Vuelta al Mundo

Un sacrificio que alivia a Europa 

2018-02-08

Sería deseable que este ejercicio de madurez política y responsabilidad institucional...

HAYOUNG JEON / EFE

Aunque aún no es definitivo, en la medida en que los más de 460,000 militantes del SPD tienen la última palabra en una consulta interna, el acuerdo entre conservadores y socialdemócratas rubrica el fin del bloqueo que Alemania arrastra desde hace cuatro meses. También supone un espaldarazo a la estabilidad política en la primera economía del euro, lo que permite afianzar la credibilidad de la Unión Europea justo cuando el proyecto comunitario recibe los embates de fuerzas tóxicas de carácter nacionalpopulista. Sería deseable que este ejercicio de madurez política y responsabilidad institucional se trasladara al resto de la UE. Incluida España, donde la cultura del pacto está lejos de arraigar.

Tras durísimas negociaciones, Angela Merkel y Martin Schulz confirmaron ayer la disposición de la CDU y el SPD para ahormar una nueva gran coalición. La primera consolidó a Alemania como motor de la UE, aunque generó una división entre las filas socialdemócratas que ahora ha vuelto a reproducirse ante la reedición de la alianza con los conservadores, incumpliendo así la promesa de Schulz. Ahora bien, los socialdemócratas alemanes han sabido convertir su no es no en una demostración de pragmatismo. Hasta la propia canciller admitió que ha contraído "compromisos dolorosos".

La CSU, los socios bávaros de Merkel, controlarán la cartera de Interior, cuyo responsable será Horst Seehofer, que ha hecho bandera del cierre de fronteras y del control de la inmigración. Pero el verdadero triunfador de las negociaciones es el SPD, que gestionará seis de los 14 ministerios, incluidos algunos de peso como el de Finanzas -el alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz, relevará a Wolfgang Schäuble, guardián de la austeridad-, además de Trabajo y Exteriores. De éste último será titular el propio Schulz, pese a que se había comprometido públicamente a no formar jamás parte de un Ejecutivo dirigido por Merkel. Este giro le ha obligado a renunciar al liderazgo del Partido Socialdemócrata.

El reparto de carteras es el resultado de la debilidad de Merkel tras sufrir un retroceso electoral que, en buena medida, se debió a su política migratoria. Una vez que la incompatibilidad ideológica entre liberales y verdes hizo imposible un tripartito, la líder de la CDU priorizó el diálogo con su adversario tradicional. El acuerdo final ratifica la limitación de acogida de refugiados, pero también contempla un potente paquete de inversiones sociales.

La gran coalición no sólo facilita una salida al puzle que depararon las urnas del 24 de septiembre; también ofrece una buena base para relanzar la agenda europea, que estaba pendiente del desbloqueo en Berlín para encarar asuntos medulares como la unión bancaria, la armonización del derecho de asilo y los presupuestos. Merkel ha vuelto a ofrecer un ejemplo de liderazgo y altura de miras. Alemania gana. Europa, también.



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