Nacional - Seguridad y Justicia

Mientras no haya justicia para Javier Valdez, nadie puede ejercer un periodismo libre y seguro

2017-06-15

En estas primeras cuatro semanas el equipo editorial de Ríodoce ha seguido trabajando en los mismos...

Zorayda Gallegos, El País

A un mes del asesinato del periodista del semanario Ríodoce, Javier Valdez, sus colegas en Sinaloa (noroeste de México) libran una batalla contra el miedo para seguir ejerciendo el periodismo libre y crítico en un ambiente cada vez más adverso y violento. Ismael Bojórquez, director de Ríodoce, el periódico que fundó junto con Valdez, asegura que no hay avances en las investigaciones sobre el crimen cometido en contra del sinaloense. El martes la Procuraduría General de la República (PGR, Fiscalía) anunció una recompensa de 1,5 millones de pesos (unos 81,500 dólares) a quien brinde información por la muerte de Valdez y otros cinco periodistas atacados recientemente.

Javier Valdez, de 50 años, fue asesinado el pasado 15 de mayo en Culiacán, la capital de Sinaloa, cuando hombres armados lo atacaron a balazos tras interceptarlo a unas cuadras del semanario. La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE), que depende de la Fiscalía general (PGR), abrió una carpeta de investigación apoyándose en la Fiscalía estatal. Hasta la fecha las indagatorias van muy lentas, explica Bojórquez. “Ellos mantienen abiertas las líneas de investigación que tienen que ver con el contexto de la muerte de Javier: la guerra del narco y el decomiso de periódicos… me pidieron los ejemplares de Ríodoce de todo un año para atrás para ver si de ahí derivaba algo”, cuenta en entrevista con este diario.

Bojórquez, un periodista experimentado y que durante más de una década ha cubierto temas de narcotráfico, admite que a un mes siguen sin tener claridad de qué motivó el asesinato de su colega y amigo. “Debido al contexto en que ocurrió el crimen, nosotros pensamos que vino de ahí (narcotráfico): no sabemos exactamente qué familia, qué grupo, qué cártel o facción de cártel, pero desde un principio estuvimos convencidos y no tenemos otro elemento para pensar otra cosa”. La línea de investigación de las autoridades va enfocada al trabajo que realizaba Valdez como periodista.

En estas primeras cuatro semanas el equipo editorial de Ríodoce ha seguido trabajando en los mismos temas que los han caracterizado: narcotráfico, crimen organizado y corrupción. “A pesar de la sacudida de este crimen seguimos trabajando, haciendo las reuniones editoriales, las evaluaciones, los cierres de edición. Seguimos manejando los mismos temas, el mismo rigor, el mismo nivel de crítica. Obviamente tenemos que revisar protocolos de seguridad, pero la línea editorial se mantiene intacta”, afirma Bojórquez.

Sinaloa ha sido uno de los Estados más golpeados por la violencia desde que inició la guerra contra el narcotráfico hace más de diez años. Tras el cambio de Gobierno estatal a finales del año pasado y la extradición del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, los enfrentamientos se han recrudecido cobrando entre las víctimas a profesores, abogados, doctores, empresarios y estudiantes. En ese contexto, el semanario Ríodoce ha narrado y explicado qué ocurre detrás de la guerra criminal. “Nosotros no podemos dejar de cubrir el tema del narcotráfico, vivimos en Sinaloa, es imposible hacer periodismo aquí sin tocar el tema del narco y crimen organizado. Entonces si queremos seguir como periódico tenemos que mantenernos con esa cobertura, pero tendrá que ser con más cuidado”, expresa el periodista.

En la edición de esta semana Ríodoce publica un reportaje sobre una serie de contratos millonarios que el exgobernador Mario López Valdez entregó a empresas fantasma. El texto firmado por Miriam Ramírez desvela la corrupción que caracterizó a la administración aliancista (PAN-PRD). “Como periodistas en Ríodoce estamos más comprometidos que nunca en seguir haciendo periodismo, ahora por Javier, y no hemos dejado de trabajar ni un solo momento”, dice la reportera que lleva laborando cuatro años en el semanario.

