Derechos Humanos

La libertad de Liu Xia, el nuevo caballo de batalla entre China y Occidente | Internacional

2017-07-20

"Hasta ahora, como esposa de Liu, el destino de Xia estaba vinculado al de su marido. Ahora...

Macarena Vidal Liy, El País


¿Cuál va a ser el futuro de Liu Xia tras la muerte de su marido, el premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo? Esa es ahora la gran preocupación de los amigos de la pareja y de los defensores de los derechos humanos en China. Desde 2010, el año en que su marido recibió el galardón, esta poetisa y fotógrafa de 56 años se encuentra bajo arresto domiciliario aunque no se le han presentado nunca cargos, y su estado físico y mental es muy débil, según cuentan sus allegados. Que ella pudiera ser libre y abandonar China era el último deseo del preso político, que insistió hasta el último momento en recibir tratamiento en el extranjero para que su esposa pudiera salir con él.

“Hasta ahora, como esposa de Liu, el destino de Xia estaba vinculado al de su marido. Ahora Xiaobo ha muerto, y ella no es ninguna disidente. Es solo una esposa, que quiere tener amor en su vida, dedicarse a la fotografía y la pintura. No representa ninguna amenaza” para el régimen, sostiene el disidente y amigo de la familia Hu Jia. "Su padre y su madre han muerto en el último año. Ahora el amor de su vida también se ha ido". Ella sufre de depresiones y quiere abandonar todo lo que le recuerda los sufrimientos de los últimos años. “No sé cuán alta sea la probabilidad de que pueda salir, pero vamos a poner el 100% de nuestro esfuerzo en ello”, insiste Hu.

Por el momento, no ha sido posible contactar con ella ni con los escasísimos familiares a los que se les permitió acompañar al activista en sus últimos días de vida, ha apuntado Hu. Los restos del disidente han sido trasladados a una funeraria en Shenyang, donde se encuentra el hospital en el que murió, y las calles de alrededor se encuentran cortadas. Varios amigos de la familia que intentaron acercarse se vieron bloqueados por la Policía.

Que se ponga en libertad de inmediato a Liu Xia y que se le permita marcharse al extranjero ha sido una constante en las reacciones de condolencia internacionales tras el anuncio de la muerte del premio Nobel, condenado a 11 años de cárcel en 2009 por reclamar en el manifiesto Carta 08 separación de poderes, democracia y respeto a los derechos humanos.

Alemania le ha ofrecido asilo político. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU ha expresado su preocupación sobre su situación. El secretario de Estado de EU, Rex Tillerson, ha reclamado que se le permita marcharse a donde ella prefiera.

Aunque no está claro hasta qué punto los gobiernos internacionales estarán dispuestos a presionar. Durante la enfermedad de Liu, el nombre del disidente no salió a relucir ni una sola vez en público de los labios de los líderes mundiales durante la reunión del G20 en Hamburgo de la semana pasada. Incluso horas después del fallecimiento del disidente, en una rueda de prensa en París, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el francés, Emmanuel Macron, se deshacían en elogios hacia el jefe de Estado chino, Xi Jinping: "es un tipo estupendo", decía el uno; "uno de los mayores líderes mundiales", agregaba el otro.

Hasta el momento, China no ha indicado cuál será su decisión sobre Liu Xia. En su rueda de prensa diaria, el portavoz de Exteriores Geng Shuang se ha limitado a afirmar que desconoce las particularidades de su caso pero que, de todos modos, las decisiones sobre sus desplazamientos se gestionarán de acuerdo con la ley china de entradas y salidas del país.

Pero Pekín, que ya en 2010 reaccionó con ira a la concesión del Nobel a su preso político, ha contestado con furia a los homenajes y a las críticas. Geng revelaba en la rueda de prensa que ha presentado quejas diplomáticas formales ante Washington, Berlín, París y la Comisión de Derechos Humanos de la ONU por las declaraciones de esos gobiernos y entidades acerca de Liu Xiaobo, cuyo trato considera "un asunto interno".

El comité Nobel noruego también ha denunciado que el Consulado chino en Oslo ha rechazado aceptar una solicitud de visado a nombre de la presidenta de este organismo, Berit Reiss-Andersen, para poder asistir a los funerales por el premiado que, al ser condenado a la cárcel, aseguró que "no tengo enemigos. No conozco el odio".

Hasta el momento se desconocen también cuáles son los planes para las posibles exequias, dado que los allegados no pueden contactar con los familiares en Shenyang. Un grupo de amigos intentó llegar hasta la funeraria donde se cree que se encuentra el cuerpo en esa ciudad, aunque se vieron bloqueados por la Policía. Según han apuntado amigos de la familia, al parecer la intención del Gobierno chino es incinerar el cuerpo y esparcir las cenizas en el mar. La ley china permite que la Dirección de Prisiones pueda tomar este tipo de decisiones sobre los cuerpos de los presos sin necesidad del visto bueno de la familia.

Un grupo de más de 150 simpatizantes, entre ellos algunos de los principales disidentes, abogados de derechos humanos o intelectuales, han anunciado planes para crear un monumento en Internet a la memoria del premio Nobel.



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