Nacional - Población

A un mes de terremoto, crece disputa por ayuda

2017-10-10

"Todo mundo sabe que el presidente municipal está ayudando principalmente a su familia,...


(ANSA) - CIUDAD DE MEXICO, 10 OCT - A más de un mes del terremoto del 7 de septiembre pasado, de 8,2 grados en la escala de Richter, el más poderoso en un siglo que devastó parte del sureste de México, la situación está lejos de ser normal y las disputas por alimentos y donativos se vuelven constantes.

Esta semana, la llegada de un camión portacontenedores que repartía frazadas generó un gran tumulto en Juchitán, estado de Oaxaca, la ciudad más golpeada por el fenómeno telúrico, que arrojó un centenar de muertos y dejó sin casa a decenas de miles de personas.

El enfrentamiento provocó serias heridas a una mujer y su hijo que fueron aplastados.

En otro incidente, damnificados del Centro Recreativo Infantil se enfrentaron con machetes luego que el Ejército llegó a entregar víveres a un refugio.

"Las mujeres se llevaron las latas de leche en polvo. Eran envases grandes que nos habían dado a nosotras. Sacaron todo y se fueron a formar a otro albergue aquí al lado", dijo Karina Valdivieso, una mujer que atestiguó la refriega.

Los damnificados también se quejan de que las ayudas por más de 2,000 pesos (unos 110 dólares) entregados por el gobierno como parte de un programa de empleo temporal y los apoyos para construir hornos de pan son entregados en forma "preferencial".

Las peleas se generan por toda clase de donaciones que llevan organizaciones civiles, grupos de la Iglesia católica y el propio gobierno, sea de utensilios domésticos, ropa, comida o tiendas de campaña.

Los conflictos obedecen a que un mes después de la catástrofe natural miles de personas siguen viviendo en las calles, pues las autoridades aseguran que la construcción de sus viviendas demorará por lo menos cuatro meses, además de que hay temor de las constantes réplicas.

En algunos casos, hay personas cuya vivienda sólo colapsó parcialmente y cuentan con una o dos habitaciones que parecen no haber sufrido daños, pero evitan entrar a ellas por temor a que una de las réplicas las derrumbe.

Los damnificados han buscado la manera de paliar sus necesidades y comenzaron a buscar entre los escombros varillas y objetos de algún valor que venden por kilo en pequeños mercados ambulantes.

En algunas zonas del estado de Puebla también hay quejas de que el gobierno mantiene en el abandono a algunas localidades que han sido declaradas en emergencia y que sufrieron la pérdida de sus casas.

Sobresale además el caso de un alcalde de San Miguel Chimalapa, en el estado de Oaxaca, cerca de Juchitán, Fernando Contreras, que acapara la ayuda que recibe de donativos sin entregarla a las personas que lo necesitan.

"Todo mundo sabe que el presidente municipal está ayudando principalmente a su familia, a su tío, a su tía, hermanos y la regidora (concejal) tiene en la lista a su familia para construir mientras que la gente necesitada no recibe apoyo", afirmó un vecino del lugar.

En este lugar la iglesia principal se encuentra tambaleante, una escuela resultó con serias cuarteaduras y más de un centenar de viviendas tendrán que ser demolidas.

Los niños en diversas localidades, principalmente en la región de Tehuantepec, la franja más angosta del territorio mexicano, donde se ubica Juchitán, habitado por indígenas de la etnia zapoteca, siguen sin ir a clases.

En cambio son utilizados para recolectar ayuda, para recoger objetos valiosos o metálicos en las zonas derrumbadas o servir de mensajeros en caso de la llegada de camiones con alimentos.

El retraso en las actividades escolares ha generado una gran incertidumbre debido a que los niños están expuestos a sufrir problemas sicológicos debido a su inactividad, aunque algunos son atendidos en los albergues por especialistas de brigadas de organizaciones civiles o de organismos internacionales.

Los pequeños damnificados esperan con ansiedad a que el gobierno cumpla su promesa de habilitar aulas provisionales. 



yoselin