Contra Espada

Nacidos en guerra, ¿creciendo en esperanza? 

2018-01-30

Ruba es una de esas niñas. Nació con bajo peso y ha sufrido varios episodios de...

JAVIER MARTOS | El Mundo

Más de 3 millones de niños han nacido en Yemen desde que la violencia se adueñó del país en 2015. Niños que solo han conocido la guerra y las privaciones, que crecen, resistiendo pese a todo, sin atención médica, con escasez de agua y alimentos, amenazados por la desnutrición, el cólera y los bombardeos.

Ruba es una de esas niñas. Nació con bajo peso y ha sufrido varios episodios de desnutrición aguda severa en sus primeros 1,000 días de vida. Su padre, Masnour, apenas consigue ingresos y ha tenido que endeudarse para pagar su tratamiento. "No hay nada peor que ser padre de una niña enferma, especialmente durante la guerra", afirma con tristeza.

Desafortunadamente, historias como la de Ruba en Yemen se repiten en otros países. Siria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Irak, Nigeria o Bangladesh son lugares donde los conflictos se prolongan, arrasando millones de infancias.

Así se refleja en el informe de Acción Humanitaria para la Infancia 2018, que acabamos de presentar en UNICEF en un esfuerzo incansable por atraer atención y recursos hacia niñas y niños como Ruba, a quienes les tocó nacer y crecer en los entornos más hostiles del planeta.

Este llamamiento, realizado a partir de un análisis de situación país por país, recoge la previsión de necesidades de la infancia en todo tipo de emergencias, incluyendo conflictos armados, desastres naturales o crisis sanitarias y nutricionales. Llama la atención que, de los 3,600 millones de dólares (2.920 millones de euros) solicitados para atender a 48 millones de niños en 51 países, un 84% se necesitan para crisis motivadas por conflictos. Conflictos que acarrean el colapso de los servicios públicos, aumentan la dificultad de conseguir alimentos y disparan sus precios e incrementan drásticamente los niveles de pobreza.

En Yemen, Sudán del Sur, Bangladesh o Siria, miles de niños están indefensos ante el cólera, la desnutrición, la difteria o el frío del invierno, más letales que las propias bombas, y consecuencia directa de las guerras que destruyen escuelas, hospitales, redes de abastecimiento de agua, y que expulsan a millones de familias de sus hogares privándoles de sus medios de vida y dejándoles a merced de la ayuda internacional.

Las cifras son abrumadoras: en República Democrática del Congo, más de 2 millones de niños sufren desnutrición aguda grave. En Sudán del Sur más de 4 millones de niños se enfrentan al riesgo de hambruna, enfermedades o de ser reclutados por grupos armados. Ir a la escuela es un sueño para la mayoría. Los niños rohingya, tras haber escapado de forma traumática de los ataques en Myanmar, han sufrido brotes de sarampión y difteria que, afortunadamente, parecen estar controlados. En Yemen 16 millones de personas no tienen acceso a agua, y los casos sospechosos de cólera no dejan de aumentar. La crisis siria, a punto de entrar en su octavo año, ha generado más de 6 millones de desplazados internos y más de 5 millones (incluidos 2,5 millones de niños) de refugiados en otros países.

Ante este panorama no cabe mirar hacia otro lado. Tenemos la obligación de proteger y ofrecer oportunidades a estos niños. Es fundamental redoblar los esfuerzos para impulsar procesos de paz, seguir reclamando que se respete el Derecho Internacional Humanitario, que se permita el acceso de ayuda humanitaria allí donde se necesite, se proteja incondicionalmente a los niños, y cesen los ataques contra escuelas y centros de salud. Y, por supuesto, hemos de seguir ofreciendo una respuesta inmediata a los millones de niños afectados por emergencias en todo el mundo.

A menudo, durante este recorrido por las vidas de los niños en emergencias, y junto con el dolor, el coraje y las ganas de cambiar las cosas, surge una sensación incómoda de que nada cambia, o incluso de que la situación va a peor. Hace unas semanas hablábamos con Gianluca Buono, Jefe de Emergencias de UNICEF en Siria, y le trasladábamos esta pregunta: "¿Qué es lo que te motiva, qué te da fuerza para seguir día tras día, año tras año?" Su respuesta, tan sencilla como incuestionable: "Sé que estamos salvando la vida de muchos niños".

Por eso, porque podemos salvar la vida de muchos niños, protegerles de las enfermedades, el hambre, las agresiones, ofrecerles una educación y un futuro, hemos de seguir. Para ello seguimos contando con el inestimable apoyo de la sociedad española. Contamos con vosotros.



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