Editorial

El camino de Nicolás Maduro hacia la dictadura

2017-08-03

Hoy Venezuela es una canasta vacía. La tasa de inflación estimada para 2017 es de 720...

 

Comite Editorial, The New York Times

Tras la controversial votación del domingo que pone a Venezuela en la ruta hacia una dictadura, Estados Unidos le ha impuesto sanciones personales al presidente Nicolás Maduro, ubicándolo en la oscura compañía de líderes como el sirio Bashar al Asad, el norcoreano Kim Jong-un y el zimbabuense Robert Mugabe, cuya avaricia por el poder ha ocasionado la ruina de sus países. Ya no quedan dudas de que Maduro pertenece a esa lista.

Ninguna nación debería sufrir a un líder de ese tipo. Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo, tuvo la oportunidad de ser una de las principales democracias de América del Sur. Pero la excesiva dependencia del petróleo ha generado turbulencias políticas y económicas que se tornaron desastrosas cuando Maduro decidió imitar a su predecesor, Hugo Chávez, al mantener un gasto público pródigo que se volvió insostenible por la caída de los precios del petróleo y una mala administración crónica.

Hoy Venezuela es una canasta vacía. La tasa de inflación estimada para 2017 es de 720 por ciento; 80 por ciento de los venezolanos vive en la pobreza, sufre de desnutrición, enfermedades y hambre, mientras que los políticos corruptos y sus aliados militares se enriquecen desvergonzadamente. La respuesta de Maduro ha sido reprimir con mano de hierro la escalada de protestas callejeras y erosionar el poder de la Asamblea Nacional, en la que sus oponentes tienen la mayoría.

Más de 120 personas han muerto en varios meses de protestas. El día más mortífero fue el domingo cuando Maduro sometió a votación su plan para elegir una Asamblea Nacional Constituyente con el fin de redactar una nueva carta magna que fortalecerá el poder del oficialismo y permitirá que el presidente pueda remover a cualquier sector del gobierno que considere desleal. La oposición boicoteó la votación, permitiendo que Maduro reclame la victoria aunque pareciera que hubo poca participación. En las primeras horas del martes, dos líderes de la oposición que estaban bajo arresto domiciliario volvieron a ser detenidos por los agentes de seguridad del Estado.

La lucha contra la deriva dictatorial de Maduro es un reto para sus oponentes nacionales y extranjeros. El boicot de las empresas petroleras venezolanas desataría una crisis humanitaria y permitiría que Maduro emplee sus métodos para radicalizarse ante sus opositores y generar más violencia. Los esfuerzos de la Organización de Estados Americanos para suspender a Venezuela en junio fueron frustrados por los aliados ideológicos del país y algunas naciones caribeñas a las que el gobierno de Caracas les suministra petróleo barato. Las sanciones de Estados Unidos, aparte de la dudosa autoridad moral del gobierno de Trump, alimentan los argumentos de Maduro sobre el “imperialismo” estadounidense que quiere aplastar a Venezuela.

Las sanciones individuales contra Maduro —en virtud de las cuales todos sus bienes estadounidenses están congelados y los ciudadanos de ese país no pueden hacer negocios con él— se produjeron después de otras medidas similares que le fueron impuestas a altos funcionarios venezolanos y el gobierno de Trump ha amenazado con más sanciones. Por ahora son la mejor manera de presionar a Maduro y sus aliados.

Pero la presión de Estados Unidos no es suficiente: las naciones europeas y latinoamericanas deben unirse a la presión contra Maduro y sus compinches, ofreciéndoles la oportunidad de negociar con la oposición para garantizar la celebración de unas elecciones libres, respetar las instituciones democráticas, liberar a los presos políticos y permitir el suministro de la ayuda humanitaria internacional que se necesita con urgencia.



yoselin