Internacional - Seguridad y Justicia

La justicia francesa investiga a responsables de la mayor cementera del mundo por financiar al Estado Islámico 

2017-12-05

Cuando Lafarge cerró finalmente la planta de Jalabiya, en 2014, abandonó a su suerte...

ENRIC GONZÁLEZ | El Mundo

Un tribunal de París anuncia el procesamiento de sus principales responsables entre 2011 y 2014, acusados de pagar grandes sumas al IS

Cuando Lafarge cerró finalmente la planta de Jalabiya, en 2014, abandonó a su suerte a los empleados sirios y muchos fueron asesinados

El grupo franco-suizo LafargeHolcim es el mayor productor mundial de materiales de construcción. También es, según la justicia francesa, una empresa que financia el terrorismo yihadista. Un tribunal de París ha anunciado el procesamiento de los principales responsables del grupo entre 2011 y 2014, bajo la acusación de pagar grandes sumas al Estado Islámico y de comprar petróleo a la organización terrorista, con el fin de mantener en funcionamiento su cementera de Jalabiya, al noreste de Siria, en plena guerra y pese al embargo ordenado por la Unión Europea.

Entre 2011 y 2012, las grandes empresas europeas dejaron de operar en Siria. La petrolera francesa Total, por ejemplo, abandonó el país en 2011. La guerra y el embargo impuesto por Estados Unidos y la Unión Europea hacían imposible operar en el país medioriental. Pero Lafarge, el gigante cementero francés, había invertido desde 2008 casi 700 millones de dólares en su cementera de Jalabiya y sus dirigentes decidieron que no les apetecía perder ese dinero. Dieron orden a los responsables en Siria de mantener la fábrica en funcionamiento, a cualquier precio.

El precio consistió en pagar entre 80,000 y 100,000 dólares mensuales al Frente Nusra, filial de Al Qaeda, primero, y a Estado Islámico, después, para que sus militantes respetaran y ocasionalmente protegieran la cementera. El precio también consistió en comprar petróleo a Estado Islámico, por una suma total aún no establecida por la investigación judicial. Cuando un grupo más o menos descontrolado de Estado Islámico secuestró a varios trabajadores de Lafarge, la empresa pagó 200,000 euros para liberarles. La justicia francesa añade una última acusación: cuando Lafarge cerró finalmente la planta de Jalabiya, en septiembre de 2014, abandonó a su suerte a los empleados sirios. Muchos de ellos fueron asesinados.

Los dos directores de la fábrica siria entre 2008 y 2014 fueron procesados el pasado viernes por financiación del terrorismo. El jefe de seguridad de Lafarge fue procesado también. Para el miércoles han sido convocados el entonces presidente de Lafarge, Bruno Lafont, y el vicepresidente, Christian Herrault. Se da por seguro su procesamiento. El viernes comparecerá ante el juez instructor Eric Olsen, director de Recursos Humanos hasta septiembre de 2013 y posteriormente director general. Todos ellos dimitieron en cuanto aparecieron las primeras informaciones sobre el asunto, a mediados del pasado año.

Facturas falsas

En 2014, la francesa Lafarge y la suiza Holcim se fusionaron para crear el mayor gigante mundial del cemento y los materiales de construcción, con una facturación anual superior a los 30,000 millones de euros anuales. Hacia finales de 2016, todos los dirigentes franceses habían dimitido ya por el escándalo sirio y los suizos controlaban el grupo. Una investigación del medio digital Médiapart demostró, en mayo de este año, que el ex jefe de seguridad de Lafarge, Jean-Claude Veillard, militante del ultraderechista Frente Nacional, había mantenido contactos directos con dirigentes de Estado Islámico. Poco después dimitió el director general de LafargeHolcim, Eric Olsen.

El sumario abierto a mediados del pasado junio contiene documentos del Servicio Nacional de Aduanas francés que acreditan que los sobornos pagados a Estado Islámico por los directivos en Siria, y las compras de petróleo a los yihadistas, fueron encubiertos en la central de París con facturas falsas.

El actual presidente de LafargeHolcim, el suizo Beat Hess, ha declarado en el diario 'Le Figaro' que cooperaría con la justicia francesa. "La acusación de financiar grupos terroristas, de los que conocemos las atrocidades, es extremadamente grave, pero hablamos de un caso excepcional. Se han cometido errores inaceptables que el grupo lamenta y condena".

El delegado sindical francés Philippe Springsfeld habló al mismo diario de un sentimiento de vergüenza: "Hay quien ha abandonado la empresa, porque no podía soportar seguir trabajando en una sociedad financiadora del terrorismo", dijo. "Nuestros agentes comerciales son abroncados por los clientes. Nunca habríamos creído posible que cosas así ocurrieran en esta casa".


 



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