Ecología y Contaminación

¿Por qué India no puede controlar su contaminación?

2017-12-14

La crisis de esmog afecta la esencia de la imagen que India quiere proyectar hacia el extranjero;...

Jeffrey Gettleman, Kai Schultz y Hari Kumar, The New York Times

NUEVA DELHI — A principios de diciembre millones de personas estaban viendo un partido de críquet televisado entre los equipos nacionales de India y Sri Lanka, cuando el juego de pronto se detuvo.

La contaminación en Nueva Delhi ha estado especialmente fuerte y uno de los jugadores de Sri Lanka apenas podía respirar. Se inclinó hacia adelante, puso las manos sobre sus rodillas y comenzó a vomitar durante la transmisión en vivo.

Era evidente que los jugadores de críquet de Sri Lanka no estaban preparados para el aire sucio de Nueva Delhi, que esa semana superó en veintidós veces el nivel de partículas contaminantes nocivas que la Organización Mundial de la Salud considera aceptable. Fue un momento vergonzoso para India y el Tribunal Verde Nacional, la corte medioambiental de ese país, reprendió al gobierno local por haber organizado el partido.

“Todos los diarios habían tenido encabezados acerca de que la contaminación del aire sería más pronunciada. Sin embargo, ustedes no tomaron medidas. Los jugadores incluso estaban usando tapabocas durante el partido”, dijo la corte. “¿Acaso la gente de Delhi debe soportar esto?”.

Se podría hacer una pregunta más amplia: ¿por qué India, país que ha hecho considerables avances en la lucha contra la pobreza y aspira a ser una superpotencia, no puede controlar su contaminación?

La crisis de esmog afecta la esencia de la imagen que India quiere proyectar hacia el extranjero; está atizando la insatisfacción con el primer ministro Narendra Modi; es un lastre para la economía, y, de acuerdo con un nuevo informe de Unicef, podría estar dañando de manera permanente los cerebros de los niños.

Los ambientalistas del país reconocen que la contaminación del aire es un monstruo de varias cabezas con muchas causas. No obstante, afirman que Modi no ha podido responder adecuadamente e, incluso, que sus políticas proempresariales, como relajar las reglas en torno a los sitios de construcción, han hecho que empeore el problema.

“Las regulaciones ambientales se están diluyendo para promover la facilidad de crear negocios”, dijo Prerna Bindra, una conservacionista de la vida salvaje. “Las preocupaciones ecológicas no se reflejan en la historia de crecimiento de India. En algunas ciudades, inhalamos veneno cada vez que respiramos”.

A principios de noviembre, el esmog en Nueva Delhi era tan denso que no se podía ver el extremo de la calle. United Airlines canceló vuelos durante varios días y las autoridades cerraron escuelas. La gente llenó los hospitales con casos graves de tos. Algunos dijeron que sentían como si una mano estuviera apretando sus gargantas.

Esta época del año, con la llegada del invierno, es la peor. El humo de diésel, el polvo de construcción, las emisiones de las plantas de carbón y el humo de enormes hileras de cultivos se combinan para formar una capa de esmog, engrosada a causa de un aire relativamente frío y con poco viento.

Algunos en el equipo de Modi se han apurado en atribuirlo al factor estacional. El ministro de Medioambiente, Harsh Vardhan, le aseguró a la gente que el problema se solucionaría en cuanto el viento comenzara a soplar.

Arvind Kejriwal, ministro principal de Delhi (un puesto parecido al de gobernador), tuvo una actitud totalmente distinta: dijo que Delhi se había convertido en una “cámara de gas”.

Este es otro problema. Las distintas capas del gobierno indio —y son muchísimas— se pelean entre sí mientras la contaminación del aire sigue filtrándose por las grietas.

“El 99 por ciento de este problema se debe a la falta de coordinación”, dijo Salman Khurshid, un antiguo ministro y miembro del principal partido de oposición. “El gobierno central solo habla, pero no hace nada”.

En 2015, la contaminación fue vinculada con 2,5 millones de muertes en India, según la revista médica The Lancet. El nuevo informe de Unicef indica que los altos niveles de contaminación del aire pueden provocar neuroinflamación, la cual perjudica el desarrollo cognitivo en niños pequeños.

Muchos observadores externos comparan a India y China, dos importantes países asiáticos que intentan encontrar un equilibrio entre expandir su economía tan rápido como sea posible sin arruinar el ambiente.

China ha emitido multas y ha presentado cargos penales con mayor velocidad, pero India jamás ha podido controlar a su población como lo hace China.

El sistema político indio es mucho más libre y más caótico: una democracia descentralizada donde hay 1300 millones de personas y abundan todo tipo de rivalidades políticas y regionales. Los funcionarios indios rara vez respaldan un solo conjunto de políticas, incluso cuando se trata de un enorme problema de salud pública.

El 8 de noviembre, después de que imágenes satelitales de la NASA mostraron una enorme mancha de esmog que cubría el norte del país, ¿qué hicieron los ministros principales de Delhi y Punjab? ¿Acaso se apresuraron a reunirse con el primer ministro? No, comenzaron a enviarse tuits.

“Del se está ahogando, señor”, publicó Kejriwal en referencia a Modi.

“No es un asunto de discusión interestatal”, respondió Amarinder Singh, su par en Punjab.

Una semana después, Kejriwal tuiteó: “Estaría agradecido si pudieran apartar algo de su tiempo para reunirse conmigo”.

Aún no se han reunido.

Los ambientalistas indios tienen una larga lista de quejas: dicen que Modi debería intervenir más para ejercer liderazgo en materia de contaminación del aire. Dicen que la decisión de su gobierno de eliminar la evaluación de impacto ambiental para la mayoría de los proyectos de construcción ha provocado que haya más polvo, lo que contribuye significativamente a la contaminación del aire de Delhi.

También se quejan de que el gobierno de Modi no ha podido reforzar las restricciones en torno a las plantas de energía que utilizan carbón mientras que ha otorgado permisos para construir otras nuevas (incluyendo algunas cerca de Delhi). El carbón es uno de los combustibles más sucios.

Los asesores de Modi argumentan que están impulsando la energía solar, atacando el tráfico de camiones y organizando un grupo de trabajo.

Cada año, en noviembre, flotan por encima de Nueva Delhi nubes de humo blanco. Provienen de miles de millones de kilogramos de residuos de cultivos, como hojas y tallos, que son quemados en granjas en los territorios vecinos de Punjab y Haryana con tal de hacer espacio para la siguiente plantación. La quema de cultivos crea un cuarto de la contaminación del aire de Delhi en el invierno.

Varios gobiernos estatales le han suplicado al gobierno central que dé apoyos para alternativas como transportar los residuos a granjas lecheras para que se los coman las vacas. El costo sería de cerca de 200 millones de dólares, menos de un décimo del uno por ciento del producto interno bruto indio, que suma 2000 millones de dólares. El gobierno central aún no está de acuerdo.

Vinay Kesari, un abogado, abandonó hace poco Delhi y se mudó para ir a Bangalore con su esposa embarazada.

“El factor decisivo”, dijo Kesari, fue “que no queríamos que nuestro bebé respirara por primera vez en Delhi”.



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