Internacional - Población

La "limpieza étnica" de los rohinyá enturbia el legado de Aung San Suu Kyi

2017-12-12

Suu Kyi, que pasó unos 15 años de arresto domiciliario durante la dictadura y...

Gaspar Ruiz-Canela

Bangkok, 12 dic (EFE).- La líder de facto de Birmania (Myanmar), Aung San Suu Kyi, ha vivido el peor año de su mandato después de que el Ejército birmano fuera acusado de llevar a cabo una campaña de "limpieza étnica" contra la minoría musulmana rohinyá.

Una operación militar en el norte del estado Rakáin (antiguo Arakan), en el oeste del país, ha provocado la huida, desde el pasado agosto, de más de 640,000 rohinyá residentes en el área hacia la vecina Bangladesh.

El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad al-Hussein, calificó la situación en Rakáin como "una limpieza étnica de manual", término utilizado también por EU y Reino Unido, y no descartó que haya indicios de genocidio.

Suu Kyi, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991 por su oposición pacífica durante la dictadura (1962-2011), ha sido criticada por no defender a los rohinyá, a quienes su Gobierno niega la ciudadanía.

Ya le han retirado un retrato y varios honores en Oxford, la ciudad británica donde estudió entre 1964 y 1967, y más de 400,000 personas han firmado una petición en Change.org para retirarle el Premio Nobel, algo que la comité noruego ha dicho que no es posible.

"Si el precio político de tu ascensión a la oficina mas alta de Myanmar es tu silencio (sobre los rohinyá), el precio seguramente es demasiado alto", le escribió Desmond Tutu, el obispo y nobel de la paz sudafricano.

Sin embargo, de momento ningún líder mundial la ha criticado directamente e incluso el papa Francisco evitó pronunciar la palabra "rohinyá" durante su reciente visita al país.

La última crisis en Rakáin se desató cuando militantes precariamente armados del grupo insurgente Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ARSA) atacaron el 25 de agosto una treintena de puestos policiales fronterizos y un cuartel militar.

El ataque desencadenó una dura campaña militar y a lo largo de varias semanas, según datos de la oficina de Suu Kyi, murieron 371 rebeldes, 15 efectivos gubernamentales y 28 civiles.

Las operaciones también causaron el éxodo a Bangladesh de centenares de miles de personas, en su mayoría rohinyá, quienes acusan a los soldados birmanos de asesinar, violar a mujeres y niñas en masa e incendiar sus hogares.

El Ejército birmano, que niega todas las acusaciones, tiene una gran autonomía, ya que la Constitución otorga a los militares el control del 25 por ciento del Parlamento y los Ministerios de Defensa, Interior y Fronteras.

Suu Kyi, que pasó unos 15 años de arresto domiciliario durante la dictadura y ganó las elecciones en 2015, ha acusado a los "terroristas", en referencia a ARSA, de diseminar una campaña de "desinformación" y durante una conferencia aseguró que desconocía por qué los rohinyá huyen de Birmania.

Por otro lado, la nobel de la paz ha reiterado su intención de aumentar la ayuda humanitaria en Rakáin, promover la reconciliación y repatriar a los refugiados a través de un proceso de verificación.

Sin embargo, muchos rohinyá tendrán difícil demostrar sus raíces en Birmania porque perdieron sus documentos de identidad en la huida o les fueron confiscados por las autoridades anteriormente.

La mandataria birmana se refiere a esta minoría como "musulmanes de Rakáin", ya que el término "rohinyá" es tabú en un país donde son considerados por muchos como inmigrantes de Bangladesh, país en el que tampoco son reconocidos como nacionales.

Los rohinyá, emparentados étnica y lingüísticamente con sus vecinos bangladesíes, alegan que llevan generaciones o incluso siglos viviendo en lo que hoy es Birmania, un país de mayoría budista aunque con importantes minorías cristianas, musulmanas y animistas.

En los años 70 y 90 hubo éxodos de rohinyá debido a campañas del Ejército y en 2012 un brote de violencia sectaria provocó al menos 160 muertos y 140,000 desplazados, en su mayoría miembros de esta minoría musulmana que aún siguen hacinados en campos precarios.

Según Amnistía Internacional, estos apátridas viven en un estado de "apartheid" en Rakáin donde una "intrincada red de leyes" les restringe la libertad de movimientos, así como el acceso al empleo, asistencia sanitaria o educación.

Se estima que más del 60 por ciento de los más de un millón de rohinyá que vivían en este estado han huido del país, la mayor parte en los últimos cuatro meses. 



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