Curiosidades

El misterio de la obesidad de Donald Trump

2017-12-18

Una de las características de Donald Trump es su lenguaje corporal. El presidente de EU hace...

PABLO PARDO | El Mundo

Una de las características de Donald Trump es su lenguaje corporal. El presidente de EU hace gestos muy característicos. Y, entre ellos, hay algo que destaca siempre: cuando gesticula, solo mueve los antebrazos, las muñecas y las manos. Nunca la parte superior de los brazos, que cae en perpendicular desde los hombros, paralela al tórax. Es algo que lleva al extremo. Por ejemplo, cuando se da la vuelta o mira a los lados, Trump tiende a mover todo el cuerpo. Es decir, no gira la cintura.

La clave de esos particulares movimientos se reduce a una palabra: hombreras. El presidente estadounidense es obeso, pero no quiere que eso se vea en televisión. Al menos, en sus comparecencias oficiales. Las pocas fotos que hay de Trump jugando al golf muestran a un caballero con una panza mucho más acorde con sus 72 años de edad, que le convierten en el presidente más anciano de la Historia de EU, pese a que sus trajes a medida, su pelo trasplantado, y su maquillaje lo disimulen muy bien.

Su jefe de gabinete, el general John querría que el presidente estuviera ya funcinando al 100% en el Despacho Oval a las 9 de la mañana. Pero, según Haberman y Thrush, no lo ha conseguido. Al menos, todavía. Y es que la caótica Casa Blanca de Bill Clinton parece un ejemplo de disciplina prusiana al lado de la de Donald Trump.

Así es como el presidente llama, a menudo para comentar sus tuits, a sus amigos de Nueva York. Les contacta para hacerles consultas sobre cuestiones políticas, o simplemente para charlar con ellos o comentarles su último tuit. En junio, les llamó para decirles que había escrito el tuit ideal sobre la investigación de la trama rusa: "Ésta es la mayor 'caza de brujas' en la Historia de EU". Sus interlocutores se apresuraron a decirle que el tuit no solo no era genial, sino que probablemente no iba a cambiar nada. Y así ha sido.

Trump suele llevar trajes italianos (otra ironía en alguien que dice defender a la industria de EU) Brioni, cuyo precio oscila entre los 5,000 y los 8,000 dólares (de 4.250 a 6,800 dólares) cada uno. Para disimular el carácter periforme -o sea, en forma de pera- de su anatomía, sus sastres exageran los hombros, de modo que el traje caiga en línea recta. Eso le obliga a mantener la parte superior del brazo más o menos inmóvil, y a no girar las caderas, para que el efecto estético no se descoyunte Así, además, se logran dos objetivos adicionales. Por una parte, el presidente parece tener músculo y ser más 'cuadrado' de lo que es en realidad. Por otra, el traje da la impresión de ser ligeramente más grande de lo que debería.

Y eso es, políticamente, importante. Porque en EU, en la década de los ochenta se impuso la moda de los trajes holgados. Pero que muy holgados. En los últimos diez años esa tendencia ha cambiado hacia la ropa ajustada, pero solo en las ciudades y entre los jóvenes. O sea, entre los demócratas. Y ahí está el quid de la cuestión: Trump no ganó ni en una sola población de más de 100,000 habitantes. Por tanto, su objetivo es identificarse con un hombre de una zona rural, de nivel educativo medio-bajo, que lleva una americana tres tallas más grande de lo que sería normal en una ciudad o en Europa.

Así es como Donald Trump da la impresión de ser más joven y estar más en forma de lo que es. Porque otro de los secretos del presidente es su Índice de Masa Corporal, o sea, el resultado de dividir el peso de una persona por su estatura. Si se asume la versión oficial de su estatura y peso - 1,90 de alto y 106 kilos de peso - éste es de 29,5, lo que le sitúa exactamente en el límite entre 'sobrepeso' y 'obesidad'. Si se toman las cifras 'oficiosas', Trump mide 1,85 y pesa al menos 120 kilos, con lo que entra directamente en la categoría de obeso.



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