Internacional - Política

Cara a cara entre el Reino Unido y la UE para negociar el Brexit 

2017-06-19

A pocas horas del comienzo de las negociaciones oficiales sobre el Brexit, la liturgia geopolítica...

PABLO R. SUANZES / El Mundo


A pocas horas del comienzo de las negociaciones oficiales sobre el Brexit, la liturgia geopolítica ha mutado en deportiva. Las partes, resignadas a la escenificación tras un año de vaivenes y retrasos, se comportan y hablan como equipos de fútbol a pie de campo. Asegurando que no hay rival pequeño, que han entrenado bien para la competición y que piensan "tema a tema". Van incluso, como hizo ayer en su tierra de Saboya Michel Barnier, a la montaña a pasear y "coger fuerzas y energías". Y lo cuentan en las redes sociales.

Tras doce meses de incertidumbre, Reino Unido y la UE se verán las caras por primera vez este lunes en Bruselas. Por seguir con los términos deportivos, unos llegan rodados, con el equipo perfectamente ensamblado, una estrategia consensuada al máximo nivel y un conocimiento claramente superior en cuestiones técnicas y legales. Y juegan en casa. Reino Unido comparece tras unas desastrosas elecciones, con algunos de sus mejores cerebros todavía apartados de proceso y, sobre todo, sin un plan definido. Nadie, ni ellos mismos, parecen saber qué quieren conseguir, cómo y a cambio de qué.

Theresa May, tras los comicios, ha mantenido a todo su equipo europeo, empezando por el ministro para la salida, David Davies, que será el que venga a la capital comunitaria a dar el pistoletazo. Pero su país lleva años sin enfrentarse a tratados comerciales, suena ruido de sables en su partido y el mandato reforzado que ambas partes pensaban que tendría a estas alturas es una quimera.

La agenda del día viene muy cargada. El lema europeo desde junio de 2016 fue que no habría negociaciones sin la notificación de activación del Artículo 50 de los Tratados de la UE. Ésta llegó el 29 de marzo, así que hasta entonces apenas intercambiaron números de teléfono. Desde entonces ha habido encuentros protocolarios, pero pocos temas de calado.

A las 11.00 arranca el proceso con una sesión abierta que contará con Barnier, Davies y el grueso de sus equipos. A las 12.30 habrá un almuerzo oficial. A las 14.00, sesiones en varios grupos de trabajo. Y a las 16.30 un encuentro entre los coordinadores de ambos lados. Por parte europea, Sabine Weyland, la segunda de Barnier. Por parte británica, Olly Robbins, el equivalente de Davies. Y tras una sesión final, una rueda de prensa.

En la parte logística la clave si se podrá definir de una vez cómo serán las negociaciones. Si habrá rondas de cuatro semanas, como quiere la UE, y si se publicarán los avances o no, como prefiere Londres. El principio filosófico que presidente sobre todo el proceso es que "nada está cerrado hasta que todo está cerrado". No se pueden ir cerrando del todo capítulos. Todo es negociable y todo está sujeto a posibles truques aparentemente sin vínculo alguno.

En las capitales hay confianza en Barnier. Es un peso pesado, con pasado y perfil muy político, tanto en París como en la propia Comisión Europea. No es de la línea dura, pero detrás de él estará siempre vigilante Martin Selmayr, jefe de gabinete de Jean-Claude Juncker, jurista y auténtico perro de presa. Su equivalente en Londres, Nick Timothy, perdió el empleo tras el resultado electoral.

De momento, las negociaciones seguirán la pauta de Bruselas. Empezando por el divorcio y dejando para más adelante las discusiones sobre las relaciones futuras con Reino Unido, cuando sea ya un tercer país. Los temas son claros: derechos de los ciudadanos, dinero y la cuestión de Irlanda del Norte, algo que tras la alianza que May quiere firmar con el Partido Unionista Democrático se ha convertido en un tema incluso más delicado.

El calendario ha querido que esta misma semana todos los líderes de la UE se vayan a ver, por última vez antes del verano, en la capital comunitaria. La última cumbre del curso escolar en la que el Brexit es y sólo puede ser el tema principal y casi único. Los 27 esperan que May llegue con una oferta bajo el brazo para la cuestión de la inmigración, algo con lo que poder avanzar deprisa. El reloj empezó a correr hace casi tres meses y la negociación ha de ser concluida con el margen suficiente para que el Parlamento Europeo pueda ratificarla. Algo, a estas alturas, casi imposible.



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