Internacional - Población

La tecnología móvil acerca a los rohinyás del exilio a su hogar en Birmania

2018-01-11

En ese caso, los traficantes también se aprovechaban de la tecnología móvil...

Gaspar Ruiz-Canela

Bangkok, 11 ene (EFE).- La tecnología móvil ayuda a los miembros de la minoría musulmana rohinyá en el exilio a comunicarse con sus familiares y amigos en Birmania (Myanmar), donde son víctimas de una operación militar de "limpieza étnica", según la ONU.

En una oficina en el norte de Bangkok, el rohinyá Hajee Ismail usa la aplicación Wechat para hablar con un amigo suyo en el estado Rakáin, en el oeste de Birmania y tierra natal de esta minoría apátrida.

Su amigo, un rohinyá identificado como Furuk, dice que de momento la situación está tranquila en su localidad Bhutidaung, cerca de la frontera con Bangladesh.

"No se pueden mover libremente, solo (pueden desplazarse) dentro de la ciudad", señala a Efe Hajee en un cuarto con mapas y fotografías contiguo a la oficina, desde la que regenta un negocio de distribución de hielo.

Hajee, un antiguo activista estudiantil que llegó a Tailandia en 1995, también es director de Rohingya Peace Network, una organización con unos 500 miembros dedicada a ayudar a los rohinyás que huyen de Birmania.

Antiguamente solía llamar por teléfono cada cierto tiempo a sus conocidos y familiares, pero la comunicación era difícil y cara, algo resuelto ahora gracias a internet y la tecnología móvil.

Hajee también utiliza las aplicaciones de mensajería para hablar con su padre, Noor Islaam, un exprofesor universitario de 74 años que se niega a abandonar Bhutidaung, donde vive con dos hijas y un nieto, a pesar de la tensión.

"Mi padre tiene miedo, pero dice que si tiene que morir pronto prefiere morir allí (en Rakáin)", explica el exiliado, que se casó con una tailandesa y ahora cuenta con permiso de residencia permanente en este país.

Puttanee Kangkun, una activista tailandesa de la ONG Fortify Rights, indica que la telefonía móvil facilita la comunicación entre los rohinyás, así como la transmisión de información y vídeos desde el estado Rakáin.

"Usan Wechat para enviar vídeoclips desde el interior, para comunicarse con familiares dentro de Myanmar y en otros países", apunta en un correo electrónico enviado a Efe Puttanee, quien ha trabajado con exiliados rohinyás en Tailandia.

Sin embargo, la tailandesa reconoce que es importante corroborar la veracidad de las informaciones y los vídeos transmitidos a través de aplicaciones de mensajería instantánea.

Internet ya tuvo un papel muy relevante durante las protestas contra la antigua junta militar birmana en 2007, cuando activistas y blogueros consiguieron transmitir por la red información y fotografías de la represión del Ejército de las manifestaciones.

En los últimos años, Facebook se ha convertido en una herramienta relevante de información para millones de birmanos, aunque también en una fuente de desinformación y rumores contra algunas minorías como los rohinyás.

Esta minoría musulmana, a las que las autoridades birmanas niegan la ciudadanía y otros derechos como la libertad de desplazamiento, ha sido víctima de una "limpieza étnica" por parte del Ejército en los últimos meses, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Más de 650,000 rohinyás han huido desde el pasado agosto a Bangladesh, donde muchos refugiados de esta minoría han acusado a los soldados birmanos de asesinato, violar a mujeres e incendiar sus hogares.

Tanto Rohingya Peace Network como Fortify Rights opinan que es probable que esta ola de violencia provoque un éxodo marítimo de rohinyás hasta Tailandia, Malasia e Indonesia, similar al ocurrido en 2015.

En aquel año, la Policía tailandesa desarticuló una red de traficantes de seres humanos que controlaba los barcos con refugiados que llegaban de Birmania.

Encerraban a los rohinyás en campos en ambos lados de la frontera malasio-tailandesa, donde eran maltratados y algunos murieron asesinados o por las condiciones insalubres.

En ese caso, los traficantes también se aprovechaban de la tecnología móvil para organizar su red criminal internacional y presionar a los familiares de los rehenes para que pagaran rescates que en ocasiones ascendían a 50,000 bat (unos 1,500 dólares o 1.280 euros).



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