Nacional - Seguridad y Justicia

El testimonio de unas mujeres que, más que una declaración, fue un desahogo

2017-11-16

Angélica Patricia Torres, en el único momento de su declaración que...

Miguel Ángel del Hoyo

San José, 16 nov (EFE).- El testimonio de las cuatro mujeres del grupo de once que hoy declararon en la vista de la Corte de Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), sobre las presuntas agresiones y abusos sexuales que sufrieron de policías en una represión en el centro de México en el 2006, más que una declaración, fue un desahogo.

En una sala abarrotada de la Corte IDH, y en otras dispuestas por circuito cerrado de televisión, las caras de los presentes se mostraban más que tristes, cetrinas, mientras escuchaban cómo unas mujeres todavía muy jóvenes, relataban a la Corte la forma en que fueron ultrajadas y violadas al ser detenidas por la Policía mexicana.

Las cuatro coincidieron en que fueron golpeadas, humilladas, agredidas sexualmente por unos policías que les amenazaban con matarlas una vez que conseguían su filiación. "Ya sabemos quién eres y dónde vives" les dijeron.

Las consecuencias que aquellos sucesos tuvieron para sus vidas también son coincidentes: todas dejaron su trabajo. Todas tienen mucha dificultad para las relaciones personales y las familias se desintegraron de distintas formas.

Bárbara Italia Méndez reconoció, a preguntas de uno de los jueces de la Corte que, al despertar por las mañanas, lo primero que miraba era un gran ventanal de su habitación de un cuarto piso con el deseo de tirarse.

Angélica Patricia Torres, en el único momento de su declaración que levantó la voz, fue para decir que, desde el suceso "jamás, jamás, jamás he vuelto a coger un libro".

Sin embargo, Claudia Hernández reconoció que la tortura la arrojó al alcoholismo y que, a pesar de la insistencia de su compañero, "que muchas veces me ha recogido de debajo de las mesas", no quiere tener hijos. "No puedo soportar pensar que les pasara algo como me pasó a mi", aseveró

Todas estaban rodeadas de otras personas golpeadas y ultrajadas. Oían los gritos de a los que, como a ellas, agredían. La misma Claudia explicó que en el momento de su detención, a su lado, de rodillas, había un muchacho de unos 13 años con una bolsa de plástico en la cabeza.

Las ponían de rodillas, las subían el jersey hasta la cabeza para que no vieran -ahí comenzaban los tocamientos- y, a golpes de porra en los tobillos, intentaban que abrieran las piernas para introducir los dedos en la vagina.

Se dio la circunstancia de que, en aquellos días, Claudia estaba menstruando y, según declaró, los policías le dijeron "vamos a ensuciar más a esta perra". Claudia también recordó cómo violaban a otra mujer a pocos metros de ella.

Norma Jiménez Osorio relató que abusaron de ella en el suelo de un autobús lleno de detenidos y sobre un charco de sangre "mientras me llamaban puta y me daban puñetazos en el estómago".

Constantes fueron también el desprecio de los médicos cuando fueron reconocidas físicamente, las pocas garantías procesales, su estancia en la cárcel que, como Bárbara Italia Méndez señaló, "no sabía dónde me habían metido ni el porqué".

Las cuatro coincidieron en que quieren decir sus nombres "muy alto" que no se tienen que avergonzar. Que están hartas de que se las llame mentirosas.

"Parece que les dijeron pueden golpear, pueden violar, que no va a haber castigo", dijo Angélica al explicar a la Sala las consecuencias de la tortura: "No me puedo mirar al espejo. No me reconozco. Todas las mujeres son guapas y bonitas menos yo".

Y las cuatro solicitaron a la Corte que "paguen los culpables porque sólo hubo un policía condenado que salió con una fianza", que "pague la cadena de mando", pero, sobre todo, que lo que han sufrido "nunca vuelva a pasar".

Según el escrito presentado en la Corte por las agraviadas, durante el 3 y 4 de mayo de 2006 fuerzas policiales habrían desalojado a floricultores de un mercado local en el municipio de Texcoco, que protestaban por las expropiaciones de tierras para la construcción de un aeropuerto.

Ello habría generado en Texcoco y en San Salvador de Atenco una serie de acciones de apoyo, con el bloqueo de una carretera federal y enfrentamientos entre policías, comerciantes y sectores de la población que apoyaban a los floricultores, así como allanamientos y detenciones masivas.

"En los dos días, más de 200 personas habrían sido detenidas, dos civiles perdieron la vida y 67 policías federales resultaron heridos", sostiene el escrito.

Entre las personas detenidas hubo 47 mujeres, siendo 11 las presuntas víctimas de este caso, quienes reportaron haber sufrido diversas formas de violencia física y verbal. 



regina