Internacional - Política

Macron debe acercarse a América Latina para hacerle contrapeso a Trump 

2017-07-26

Pero las señales enviadas por Macron no han sido alentadoras. En su primera entrevista sobre...

Gaspard Estrada, The New York Times


PARÍS – La victoria de Emmanuel Macron fue recibida con mucho interés en América Latina. Desde entonces, los presidentes de Guatemala, Perú, Colombia, México y Argentina se han reunido con él. Posar con el joven presidente francés puede constituir en sí una buena photo op para presidentes que, en su mayoría, son impopulares.

Sin embargo, este activismo presidencial presenta también la ocasión de ampliar y profundizar las relaciones con Francia como una manera de generar un contrapeso a las nocivas políticas para la región impulsadas por Donald Trump. Y esta percepción ha sido reforzada por la importancia dada por Macron a la defensa del multilateralismo, a la lucha contra el cambio climático, así como a la apertura comercial y por un trato digno a los migrantes.

Pero las señales enviadas por Macron no han sido alentadoras. En su primera entrevista sobre política exterior con la prensa internacional, no dijo una sola palabra sobre América Latina. Tampoco quiso organizar una recepción en el Palacio del Eliseo durante la semana de América Latina y el Caribe, como lo hacía François Hollande durante los últimos tres años para afirmar esta prioridad. El cargo de representante especial del presidente de la República para América Latina desapareció del organigrama presidencial. El ministro de Europa y de Relaciones Exteriores, Jean-Yves Le Drian, tampoco se ha pronunciado al respecto. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, fue director del Instituto de Altos Estudios de América Latina y tiene conocimiento y cercanía con la región. Sin embargo, la política exterior de Francia no se hace en su ministerio, en la rue de Grenelle, sino en el Palacio del Eliseo, en la rue Saint-Honoré. Solo el ministro de Economía, Bruno Le Maire, ha hablado de América Latina, pero sin ningún anuncio relevante. Todo esto se resume a que en materia de América Latina no ha pasado nada desde que Macron es presidente.

Lo paradójico es que existe hoy en día la oportunidad de que Francia impulse una nueva era de liderazgo en la región y nadie parece querer asumirla.

Desde hace una década, la toma de decisiones de la Unión Europea ha sido progresivamente asumida por Alemania, en detrimento de Francia. Esto se debe a la longevidad de Angela Merkel como canciller, al crecimiento de la economía alemana frente a la francesa, así como al efecto político y económico de la ampliación de la UE hacia los países de Europa central y oriental. En un momento en el cual Francia está de nueva cuenta en el centro de la atención mundial gracias al activismo diplomático de su presidente, la ampliación de las relaciones políticas y económicas de la UE con América Latina permitiría ayudar a reequilibrar ese centro de gravedad hacia Francia, sobre todo si tenemos en cuenta que la salida del Reino Unido de la UE va a reforzar la posición relativa de París frente a Berlín. Es por eso que, más allá de las fotografías con sus pares latinoamericanos, Macron debería aprovechar la oportunidad y responder a su llamado. Veamos cómo.

En primer lugar, el anuncio, a principios de junio, de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, ha puesto la defensa del multilateralismo en el centro de la agenda internacional.

América Latina, que dispone de una de las mayores reservas de biósfera del planeta, es también una de las regiones más vulnerables frente al calentamiento global. El fin del Acuerdo de París tendría consecuencias devastadoras en el plano ecológico, político, económico y social para estos países. Conscientes de este peligro, los presidentes han impulsado mecanismos innovadores, como el “fondo verde” lanzado por el expresidente mexicano Felipe Calderón, que a la postre, contribuyeron al éxito de la COP21, en diciembre del 2015.

Para los países de América Latina, defender el sistema multilateral también significa defender una orientación diplomática histórica, así como posiciones de poder. México ocupa la presidencia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el organismo encargado de organizar y darle seguimiento a las cumbres mundiales de reducción de gases, a través de la excanciller Patricia Espinosa. La secretaria general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico es ocupada por un mexicano, Ángel Gurría. Dos brasileños dirigen la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). Francia, por su lado, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, también saca provecho del sistema multilateral para consolidar su estatus de potencia a nivel mundial. Por ende, si Trump consiguiera minar el multilateralismo tanto Francia como América Latina perderían peso e influencia en el plano internacional.

En el plano económico, América Latina atraviesa un tiempo de redefiniciones. En México, las élites políticas y económicas viven un gran momento de introspección a raíz de la llegada de Trump, la renegociación del TLCAN y la perspectiva de una victoria de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales del 2018. ¿Cómo aumentar los márgenes de maniobra del país por fuera de la relación bilateral con los Estados Unidos? En parte, aumentando los intercambios económicos con otras regiones y países, como Europa y Francia en particular, con las cuales México se encuentra renegociando un tratado de libre comercio.

En Sudamérica, la caída de los precios de las materias primas y las alternancias políticas están propiciando un acercamiento inédito entre la Alianza del Pacifico y el Mercosur, evidenciando así la orientación de la región a favor de la apertura comercial y el libre comercio.

La negociación del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE podría ser un catalizador de este movimiento. Para ello, el gobierno de Macron tendría que doblegar a los grupos de interés ligados a los agricultores franceses, temerosos de perder cuotas de mercado. ¿Qué podría ganar a cambio? Si el acuerdo firmado es ambicioso y facilita el acceso a los mercados de ambos lados, el aumento de los intercambios comerciales podría contribuir a reequilibrar el centro de gravedad de la UE.

A pesar de la evidente cercanía histórica, lingüística y cultural, Francia ha tenido durante décadas una suerte de “negligencia benigna” hacia América Latina. Ahora que Donald Trump está creando la oportunidad de darle sustancia política y económica a esta relación, Macron cometería un error dejando de lado a América Latina. Sobre todo porque este acercamiento podría contribuir a concretizar su principal promesa de campaña: relanzar la economía francesa y transformar a la Unión Europa.



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