Internacional - Economía

Cuáles serían las implicaciones económicas de que Cataluña se independice

2017-10-10

Sin embargo, el precio de las acciones de los bancos que operan en Cataluña se...

Peter S. Goodman y Rachel Chaundler, The Mew York Times


LONDRES — Quienes piensan que la libertad no tiene precio con seguridad no saben lo que ha ocurrido en el mercado de bonos de España.

Los inversionistas tomaron nota del referéndum de independencia en Cataluña y las medidas violentas que aplicaron las autoridades españolas para impedir la votación. También se percataron de que es posible que estalle una crisis constitucional y se generen disturbios sociales. Así que muchos decidieron invertir su dinero en otras opciones en vez de prestárselo al gobierno español.

En consecuencia, España ahora tiene que pagar primas un poco más altas para persuadir a los inversionistas de comprar sus valores de deuda. Lo más probable es que esto se traduzca en mayores costos para los préstamos de los bancos y menos crédito para los hogares y negocios españoles, por lo que la economía se quedará sin combustible.

Hasta el viernes, no había ninguna señal de que esos costos mayores para los préstamos fueran a afectar a Italia, Portugal u otras economías regionales. El euro, que al parecer nunca está totalmente a salvo del peligro, evitó una nueva crisis, al menos por el momento.

Sin embargo, el precio de las acciones de los bancos que operan en Cataluña se desplomó tras el referéndum de independencia, por lo que estas instituciones ahora analizan opciones para mudar sus oficinas centrales a otras regiones de España. La posibilidad de que Cataluña declare su independencia coloca a esos bancos en una posición vulnerable, pues pueden quedar separados de España y, por lo tanto, de la Unión Europea y el bloque de países que utilizan el euro como moneda.

Este aislamiento pondría en riesgo la capacidad de los bancos de realizar operaciones con clientes de todo el continente y aprovechar la generosidad de las instituciones europeas en caso de otra crisis.

El jueves, el consejo de administración del Banco Sabadell aprobó trasladar las oficinas generales de este acreditante a Alicante, una ciudad del mediterráneo ubicada 530 kilómetros al sur de Barcelona, que no corre el riesgo de dejar de ser parte de España. Al concluir el día, las acciones de Sabadell habían subido más de un seis por ciento.

El viernes, el gobierno español decretó un cambio en la legislación que permite a las empresas mudar sus oficinas generales sin el requisito de obtener primero la autorización de sus accionistas. CaixaBank no tardó en convocar a su consejo de administración, el cual acordó el viernes por la noche mudarse de Barcelona a Valencia, otra ciudad que no tiene ningún conflicto independentista.

Empresas de otras industrias, como la textil, la energética y la de telecomunicaciones, han tomado en días recientes medidas similares. Al parecer, todas ellas están determinadas a eliminar la posibilidad de terminar en el limbo, en una situación incapacitante, si Cataluña declara su independencia.

Aunque el desplazamiento de las oficinas generales de estas empresas solo es mero trámite, para el gobierno local implica perder ingresos derivados de los impuestos corporativos. El liderazgo catalán acusó al gobierno español de incitar a las empresas a abandonar su región para ejercer presión sobre sus habitantes y obligarlos a olvidar sus aspiraciones independentistas. En Twitter, el secretario de Economía del gobierno regional de Cataluña, Pere Aragonès, acusó a Madrid de querer “castigar a la economía catalana”.

El éxodo de empresas de Cataluña ocurre justo cuando España parecía estar recuperándose del padecimiento financiero que atacó al país por una década. Después de ser un ejemplo perfecto del desempleo, la pobreza y la desesperación que afectaron a gran parte del continente, España se estaba transformando en indicador de una economía europea que recuperaba el vigor.

“Acabamos de superar una crisis importante”, señaló Carlos Buesa, fundador y director general de la empresa biotecnológica española Oryzon Genomics. “Lo que está sucediendo me llena de tristeza e incredulidad. Si continúa este conflicto político en torno a la identidad catalana, la economía de esa región se verá empobrecida”.

Las inversiones habían comenzado a volver a España, por lo que fue posible financiar a su industria automotriz de rápido crecimiento y reanudar actividades en el sector de la construcción. La tasa de desempleo bajó del aterrador tope de 26 por ciento al 17 por ciento, que todavía es alarmante. Sin embargo, el desasosiego político, la ambigüedad legal y la confusión en cuanto a la geografía básica de España podrían dar marcha atrás a estos avances.

“Al dinero no le gusta la incertidumbre”, explicó Ángel Talavera, un economista de alto rango en la eurozona que trabaja en Oxford Economics en Londres y es de origen español. “Mientras la situación se mantenga así de confusa y nadie sepa qué va a suceder en realidad, el dinero va a empezar a salir de España. El dinero se mueve rápido”.

El viernes, Madrid pagaba una tasa del 1,7 por ciento sobre sus bonos a diez años. Era una cifra moderada, ninguna señal de una catástrofe. Sin embargo, esta cifra era el doble de la del año anterior. La brecha entre lo que los inversionistas exigen por invertir en valores de deuda de España y de Alemania (el activo europeo que involucra menos riesgos) se ha ampliado un poco en las últimas semanas.

El aumento en el costo de los préstamos se disparó debido a una insistente pregunta: si Cataluña se separa de España, ¿qué sucederá con las obligaciones de deuda de ese país?

“En el mercado de los bonos soberanos, la única garantía es la confianza en el Estado que emite la deuda”, comentó Nicola Borri, quien imparte la materia de Finanzas en la Universidad Luiss Guido Carli de Roma. “En el supuesto de que España se separe, ¿quién se hará responsable de esta deuda? ¿Se dividirá entre Cataluña y el resto de España?”.

Alrededor de una quinta parte de la producción económica total de España proviene de Cataluña. Una separación produciría territorios más pequeños, por lo que es lógico pensar que también ofrecerían menos garantías que el gobierno que respalda los bonos españoles en este momento.

El pronóstico generalizado en el mercado es que Cataluña no declarará su independencia. No obstante, los mercados negocian con base en probabilidades. Las probabilidades de que eso ocurra han aumentado muchísimo en días recientes. Los inversionistas exigen alguna compensación por los elevados riesgos que involucra conservar valores españoles de deuda.

Al parecer, esta inquietud se amplificó debido a la fatiga causada por la incertidumbre crónica que ataca a Europa, en especial debido a las negociaciones del Reino Unido para salir de la Unión Europea. El llamado brexit ha desatado una serie de perturbadoras interrogantes en el mercado europeo, en especial para los bancos globales.

En España, fuerzas impredecibles atacaron la economía. El referéndum catalán se celebró el 1 de octubre. En cuanto los mercados iniciaron operaciones el lunes 2 de octubre, los inversionistas comenzaron a castigar las acciones de los bancos.

“Los inversionistas vieron las orejas del lobo”, enfatizó Miguel Otero Iglesias, investigador principal del Real Instituto Elcano en Madrid. “Si las personas se atreven a enfrentar a la policía antidisturbios con niños, quizá también se atrevan a declarar la independencia. En ese instante desaparecen todos los cálculos empresariales racionales”.


 



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