Migración

El retorno de miles de migrantes genera angustia e ira en El Salvador 

2018-01-10

Ahora, después de la decisión del gobierno de Donald Trump de eliminar el Estatus de...

Gene Palumbo y Azam Ahmed, The New York Times

SAN SALVADOR — En las calles de esta congestionada capital centroamericana, la conmoción empieza a dar lugar a la amargura y a la ira.

Muchos habitantes de mayor edad recuerdan con rencor el apoyo que dio Estados Unidos al régimen que sumió al país en una guerra civil de doce años y llevó a cientos de miles de salvadoreños a emigrar hacia el norte en busca de seguridad.

También recuerdan el regreso de muchos de esos refugiados que, durante años en los barrios marginales de Los Ángeles, formaron pandillas violentas –MS-13 y Barrio 18– que ahora afectan cada aspecto de la vida en esta pequeña nación centroamericana.

Tampoco han olvidado que la violencia pandillera empujó a unos 120,000 niños y menores de edad de El Salvador, Honduras y Guatemala a atravesar México solos, sin la compañía de adultos, para llegar a territorio estadounidense entre 2014 y 2016. Muchos otros no llegaron nunca.

Ahora, después de la decisión del gobierno de Donald Trump de eliminar el Estatus de Protección Temporal (TPS, por su sigla en inglés) que permitía a unos 200,000 salvadoreños residir y trabajar en Estados Unidos desde 2001 (una medida instaurada después de dos terremotos devastadores), muchos en El Salvador sienten que de nuevo están bajo la sombra de Washington. Y que, una vez más, este terminará por marcar el futuro de su país.

“Va a ser un caos”, dijo Bertilla Parada, cuyo hijo tiene toda su vida y su familia establecida en Estados Unidos desde que emigró después de los terremotos. “Les dio diecinueve años de trabajo y ¿cómo se lo devuelven? Le dicen: ‘Vete de aquí'”.

Parada asegura que El Salvador no está en condiciones de reintegrar a los más de 200,000 salvadoreños que tienen el TPS.

“Cuando regresen a los lugares donde nacieron serán desconocidos”, predijo. “Han estado fuera por veinte años”.

Ángel Hernández, de 26 años, teme que el retorno de salvadoreños empeore la tasa de desempleo del país, que es de alrededor del siete por ciento. “La falta de empleos habitual en El Salvador será aun más crítica cuando toda esa gente busque trabajo”, dijo.

El impacto de esos migrantes se siente en muchos aspectos de la sociedad, especialmente en el económico, que es fuertemente dependiente de la diáspora: en 2016, El Salvador recibió 4,6 mil millones de dólares, principalmente de Estados Unidos.

“Hay padres que salieron y dejaron atrás a sus hijos y les envían dinero para su educación”, dijo Luis Alberto López, de 37 años y director de Cofamide, el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador, un grupo sin fines de lucro que trabaja con los salvadoreños que perdieron el rastro de sus familiares cuando estos intentaban llegar a Estados Unidos.

El regreso masivo de salvadoreños saturaría un mercado laboral ya deprimido, pero también implica un riesgo para los que vuelven.

“La gente cree que cualquiera que regrese de Estados Unidos tiene dinero y los van a extorsionar”, dijo López. “Si intentan empezar un pequeño negocio”, esas extorsiones van a ser peores, añadió.

“Los niños también sufrirán un choque cultural fuerte”, añadió López. “Sus padres pueden intentar decirles cómo son las cosas aquí, pero una cosa es oírlo y otra vivirlo. Hasta sus padres se sentirán como extranjeros”.

López perdió un hermano; fue secuestrado y desapareció camino a Estados Unidos en 2001. Teme que los salvadoreños que regresen “la tengan tan difícil que intentarán regresar allá” y terminen corriendo la misma suerte que su hermano.

Anita Zelaya, la secretaria general de Cofamide, de 60 años, todavía llora la muerte de un hijo que desapareció en México en 2002 cuando intentaba ingresar a Estados Unidos. Ella dijo que la decisión del gobierno de Trump había extendido el miedo entre los salvadoreños que vivían allí.

“Algunos niños dicen: ‘¿Mi mamá se va a ir? ¿Nos van a separar? ‘”, dijo Zelaya. “¿Cómo se las van a arreglar los niños si se quedan? Esto va a generar todavía más problemas psicológicos”, añadió: “Me temo que podría haber un huracán de violencia. Me angustia”.

‘Esta política logra algo poco común: tiene un impacto negativo para todos los involucrados’.

Las organizaciones sin fines de lucro, grupos comunitarios y académicos han criticado la decisión del gobierno de Trump; la han tildado de inhumana y cruel. Muchos consideran que todos pierden con el cambio de política: dañará a la comunidad empresarial estadounidense al dejarla sin empleados y destrozará a las familias a las que el TPS pretendía ayudar aunque fuera de manera temporal.

