Nacional - Política

México muestra sus tres grandes cartas electorales en un escenario de total incertidumbre 

2017-12-13

La designación de Aurelio Nuño, exsecretario de Educación y uno de los hombres...

 

Javier Lafuente

México cuenta ya con las principales cartas presidenciales sobre la mesa. Una lucha entre tres; un camino, el que separa hasta el 1 de julio de 2018, repleto aún de obstáculos internos. Salvo Andrés Manuel López Obrador, que goza de todo el apoyo de Morena, el partido que creó tras abandonar el PRD, los otros dos candidatos, José Antonio Meade y Ricardo Anaya, deberán sobreponerse a las batallas en sus formaciones que han abierto múltiples fisuras, algunas más visibles que otras.

Las encuestas se han convertido en una suerte de primera criba en un país que no cuenta con segunda vuelta electoral. La obsesión de Meade, aspirante del PRI y Ricardo Anaya, candidato del Frente por México, la coalición del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, es garantizarse en los próximos meses la segunda posición de los sondeos –en la mayoría, ese lugar es para el candidato del Frente-, toda vez que López Obrador se mantiene puntero desde hace tiempo en todas las consultas. Ambos consideran que no se terminará por llegar a una elección a tres y quieren tratar de descabalgar al rival para hacerse con aquellos electores que opten por el voto útil.

El PRI y el PAN batallan por ocupar el centro del tablero político de forma muy diversa. Con la elección de Meade, el PRI ha optado por dar un giro a la derecha. El nombramiento del que fuera secretario de Hacienda con Felipe Calderón (PAN) y del actual sexenio del priista Enrique Peña Nieto ha sido recibida como una garantía de seguridad para los inversores y la estabilidad económica de México. Además, representa un guiño hacia los panistas, especialmente los calderonistas, desencantados con la deriva del partido, tradicional fuerza de oposición en México, bajo la batuta de Anaya.

El dedazo de Peña Nieto, no obstante, ha abierto fisuras dentro del viejo priismo, que consideraba que el partido debía desdoblarse hacia la izquierda o no hacer tan evidente el giro conservador. Desde que fue nombrado candidato, Meade ha tratado de trasladar una imagen de unidad, que a menudo resulta forzada, con continuas reuniones con pesos pesados del tricolor, como el gran sacrificado por Peña Nieto, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong o el expresidente del partido, Manlio Fabio Beltrones. La designación de Aurelio Nuño, exsecretario de Educación y uno de los hombres de confianza de Peña Nieto, como director de campaña, pone también en entredicho otro de los retos que afronta Meade: marcar distancias con la impopularidad de la galopante corrupción y la violencia en el sexenio de Peña Nieto.

Otra de las incógnitas por desvelarse es la reacción de los votantes priistas después de que el presidente se decantase por alguien que no milita en el partido. “Creo que hay más corrientes de las que pensamos que ven a Meade como un panista; a los votantes del PRI les educaron con que el PAN era el rival, el enemigo. Él trabajó con un gobierno panista y sus actitudes son las del panismo tradicional”, opina Soledad Loaeza, profesora Investigadora del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México, para quien los esfuerzos del candidato por tratar de acercarse al priismo tradicional han sido, en muchos casos, exagerados, “Aquello que dijo de "háganme suyo" es de bolero de cuarta, un discurso muy pobre”. “Está actuando como que, por definición, es un candidato fuerte. Pero no lo es, porque se ha dedicado a garantizar acuerdos internos en el PRI”, añade el sociólogo Andrés Lajous. “Va a tener difícil transmitir esos acuerdos al resto del país, cuando solo son relevantes en las esferas del Gobierno”, completa.

Hasta la pasada semana el PRI y el equipo de Meade celebraban la idea de que el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano no consiguiesen llevar a buen puerto la formación del Frente que pergeñaban desde hacía meses, primero con el calificativo de opositor, luego con el de ciudadano y, finalmente, con ninguno de los dos. La fragmentación del voto, consideraban, ayudaba al PRI a captar votos del PAN e incluso del PRD para desembocar la elección en un duelo fratricida con López Obrador y situar al votante ante la diatriba del continuismo o el populismo que, a su juicio, representa el líder de Morena.

Precisamente esa es la alternativa que enarbola Por México al Frente, la coalición con la que aspira a la presidencia Anaya, que ha apostado todo su capital político en esta lucha. “Lograr el Frente ha sido importante, ofrece un cambio distinto, pero su imagen de honestidad ha quedado golpeada por su ambición, con varias traiciones por el camino”, opina José Antonio Crespo, analista político y profesor del Centro de Investigaciones y Docencias Económicas (CIDE).

Anaya está convencido de que el Frente puede ocupar el centro del espectro político aún a costa de haber abierto una división en el PAN de consecuencias aún inciertas. Con su apuesta por la candidatura ha sacrificado al sector calderonista, incluida su esposa, Margarita Zavala, que pretende optar a la presidencia como independiente. Un proceso –“matanza carnal”, lo denomina Lajous- que ha desdibujado la historia del partido de la derecha mexicana al aliarse con el PRD, la tradicional fuerza progresista, inmersa en las continuas guerras internas de sus múltiples corrientes y que, por primera vez, ha optado por no tener una candidatura presidencial. “El PAN ha perdido la identidad que ofrecía, se ha vuelto oposición y ha dejado la esencia de partido que tenía”, opina Loaeza, gran conocedora de las entrañadas de la formación. “El PAN ha quedado muy fracturado, me sorprendería que se pudiese galvanizar. Está por ver si Anaya va a jugar el papel de líder atractivo que, por otra parte, nunca ha tenido la derecha mexicana”.

A la espera de lo que ocurra con el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez El Bronco y Margarita Zavala, los dos independientes que pretenden juntar las firmas necesarias para llegar a la elección, la única certidumbre es la solidez de Morena, el fortín de López Obrador. El dos veces candidato presidencial es el único que camina sin tener que sortear obstáculos en su partido. La fortaleza interna del líder de Morena –que este jueves presentará a un hipotético Gabinete- se puede considerar, no obstante, inversamente proporcional a las dudas que genera más allá de su electorado. Pese a la moderación de su discurso y haber entregado la creación de su plan de gobierno –especialmente el apartado económico- a un empresario del norte de México, tradicional bastión conservador, como Alfonso Romo, muchos votantes lo siguen considerando una amenaza para México, la idea en la que pretenden ahondar tanto Meade como Anaya, especialmente el primero. Aunque lidera todas las encuestas desde hace meses, López Obrador no ha logrado en todo ese tiempo consolidarse ante sus rivales.



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