Internacional - Política

Brexit, refugiados y el futuro del euro en la última Cumbre europea del año

2017-12-14

Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reúnen hoy en Bruselas para la última...

PABLO R. SUANZES | El Mundo


Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reúnen hoy en Bruselas para la última Cumbre de 2017. Un año convulso, marcado por el Brexit, los coletazos de la crisis de refugiados y la elección de Donald Trump. Pero también por la victoria de las corrientes europeístas (o al menos la derrota de las eurófobas) en Holanda, Francia y Alemania y la consolidación de la recuperación económica.

Los 'líderes', como son conocidos en el argot comunitario, celebrarán en realidad una triple cumbre entre el jueves y el viernes. Primero, un Consejo Europeo tradicional, a 28. Y después, una Eurocumbre para hablar de los muchos proyectos para la reforma de la Eurozona y un Consejo especial a 27, sin Reino Unido en la sala, para decidir si dan el visto bueno al acuerdo alcanzado el pasado viernes entre Jean-Claude Juncker y Theresa May y autorizan el paso a la segunda fase de las negociaciones.

El ambiente en la capital europea es singular. No se espera gran cosa y al mismo tiempo se espera mucho. El jueves los líderes hablarán de la Pesco, de la Cooperación Permanente Estructurada en cuestiones de Defensa, que se puso en marcha hace unas semanas, y escucharán al secretario general de la OTAN, Jens Stontelberg.

Después, durante la cena, debatirán sobre la crisis migratoria, sobre las sanciones a Rusia (con una puesta al día de Angela Merkel y Emmanuel Macron de los Acuerdos de Minsk) y han añadido un punto extra de pura actualidad: la decisión de EU de reconocer Jerusalén como la capital israelí y trasladar allí en el futuro su embajada. El pasado lunes, los ministros de Exteriores comunitarios le dijeron en personal a Benjamin Netanyahu, en la primera visita de un primer ministro israelí a las instituciones europeas en 22 años, que ellos no lo harán y que siguen apostando por la solución de los dos Estados.

El tema migratorio es el clave. Tusk ha enfurecido a la Comisión y reabierto el debate al tildar de "muy divisivas e ineficientes" a las cuotas obligatorias para aceptar refugiados que la UE impuso en el verano de 2015. Los países del Este, con el Grupo de Visegrado a la cabeza, se rebelaron, y con el tiempo otros países les han acabado dando la razón.

De aquí a junio de 2018 se debe abordar la reforma integral del sistema de asilo y de política migratoria, incluyendo cambios profundos a la Convención de Dublín, que entre otras cosas dispone que un demandantes de asilo debe rellenar papeles y ser acogido allí donde entra en la UE. Es un debate largo y complejo que no está cerrado y que para algunas capitales ha quedado empañado por las cuotas, algo "secundario" a pesar de que en su momento fueron la mejor respuesta que la Comisión supo dar a una verdadera crisis humana con la llegada de cientos de miles de refugiados huidos de Siria, Afganistán o el cuerno de África.

"Las cuotas han centrado demasiado el problema y nos hemos olvidado los otros temas", lamentaba esta semana una alta fuente diplomática. "Los 20 millones potenciales de inmigrantes que tiene África son económicos. Ojalá no haya guerras y necesidad real de dar estatus de protección internacional y asilo político. Pero la realidad incontestable sobre la que trabajar es la migración económica".

El Consejo y la mayoría de los países quieren enterrar así la idea y el sistema de cuotas y centrarse en la política migratoria. "No es el reparto, lo grave son las llegadas", insistía esa fuente.

Europa se moverá hacia dar dinero a los países africanos, a trabajar como se ha hecho con Libia o Sudán o como a diferente escala ha hecho España con numerosos gobiernos desde hace años.

Cumbre del euro

El viernes, con Mario Draghi, presidente del BCE; y Jeroen Dijsselbloem, en su último mes al frente del Eurogrupo, se discutirá en profundidad sobre las reformas económicas y la necesidad de profundizar en la integración de la Eurozona. Hay muchos temas abiertos, pero en su carta a las capitales, el presidente del Consejo, Donald Tusk, ha priorizado tres: transformar el Mede en un Fondo Monetario Europeo. Finalizar la Unión Bancaria. Y lograr un seguro europeo de desempleo.

