Reportajes

La segunda 'revolución' del Che Guevara 

2017-10-10

Tras participar el domingo en una "marcha antiimperialista" hacia el santuario guevarista...

CÉSAR G. CALERO / El Mundo

El helicóptero que aterrizó en el pequeño aeropuerto de Vallegrande el 9 de octubre de 1967 llevaba amarrado en uno de sus patines de aterrizaje el cadáver del Che Guevara. Militares, espías, periodistas y curiosos se arremolinaban allí para ver y tocar al célebre miliciano. En ese mismo lugar, donde hoy se alza un mausoleo, se clausuraron ayer los actos de conmemoración por la muerte del Che hace medio siglo. Desde ese pueblo del sudeste boliviano, el presidente Evo Morales encabezó un homenaje que contó con la presencia de familiares de Guevara, supervivientes de la guerrilla de Ñancahuazú y varios políticos y activistas regionales arropados por miles de incondicionales del guerrillero argentino.

Tras participar el domingo en una "marcha antiimperialista" hacia el santuario guevarista de La Higuera, Evo Morales pernoctó en una tienda de campaña en el denominado "campamento internacionalista", instalado por las autoridades bolivianas en la zona del aeródromo de Vallegrande para alojar a cientos de personas que se habían quedado sin hotel en el pueblo.

El destino quiso que fuera en Bolivia, el país elegido por el Che para lanzar su revolución latinoamericana, donde cuatro décadas después llegara al poder por la vía de las urnas un líder sindical e indigenista que reivindicaba su ideario. Morales ha asimilado el discurso "antiimperialista" de Guevara pero encuadrándolo en el contexto político del siglo XXI, es decir, la toma del poder "por vías democráticas" y no por las armas. Un discurso que ha retomado estos días con una proliferación de declaraciones y tuits en los que ha acusado a la CIA y a Estados Unidos de haber ordenado la ejecución del Che.
  
En su intervención de ayer ante miles de simpatizantes guevaristas de varios países, principalmente latinoamericanos, Morales volvió a la carga: "No culpamos a los soldados que se vieron obligados a cumplir órdenes. Culpamos a los agentes de la CIA y a los generales bolivianos que se subordinaron ante ellos" para ordenar la muerte del Che. "Los disparos de los mercenarios del imperio no impidieron matar el espíritu del Che ni acallar su mensaje. Su muerte se convirtió en el nacimiento de la lucha para liberar a nuestros pueblos", agregó el mandatario boliviano.

El papel de Washington en la ejecución de Guevara sigue siendo uno de los caballos de batalla de investigadores y biógrafos. Los militares estadounidenses entrenaron a los 'rangers' bolivianos que combatieron al Che, y la CIA fue protagonista de su captura a través de agentes como los cubanos Félix Rodríguez (presente en La Higuera durante la ejecución) y Gustavo Villoldo, quien recibió el cuerpo en Vallegrande y según el periodista boliviano José Luis Alcázar, "insultó al cadáver".

"Basta de intervencionismo. Hay que estar con los pueblos y con el internacionalismo, y no con el imperio que nos quiere someter políticamente", dijo el mandatario boliviano ante su entregada audiencia.

Los restos del Che

En el palco principal le escuchaba, entre otros, Ramiro Valdés (85 años), comandante histórico de la revolución cubana y vicepresidente del Consejo de Estado, quien se refirió al hallazgo en 1997 de los restos del Che por equipos de forenses cubanos y argentinos. Valdés calificó de "artimaña reaccionaria" el intento de hacer definitiva la desaparición física del Che: "Se dijo que el cadáver había sido incinerado, pero exhaustivas investigaciones de Cuba permitieron determinar el lugar de enterramiento del Che, y los restos se verificaron por las más modernas técnicas".

El descubrimiento de esos restos, a pocos metros de donde se celebró ayer el acto central de los homenajes, fue objeto de algunas controversias, propias del aire novelesco que rodea a la muerte de Guevara. Los expertos cubanos y argentinos que participaron en el proceso de exhumación certificaron que entre las siete osamentas halladas se encontraba la del Che. El lugar había sido señalado previamente por el general retirado Mario Vargas Salinas al periodista y biógrafo del Che Jon Lee Anderson. Hubo, sin embargo, voces discordantes. Villoldo, uno de los agentes de la CIA que participó en la captura del comandante, aseguró hace años que la fosa donde dijo haber enterrado él al Che se encuentra en otro lugar del aeropuerto. Gary Prado, el capitán de los 'rangers' que capturó al guerrillero, también alberga dudas sobre la autenticidad de los restos hallados en 1997: "Primero se intentó quemar el cadáver del Che; me lo dijo el oficial que intentó hacerlo, pero como no pudieron, luego se decidió enterrarlo. Cuando descubren los restos en 1997, hallan la chamarra azul que llevaba el Che. Pero esa chamarra debió haber ardido en ese intento de quemar el cadáver", asegura Prado.

Valdés, el hombre al que Fidel Castro encargó la dirección de los servicios de inteligencia cubanos tras el triunfo de la revolución, hizo mención también a otro de los episodios más rocambolescos surgidos tras la ejecución de Guevara: el destino de sus diarios bolivianos. Una copia de esos diarios llegó a manos de Castro en 1968 gracias a un alto cargo boliviano (que también le envió las manos conservadas en formol). En los años ochenta los diarios originales fueron robados del cuartel general del Ejército y aparecieron en Londres, donde la casa Sotheby's pretendía subastarlos, según reveló el periodista boliviano Humberto Vacaflor. Finalmente, el Estado boliviano litigó y recuperó los diarios, que hoy se custodian en las bóvedas del Banco Central. Para Valdés, la publicación de los diarios en 1968 permitió "conocer la epopeya boliviana y la esencia del pensamiento y la acción del Che".

Vallegrande (unos 10,000 habitantes) y La Higuera (medio centenar de vecinos) han vivido desde el 5 de octubre varias jornadas dedicadas al Che (conferencias, debates, exposiciones...). Medio siglo después de la muerte del hombre que quiso extender la revolución por toda América Latina y crear "dos, tres, muchos Vietnam", la izquierda latinoamericana sigue reivindicando su figura no sólo como guerrillero sino como pensador político, en un intento de rescatar al personaje de esa imagen de icono pop en la que se le ha querido encasillar.

Los miles de simpatizantes que se dieron cita en Vallegrande se encontraron con la paradoja de que el municipio está gobernado desde hace años por un alcalde de derechas, Casto Romero (del partido Demócratas), que nació precisamente el mismo año en que murió el Che: "No es bueno querer implantar sistemas de Gobierno por la fuerza. Más de 50 bolivianos perdieron la vida y sufrieron las consecuencias de los enfrentamientos. En Vallegrande la población está dividida en dos grupos; unos comulgan con la ideología del Che y otros no la ven con buenos ojos. La gente sufrió en ese tiempo tanto por parte del Ejército como de la guerrilla", explica Romero.



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