Reportajes

El pasado y el futuro colisionan en los dibujos de los niños rohinyás

2017-12-05

Laura colabora con el estadounidense Adam Ostasrewski en varios proyectos en los campos de...

Moncho Torres

Balukhali (Bangladesh), 5 dic (EFE).- En los dibujos de los niños rohinyás en Bangladesh hay un pasado en Birmania (Myanmar) de tiroteos y hogares incendiados por uniformados, pero también un futuro más optimista, con una enorme y divertida sonrisa.

"Queremos que hoy sea un día de esperanza y piensen acerca del futuro, porque (...) cuando dibujan acerca del pasado, las experiencias que tienen estos niños son absolutamente terribles", explica a Efe la cooperante española Laura del Castillo.

Laura colabora con el estadounidense Adam Ostasrewski en varios proyectos en los campos de refugiados en el sureste de Bangladesh en los que tratan de "inspirar" a los niños, que representan según Unicef alrededor del 60 % de los 625,000 rohinyás huidos de Birmania desde el estallido de violencia del pasado 25 de agosto.

Para ello han elegido un orfanato en el campamento de Balukhali, donde decenas de pequeños y pequeñas ríen en una construcción de uralita mientras un artista local les anima a pintarse a sí mismos con rostros con una enorme sonrisa de sandía, de oreja a oreja.

No lejos de allí se encuentra uno de los "espacios amigables" que acogen a 139 niños bajo la coordinación de Unicef, con el techo plagado de globos, juguetes en el suelo y un amplio espacio en una de las paredes del centro ilustrado con dibujos de los pequeños.

"Pintan sus casas, sus pueblos, también las masacres que sucedieron allí", dice a Efe el director del centro, Sadrul Alam Milton, al explicar que el propósito del lugar es "que estén felices" y olviden los traumas del exterior.

Uno de los niños sentados en el suelo dibuja, según describe, un soldado bangladeshí "bueno", mientras sobre su cabeza cuelgan decenas de dibujos realizados por sus compañeros, entre los que sobresalen casas ardiendo con intenso rojo o soldados de verde escupiendo fuego con sus lanzallamas o disparando.

Según el portavoz de Unicef Benjamin Steinlechner, el proceso terapéutico consiste "en que los niños pinten las experiencias que han vivido, para que los psicólogos vengan y hablen con ellos", un método con el que ya han recibido apoyo 1.170 menores, añade.

Una de las trabajadoras del centro, Sharmin Husna, recuerda a Efe el caso que le narró una de las niñas, de unos seis años.

"Me dijo que estaba jugando en su casa cuando llegó la Policía y se llevó a su padre. A su madre la encerraron en una habitación, bloqueándola desde fuera y le prendieron fuego. La niña fue testigo de todo. Escapó, era la única hija", rememora.

A principio del mes pasado, el Gobierno de Bangladesh contabilizó que al menos 36,000 niños habían perdido uno o los dos padres entre los más de 600,000 rohinyás que llegaron al país.

Cerca del lugar, Abdu Salam, explica a Efe algunos de los traumas a los que se han enfrentado los más pequeños en Birmania durante una campaña militar que tanto Naciones Unidas como el Gobierno estadounidense han calificado de "limpieza étnica".

"Nos llevó 25 días llegar a Bangladesh. Muchos de los bebés morían en los brazos de las madres por falta de comida. Había mujeres que daban a luz en el camino y dejaban allí a sus bebés muertos", narró este rohinyá de 60 años.

Antes, en aldeas como la suya, en el estado occidental de Rakáin, las fuerzas de seguridad birmanas "metían a los más débiles en las casas y les prendían fuego" y anota que, por fortuna, su hijo pudo salvarse al permanecer oculto "en el agujero de un retrete".

Y concluye exaltado señalando a un niño a su lado de unos dos años vestido con un grueso jersey amarillo y desnudo de cintura para abajo mientras exclama: "He visto a muchos niños lanzados al fuego, niños como este".



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