Al acabar la sesión, no habrá conclusiones escritas ni se ha discutido un texto consensuado, pero Tusk redactará una carta con las prioridades mencionadas y la opinión de los Gobiernos y se la remitirá a Dijsselbloem para que el Eurogrupo lo tenga presente en los próximos seis meses.

Todo en el aire durante un semestre, en buena medida porque Alemania sigue ausente. Mientras las conversaciones para formar Gobierno permanezcan abiertas, Merkel no se comprometerá a nada. Y la importancia de los socios cada vez es mayor. Nada que ver tendrá la posición de Berlín si finalmente las conversaciones con el SPD de Martin Schulz salen adelante. Y en Bruselas la mayoría espera que así sea, dada la importante cartera de asuntos que llevan esperando nueve meses en los cajones.

Brexit

El debate del Brexit no se plantea que sea complicado, pero las últimas jornadas han sido movidas. El consenso entre las capitales es que el acuerdo de la Comisión Europea con May es suficiente. Que los compromisos dados son "progresos suficientes" para pasar a la segunda fase de las negociaciones, que es comenzar a hablar de la relación futura entre Reino Unido y la UE.

Ojo, no para discutir el acuerdo comercial futuro. Eso sólo se podrá hacer a partir de marzo de 2019, cuando Reino Unido deje oficialmente la Unión. Se tratará del marco común mientras se cierran todos los detalles pendientes de la salida.

El propio Tusk envió el viernes pasado a los Gobiernos un documento con las nuevas directrices que se deberían dar a Michel Barnier, el negociador principal comunitario, en su nuevo y ampliado mandato. Juncker cerró el acuerdo, pero depende de los 27 refrendarlo.

En realidad, el lenguaje es importante. No es exactamente un acuerdo y no es refrendable, para bien o para mal. "Se trata de un pacto de caballeros", resumió el portavoz jefe de la Comisión el lunes, saliendo al pasado de las desafortunadas e imprecisas palabras de diferentes miembros del Gobierno británico.

El lema de la negociación es que "nada está cerrado hasta que todo está cerrado", pero "la UE espera que Londres cumpla su parte", para la que ha dado su palabra. Frivolidades del tipo "no es vinculante" o flirteos con la posibilidad de que se cambien cosas (de forma unilateral) han irritado y mucho a los 27, que creen que se trata de un juego interno británico, de una primera ministra en una posición muy débil y derrotada de forma casi humillante el miércoles en el Parlamento.

Pero aun así, y sabiendo que hay tanto en juego, no comprenden las idas y venidas, las incoherencias, las meteduras de pata. La falta de profesionalidad de quienes durante décadas han sido ejemplo de eficiencia y profesionalidad en la política exterior.

Tradicionalmente May usa una de sus intervenciones durante el Consejo Europeo para exponer su visión, y se espera que vuelve a hacerlo. Pero como es costumbre también, lo normal es que nadie replique y el debate se reserve para el viernes, ya entre los que todavía quieren seguir siendo socios.

Guerra de instituciones

El único punto de animación que permanece como incógnita es si la última cumbre de 2017 dejará un enfrentamiento abierto entre la Comisión y el Consejo. Al equipo de Juncker no le gustó nada que Tusk se haya arrogado competencias, haga propuestas políticas y encima desacredite el trabajo de los compañeros que están al otro lado de la calle. El comisario Karmenu Vela tildó de "antieuropeo, insolidario e inaceptable" que Tusk quiera sacar las cuotas de la agenda europea. Y muchos esperan que Juncker haga valer sus galones y llame al orden al Consejo.

Hay una cuestión institucional importante. Pero también una lucha de poder. Consejo y Comisión son partes indispensables, pero también rivales en muchas cosas. Y desde que Juncker dijera en su discurso sobre el Estado de la UE que sólo debería haber un presidente en Europa, el polaco Donald Tusk parece completamente decidido a darle la razón y demostrar que de ser así, él mismo es la persona adecuada.



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