Ramírez considera que las condiciones para ejercer un periodismo libre y crítico en su Estado son cada vez más adversas. “Es difícil hacer periodismo y vivir en Sinaloa”, asevera. La muerte de Javier, agrega, no debe quedar en la impunidad porque el mensaje que se mandaría sería terrible. “Mientras no tengamos claridad sobre lo que sucedió: quién lo mató, por qué, qué mensaje buscaban dar, creo que todos los periodistas de Sinaloa estamos en un peligro extremo, y mientras no haya justicia, nadie puede ejercer un periodismo libre y seguro”, expresa.

Tras el asesinato de Valdez, durante las primeras semanas Ramírez tuvo que lidiar con el coraje, la tristeza y el miedo. Ahora, a un mes, ha comenzado a implementar medidas de protección para que el sentimiento de vulnerabilidad no la haga sucumbir a la autocensura. “Finalmente todos tenemos miedo, tal vez el miedo no se va a quitar, pero yo creo que no debemos dejar de hacer periodismo. Nuestro trabajo es un asunto de compromiso con el periodismo”, manifiesta.

Reportear en la incertidumbre

Sinaloa vive actualmente una nueva etapa en la historia de la violencia que genera el narcotráfico porque hay nuevos agentes hostiles como protagonistas, considera Francisco Cuamea, subdirector del diario Noroeste. “Estamos en una nueva etapa en donde todavía no entendemos las nuevas reglas de los protagonistas que están en la escena. Esa situación te lleva a una indeterminación, que a su vez te genera miedo, angustia y zozobra. Es como estar en un cuarto oscuro y no saber qué va a pasar”, expone.

Antes se podía hacer periodismo en el Estado porque se tenían identificados a esos agentes hostiles y se habían diseñado estrategias de cobertura para neutralizar el riesgo, explica. “En el 2008 me quedaba claro que la pugna era entre el cártel de Sinaloa y los Beltrán Leyva, y las fuerzas federales cuando se metían. El riesgo era quedar en el fuego cruzado, y sobre ese escenario trabajábamos, pero en el presente volvieron a cambiar las reglas que nos hacían entender y hacer la cobertura de manera segura”, expone.

Los asesinatos que han ocurrido desde principios de año han impacto a la sociedad sinaloense porque las víctimas son personas muy representativas de sus sectores. El reto actual del gremio periodístico es analizar qué se debe hacer para seguir ejerciendo el periodismo de manera segura. “Actualmente es un entorno muy difícil, muy angustiante, con mucha incertidumbre, pero el periodismo se va a seguir haciendo, no va a desaparecer, lo que tenemos que aprender a evaluar nuestros protocolos de seguridad y el que no los tiene, debe creárselos”, asevera.

Alejandro Sicairos, líder de la asociación de periodistas 7 de junio, cree que se deben de implementar protocolos en las redacciones que garanticen la seguridad de los periodistas a través de reportajes de investigación y coberturas conjuntas para que el peligro no apunte a una sola persona o a un medio en particular. “Lo peor que podemos hacer como gremio es bajar el nivel de investigación y denuncia porque entonces le estaríamos dando la razón a quienes matando a Javier quisieron silenciarnos a todos. Es a través de la solidaridad gremial como podemos acabar con la dispersión y egocentrismo que no nos permite trabajar coberturas conjuntas”, expone.

Mientras no se resuelva el asesinato de Valdez, las manifestaciones continuarán. Hasta ahora la Fiscalía local y la general han trabajado para un desenlace de impunidad que se confirma con la recompensa que ofreció la PGR, dice Sicairos. “Como no hay resultados, avances, hemos estado recurriendo a las movilizaciones, publicaciones y acciones cívicas. No hay ningún indicio ni voluntad política que nos haga ver que tienen capacidad y ganas para llevar a los tribunales a los actores intelectuales y materiales del crimen”, destaca el líder de los comunicadores sinaloenses.



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