Vuelta al Mundo

La paz rusa en Siria

2017-12-14

En todo momento, el despliegue militar ruso en Siria estuvo dirigido a limitar el margen de...

Política Exterior

Desde que en 2011 comenzó la guerra civil, Rusia la ha considerado siempre una agresión externa, lo que ya anticipaba algún tipo de intervención para defender el régimen del presidente Bachar el Asad.

En los momentos más duros del conflicto, a principios de 2015, el régimen llegó a perder el 78% del territorio, 226,000 millones de dólares del PIB y medio millón de habitantes.

Aunque la guerra no ha terminado por los bolsas de resistencia y feudos que subsisten fuera del control de Damasco, el desmantelamiento del califato de Daesh y la recuperación de la mayor parte del país por las fuerzas del régimen, con ayuda rusa e iraní, ya permiten hablar de posguerra. A partir de ahora primarán la política y la diplomacia sobre las armas.

Nadie en ese terreno está siendo más activo que Moscú, que celebró el 21 de noviembre una reunión en Sochi entre el presidente ruso Vladimir Putin y El Asad y un día después en la misma ciudad una cumbre tripartita entre Putin y los presidentes de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, e Irán, Hasán Rohaní.

Para extender la fe ortodoxa por Oriente Próximo, la emperatriz rusa Catalina II La Grande entró en guerra contra el imperio Otomano, se anexionó Crimea, transformó el mar Negro en un mar ortodoxo y tomó Beirut, declarando que Siria era “la llave de la Casa Rusia”. El sueño imperial de Catalina y de la Unión Soviética en el Levante se frustró por la resistencia local y de las potencias occidentales a los planes de Moscú en la región, pero Putin lo ha realizado en 2017 al volver a situar a Rusia como una gran potencia en el Mediterráneo.

En todo momento, el despliegue militar ruso en Siria estuvo dirigido a limitar el margen de maniobra de Estados Unidos y sus aliados regionales. La puesta en escena política de las reuniones de Sochi fue diseñada para subrayar el nuevo papel de Rusia en Oriente Próximo. Hasta Turquía, históricamente gran rival de Moscú en el mar Negro, ha terminado alineándose con sus objetivos y abandonando su inicial intención de derrocar a El Asad. A cambio, Ankara obtiene el apoyo ruso para evitar que los kurdos sirios consoliden la Federación Democrática del Norte de Siria, conocida como el Kurdistán sirio o Rojava, el cantón étnico autónomo en sus fronteras surorientales, que podría dar profundidad estratégica a los secesionistas kurdos turcos del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK). El Pentágono ha dejado ya de enviarles armas y les está exigiendo que devuelvan a Damasco el control de territorios árabes, hoy bajo su control. El Asad va a ser paciente, pero no tolerará un gobierno kurdo.

Una vez derrotado Daesh, EU no tiene ningún interés en librar una guerra con Damasco o Ankara para salvaguardar los intereses kurdos.

En 2015 en Sochi, Putin anunció el envío de una fuerza expedicionaria rusa a Siria. Ahora ha anunciado una paz impuesta por Damasco. En su reunión con Erdogan y Rohaní propuso reemplazar las negociaciones en Astaná (capital de Kazajstán) por un nuevo foro que imponga sus condiciones, sobre las realizadas por Naciones Unidas en Ginebra desde hace años, sin resultados visibles.

El 2 de diciembre se reunió en Sochi un Congreso Popular Sirio en el que participaron 1,500 representantes de unos 30 grupos y partidos opositores. Moscú espera que el Congreso redacte una nueva Constitución y fije las fechas de las próximas elecciones legislativas y presidenciales, en principio previstas para 2021, todo ello dejando intacto el poder de El Asad.

Aunque Washington ha terminado por aceptar el protagonismo ruso, el secretario de Defensa, James Mattis, ha descartado retirar el millar de asesores militares y miembros de fuerzas especiales que en el sureste ayudan a las milicias kurdas sirias de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) y del llamado Alto Comité de Negociaciones (ACN), una de las principales plataformas opositoras. La cabeza visible del ACN, Riyad Hijab, exprimer ministro sirio, dimitió el 20 de noviembre en vísperas de una reunión en Riad para aunar posiciones con otros grupos.

Por otra parte, si se rompe la frágil tregua entre las FDS y Damasco, la reanudación de los combates daría una nueva oportunidad a los yihadistas. Las diferentes milicias y “señores de la guerra” que han apoyado el régimen –los Halcones del Desierto, la Brigada Baaz y la del imán Mahdi– tampoco quieren quedar fuera del reparto y quizá no estén demasiado dispuestos a aceptar el trozo que El Asad quiere concederles.



yoselin
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