“Esta política logra algo poco común: tiene un impacto negativo para todos los involucrados”, dijo Charles T. Call, profesor asociado de Resolución de Conflictos y Paz Internacional de American University, en Washington. “Dañará a la economía de Estados Unidos al privarla de migrantes que trabajan duro y que son encarcelados en tasas 44 por ciento menores que las de los nativos de Estados Unidos. Tendrá un impacto lamentable en la economía de El Salvador, ya que 200,000 personas, muchas de las cuales no hablan español, llegarán en busca de trabajos inexistentes”.

“Y los jóvenes retornados serán carne de cañón para las poderosas y mortíferas pandillas de El Salvador”, añadió Call. “La decisión también romperá familias, muchas integradas por ciudadanos ejemplares”.

El país al que regresarán estos salvadoreños será mucho más violento que el que dejaron atrás. En la capital, las calles laberínticas en las colinas se han vuelto un territorio mortal donde, en 2015, se registraba al menos un homicidio cada hora durante los picos de violencia.

El gobierno mismo se ha vuelto un agente de violencia; los policías tienen licencia para perseguir a pandilleros y terminan por detener a veces a gente inocente bajo la política de mano dura del gobierno.

“Con más de 60 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2017, El Salvador tiene una de las tasas de homicidio más altas del mundo”, dijo Héctor Lindo Fuentes, historiador salvadoreño de la Universidad Fordham, en Nueva York. “Esta violencia extraordinaria tiene un componente significativo de lo ‘hecho en Estados Unidos'”.

La violencia que hoy atraviesa la superficie de El Salvador tiene sus orígenes en los Estados Unidos. Durante la guerra civil en el país, de 1980 a 1992, un gobierno militar apoyado por los estadounidenses libró una campaña de tierra arrasada contra las guerrillas de izquierda. El conflicto se cobró la vida de unas 75,000 personas.

“Primero, nos impulsaron en la guerra con millones de dólares, pero apenas terminó nos abandonaron”, dijo José Guardado, un artesano de 47 años en San Salvador. “Hubo muy pocos programas de reinserción para los excombatientes”.

La decisión de la administración Trump, añadió, “es como una nueva bofetada en la cara”.

Durante el conflicto, cientos de miles de salvadoreños huyeron de la violencia, y muchos terminaron en Los Ángeles, que enfrentaba un problema con pandillas callejeras. Los hijos de esos refugiados, atrapados en zonas patrulladas por esas pandillas, formaron sus propia pandillas.

En los años noventa y aún hoy, las autoridades estadounidenses han reunido a esos pandilleros y los han deportado de regreso a El Salvador. Desde entonces, las semillas de la nueva pandillera, importada de los Estados Unidos, fomentó el desarrollo de estructuras que ahora operan con una impunidad casi total en el país.

“Estados Unidos tiene un impacto tan profundo en El Salvador por sus propias necesidades de política exterior que tiene una gran responsabilidad, no solo por el flujo de migrantes desde El Salvador hacia EE. UU., sino también por las actuales condiciones de violencia que existen allí”, Dijo Erik Ching, profesor de Historia en la Universidad Furman en Carolina del Sur.

El Salvador ha estado luchando con la carga de estos deportados y la dinámica turbulenta que trajeron consigo. Las cárceles están desbordadas y se han convertido en agujeros negros de enfermedades y hacinamiento. Afuera, la vida está marcada por el desempleo y la violencia.

El posible retorno de 200,000 personas solo agravará esos problemas. Y mientras tanto, el éxodo continúa: más de 250 salvadoreños salen del país cada día, señaló López de Cofamide.

A partir de datos recopilados por equipos que trabajan con migrantes de El Salvador que pasan por México, Médicos Sin Fronteras ha dicho que el 55 por ciento de esos migrantes y solicitantes de asilo han sido víctimas de extorsión o chantaje. Otro 56 por ciento tiene por lo menos un familiar que ha muerto a causa de la violencia y el 67 por ciento dijo que nunca se había sentido a salvo en su casa.

En el año fiscal que terminó en septiembre de 2016 la Patrulla Fronteriza detuvo a más de 27,000 familias provenientes de El Salvador en el cruce fronterizo entre México y Estados Unidos y a otros 17,5000 niños no acompañados. Esas cifras, por más altas que parezcan, son menores a las de los años anteriores.

“Miles de familias terminarán separadas y quienes se queden en Estados Unidos estarán desesperados de preocupación por la seguridad de los familiares que tengan que regresar a un país pobre y sin la preparación necesaria para recibirlos, donde su seguridad personal estará bajo amenaza cada día”, dijo Lindo Fuentes.



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