Internacional - Política

Emmanuel Macron agota su estado de gracia en el Elíseo 

2017-08-08

Ahora, el diario 'L'Humanité' ha desvelado que la ministra de Trabajo, Muriel...

MARÍA D. VALDERRAMA / El Mundo

La popularidad del presidente disminuye mucho más y más rápido que la de ningún otro jefe del Estado desde Chirac

A pesar de sus esfuerzos por conquistar en la escena internacional, los escándalos de su Gobierno y las medidas de austeridad le pasan factura

Cuando se cumplen tres meses de la elección de Emmanuel Macron, sus cuotas de popularidad se sitúan en mínimos históricos: tan sólo un 36% de la población se muestra satisfecha con el trabajo del joven presidente. Es mucho si recordamos el escaso 4% con el que François Hollande dejó el poder, pero ningún presidente desde Jacques Chirac había obtenido un resultado tan bajo tras llevar tan poco tiempo al frente del país.

Mientras que el líder y fundador de '¡La República en Marcha!' (anteriormente conocido simplemente por ¡En Marcha!), despliega sus encantos en la escena internacional, los galos se muestran no sólo decepcionados sino con un cierto sentimiento de abandono nacional, especialmente porque las primeras medidas del presidente están siendo muy impopulares y sus intentos de renovar la vida política se difuminan entre los escándalos que ya han afectado a los suyos: tres de sus ministros, del partido de centro MoDem, tuvieron que dimitir tras conocerse las sospechas de empleos ficticios que pesan sobre la formación.

Ahora, el diario 'L'Humanité' ha desvelado que la ministra de Trabajo, Muriel Pénicaud, cobró más de un millón de euros por la venta de sus acciones del grupo Danone en 2013, donde era directora de Recursos Humanos, justo después de un ERE con los que se eliminaron 900 puestos de trabajo en Europa, 230 de ellos dentro de Francia. Pénicaud compró las acciones en 2009 por 34,85 euros y las revendió en 2013 por 58,41 euros pues, tras el ERE, el valor de las acciones aumentó notablemente.

No es ilegal, pero muchos consideran que se trata de un acto de cuestionable moral y que no viene nada bien al Gobierno en el momento en el que se debate el proyecto de ley por la moralización de la vida política que debería cerrarse en una sesión extraordinaria convocada el próximo 9 de agosto. Ésta, por cierto, ha dejado a los diputados casi sin vacaciones despertando la ira de muchos de ellos que han debido anular sus planes de verano.

A esto se le añade el enfrentamiento de Macron con el jefe del Estado Mayor, el general Pierre de Villiers, que dimitió días después del desfile del 14 de julio, la bajada de 5 euros mensuales anunciada para las ayudas de alojamiento de estudiantes a partir de septiembre y los planes de austeridad que ya se van anunciando.

"Es habitual que la popularidad del presidente baje a lo largo del mandato", opina Thomas Guénolé, politólogo e investigador asociado del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS). "Pero lo que es anormal es que la bajada de Emmanuel Macron es mucho más fuerte y mucho más rápida que la de sus predecesores", añade. Para Guénolé, Macron ha copiado el estilo de comunicación de Barack Obama, distanciándose de los periodistas, llevando un estricto control de la comunicación que se entremezcla a veces con toques de "tipo guay", como sucedió en el desfile nacional cuando sonó la música de Daft Punk.

Desde el Elíseo, tratan de quitarle hierro al asunto y anuncian que los planes se mantendrán y la actitud de Macron -imponerse como un presidente "jupiteriano", autoritario y distante en su imagen, especialmente con la prensa-, van a seguir en la misma línea. "Nunca creímos en el estado de gracia. Hemos empezado con lo más duro pero estamos preparados", aseguraba una fuente del Palacio a la emisora Europe 1. Otro cercano del Presidente valoraba sin embargo que Macron habría dedicado "demasiado tiempo al plano internacional" lo que habría creado en los franceses un sentimiento de "orfandad".

Lo cierto es que el galo se niega a comentar sus decisiones en el plano nacional, tratando de borrar de la imagen de charlatán que dejó su predecesor. Por ello, rechazó dar la tradicional entrevista televisada del 14 de julio, en la que el jefe de Estado suele hacer balance de las decisiones políticas, alegando que su pensamiento era "demasiado complejo" para ser tratado en la prensa. Si los franceses han visto a Macron durante estos meses, ha sido para desplegar la alfombra roja a Vladimir Putin en Versalles o a Donald Trump el día de la fiesta nacional, en sus intentos por trabajar prácticamente como un casco azul en la solución de conflictos y convertirse en un imprescindible de la escena internacional.

Esta semana, se ha sabido que el francés había enviado una carta a Nicolás Maduro a principios de julio ofreciendo a su país como intermediario para "facilitar el diálogo" entre Gobierno y oposición. Una entrevista con el embajador de Francia en Venezuela permitió conocer la postura dialogante de Macron y obligó al Elíseo a pronunciarse públicamente sobre la situación en el país en crisis. Si bien condenaron la detención de Antonio Ledezma y Leopoldo López, Francia se muestra contraria a las sanciones que sugiere Europa y quiere ayudar a encontrar una solución por la vía del diálogo.

Además de Rusia y Estados Unidos, Macron se apresuró a reunirse con Benjamin Netanyahu, en el 75 aniversario de la redada del Velódromo de Invierno, y a programar una reunión con los dos líderes de las facciones rivales libias, Fayez al Sarraj y Jalifa Haftar, para impulsar un alto el fuego y celebrar pronto unas elecciones que pongan fin a la crisis en el país del Magreb. ¿Cuál será el próximo país con el que Macron intente hacerse notar?



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