicios de su presidencia por su reciente decisión de despedir al director del FBI, la revelación de que compartió información clasificada con los rusos y el reporte de que intentó que se cerrara la investigación de uno de sus exasesores.

Como otros presidentes estadounidenses —y del mundo— que se han sentido bajo asedio, Trump ha mostrado resentimiento en vez de remordimiento. Ha optado por insistir en que no ha hecho nada malo y afirma que es víctima de una persecución.

“Ningún político en la historia, y lo digo con gran seguridad, ha sido tratado peor o de manera más injusta”, declaró el miércoles durante un discurso frente a los graduados de la Guardia Costera. “¡Esta es la cacería de brujas más grande contra un político en la historia estadounidense!”, tuiteó el jueves por la mañana.

Pero sus consejeros dicen que Trump se encuentra abatido, mientras muchos miembros de su equipo esperan ser despedidos por los crecientes rumores de una renovación del personal de la Casa Blanca.

Y junto a los preparativos de su primer viaje como jefe de Estado, Trump busca cómo defenderse ante los ataques, las investigaciones y revigorizar su mandato que parece haber perdido el control de la opinión pública.

Eso parece cada vez más difícil debido el nombramiento de Robert Mueller, exdirector del FBI, como fiscal especial. Mueller es un aliado de James Comey, el director del FBI despedido recientemente, y sus antecedentes como fiscal demuestran que se esfuerza por mantener una línea independiente.

La gota que derramó el vaso para que el Departamento de Justicia nombrara a un fiscal especial parece haber sido la revelación de que Trump intentó persuadir a Comey para que dejara de investigar a Michael Flynn, quien fue asesor de seguridad nacional, según un memorando escrito por el mismo Comey.

Para Julian Epstein, quien fue procurador de los demócratas en la comisión judicial de la cámara baja durante el proceso de juicio político contra el presidente Bill Clinton, Trump es el que hizo que la situación terminara de esta manera por sus intentos “torpes y contraproducentes” para deshacerse de Comey, mientras sigue activa una investigación del FBI sobre posibles vínculos entre el equipo de campaña del ahora presidente y Rusia.

“Con el nombramiento de Mueller, ahora han perdido por completo el control de este tren y tienen una capacidad muy limitada para gestionar la crisis que se profundiza alrededor de ellos”, dijo Epstein. “Este, sin duda, quedará en la historia como uno de los esfuerzos más ineptos y contraproducentes para controlar los daños”.

El presidente y la Casa Blanca han intentado mantener sus actividades diarias como si todo fuera normal; algo similar intentaron Richard Nixon, Ronald Reagan y Clinton cuando enfrentaban investigaciones. Trump fue a visitar a los graduados de la Guardia Costera y entrevistó a posibles sustitutos de Comey, mientras el vicepresidente Mike Pence celebró una recepción e Ivanka Trump sostuvo una junta para discutir la trata de personas en el mundo.

Pero nada es normal en estos días, y no parece que eso vaya a cambiar pronto. Incluso antes de los recientes escándalos,  la agenda legislativa de Trump ya estaba estancada.

“El goteo de los escándalos ha frenado temas como las reformas fiscales y el sistema de salud”, dijo James Robenalt, autor del libro January 1973: Watergate, Roe v. Wade, Vietnam and the Month that Changed America Forever.

“Si esto continúa, la parálisis —como pasó con Nixon— provocará una pérdida de confianza de los aliados extranjeros, envalentonará a nuestros enemigos y la agenda, en general, quedará trabada”.

Sigue siendo poco probable que haya un proceso de juicio político, aunque ya hubo llamados para iniciarlo. Pero eso no ha detenido los rumores: el martes hubo más de 20,000 búsquedas con los términos “Trump impeachment” en Google después de que se difundiera el reporte sobre el memorando escrito por Comey sobre Trump y Flynn.

En la Casa Blanca todos parecen estar en ascuas. El portavoz Sean Spicer se aseguró el miércoles de atribuir todas y cada una de sus respuestas al presidente en vez de hacer alguna aseveración a nombre propio; eso delata una incertidumbre sobre llegar a decir algo que poco después sea desmentido o contradecido por el mismo Trump.

“El presidente está confiado de que…”, “El presidente ha sido muy claro respecto a…”, “El presidente no cree que…” fueron las declaraciones más frecuentes de Spicer cuando habló con periodistas a bordo del Air Force One.

Es muy probable que la Casa Blanca se quede empantanada en esta crisis por semanas y hasta meses. John Farrel, quien acaba de publicar una biografía de Nixon, pronosticó lo que le espera al equipo del presidente: “Enojo, desesperación, temor. Muchos amigos serán vistos con recelo y sospecha, como posibles acusadores. Los rumores empezarán a esparcirse: ‘fulano y mengano ya tienen a un abogado, ya hablaron con el fiscal'”.

Y al final, dijo, “todos quedarán atrapados en el torbellino”.



arturo