Panorama Norteamericano

Cargados de fuego y furia en Charlottesville 

2017-08-14

Días antes de este espectáculo bochornoso y aterrador en el que un joven de Ohio,...

GINA MONTANER / El Mundo

La portada del 'Daily Progress' fue profética: este diario de Charlottesville, en Virginia, publicó una foto de supremacistas portando antorchas bajo el titular: "Fuego y furia". Sucedía horas antes de que la protesta se tornara más violenta y letal.

En efecto, grupos formados por la extrema derecha, neonazis y miembros del Ku Klux Klan que se congregaron desde el viernes para protestar en contra de la retirada de una estatua del general del ejército confederado Robert E. Lee, desataron todo el fuego y la furia contra los manifestantes que marcharon para mostrar su repudio a las esvásticas, los saludos nazis y los ataques dirigidos a judíos, afroamericanos, inmigrantes y gays.

Días antes de este espectáculo bochornoso y aterrador en el que un joven de Ohio, identificado como James Alex Fields, atropelló con su auto a contramanifestantes, matando a al menos una persona y dejando múltiples heridos, el presidente Donald Trump se había jactado de que todo "el fuego y la furia" de Estados Unidos caería sobre Corea del Norte "como nunca visto antes".

Poco después de que la sangre corriera en una localidad tomada por los nostálgicos de una América Antebellum, Trump sancionó de modo genérico los actos, condenando la violencia "de muchos lados". A pesar de que el presidente no es tímido a la hora de hacer comentarios contundentes, una vez más no hizo mención directa a la ultraderecha racista del país.

Más de un político en las filas republicanas se ha apresurado a desmarcarse de este encogimiento del presidente y ha llamado a las cosas por su nombre. Además, unos y otros se preguntan por qué a Trump le cuesta tanto repudiar abiertamente a quienes en Charlottesville desfilaron armados y al canto hitleriano de 'Blut und Bolden' ("sangre y tierra" como exaltación étnica de la tierra que se ocupa y se cultiva) y gritaron consignas antisemitas.

Ciertamente, no debería causar extrañeza la reticencia del mandatario estadounidense. Eso sería pasar por alto hechos que eran preocupantes desde el principio: fue Trump, ya con la intención de ocupar un día la Casa Blanca, quien impulsó el movimiento Birther, con el fin de sembrar la duda entre muchos que acabarían votando por él, de que el ex presidente Barack Obama era un impostor que no había nacido en Estados Unidos, sino en África. Aquella falsedad prendió en el imaginario de los supremacistas blancos, quienes han adoptado la narrativa de que "otros" han venido a usurpar unos privilegios de los que se creen dueños.

En la campaña electoral Trump recurrió a un populismo que avivó el resentimiento de un sector de la población blanca. Bajo la influencia ideológica del ultra nacionalista Steve Bannon y apoyado por personajes como el ex líder del Ku Klux Klan David Duke, prometió construir un muro en la frontera con México, deportar a todos los indocumentados, prohibir la entrada de musulmanes, impulsar políticas proteccionistas e imponer "la ley y el orden" en barrios mayoritariamente negros. Su lema, "Devolverle a América su grandeza", lo exhibieron en Charlottesville los ultras que votaron por él.

El astuto David Duke, que estuvo al frente de las protestas, dijo que estaban allí para "que se cumplan" las promesas de Trump. Y poco después de los terribles sucesos, le advirtió al presidente por medio de un tuit que "se mirara al espejo" y recordara que "fueron los americanos blancos quienes te llevaron a la Presidencia y no los radicales de izquierdas". El fuego y la furia es un boomerang que arrasa con todo y con todos.



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